miércoles, 14 de mayo de 2008
HOY MIÉRCOLES 14 DE MAYO GUMERSINDO PEÑA, MARCOS TARRE y RAÚL ARGEMÍ
hoy miércoles a las 19,30
con la presentación de un libro

p.d. El vino de la casa hoy tendrá la compañía de un ron pampero

Hermoso y languido día si no para comprar libros sí para leerlos

SCARFACE: MARCADO DE POR VIDA.
John Layman y Dave Crosland
120 Páginas. Color
Norma Editorial
Las fronteras entre los diferentes medios del negocio del “entertainment” cada vez son mas permeables. Un fenómeno del cine salta al videojuego, a la tele, al comic, a la novela... y posiblemente una década después vuelta asaltar al cine, pero en una versión basada en el último producto de éxito.
En el año 1983 se estreno una película con este título, aunque aquí se rebautizó como “El precio del poder”, que estaba interpretada por Al Pacino y Michelle Pfeifer, dirigida por Brian de Palma y sobre un guión de Oliver Stone.
Esta mezcla de talentos produjo una película brutal (su lanzamiento en DVD en Alemania sufrió el recorte de 22 minutos) que nos contaba la llegada a Miami de uno de los cubanos conocido como “Marielitos” y su ascenso hasta lo mas alto de la mafia. La película esta basada en otra del mismo título de 1832, dirigida por Howard Hawks que, a su vez estaba basada en la vida de Al “Scarface” Capone.
La película se convirtió en un film de culto por su violencia... hasta que el lanzamiento en el año 2006 del videojuego “Scarface: The World is tours”, volvió a ponerla de moda. El vieojuego nos contaba la que sucediña después de fi9nalizar la película, partiendo de la base que Dani Montana no había muerto.
Y a raíz del éxito del videojuego apareció un tebeo que parte del mismo punto, pero que nos lleva por terrenos en los que la parodia irónica se enseñorea de la narración, pero siempre buscando la sonrisa por encima de la carcajada fácil.
Se trata de una mini-serie de 5 números, editada por la muy activa empresa Idea and Design Works.
JuanJo Sarto.
8/5/2008 CRÓNICA DESDE MÉXICO // TONI CANO
El desenfado mexicano y esos celos del charro

El disco de moda.
Mónica apura el paso por la acera sombreada, pero todo le invita a olvidar que tiene turno en la peluquería. Le tientan los aromas y los nombres de los antojitos: gorditas, chalupas, chilaquiles, tlayudas, quesadillas, sopes, molotes, garnachas, huaraches, enchiladas.
Igual que los grupos de gente trajeada que comen en la calle, le sorprenden los árboles gigantescos, los limpiabotas, los vendedores de cestos, plantas, chiles, corbatas, muñequitos, aguacates, frutos secos, o piscinas de plástico.
Todo le asombra, porque acaba de llegar a México. Mónica piensa que, de llevarlo, se quitaría el sombrero ante todos los que andan de un lado al otro con carretillas cargadas de todo tipo de objetos y combaten el bochorno silbando canciones bonitas.
La calle Horacio le muestra a cada paso barrenderos con escobas de paja, jardineros que recortan los setos con formas artísticas, afiladores de cuchillos, reparadores de todo, mimbreros que trenzan asientos de sillas despanzurradas, cuidadores y lavadores de coches, policías y guardias de seguridad armados con metralletas y fusiles.
Los puestos de fritangas con salsas picantes se alternan con los que venden zumos y frutas troceadas -- --mango, papaya, sandía, piña, maracuyá, lichi...-- y los que ofrecen una gran variedad de dulces y frutas confitadas. Los pequeños y humildes autobuses paran en las esquinas en medio de sonidos metálicos y al ritmo de la ranchera o la cumbia que pone el conductor. A Mónica le parecen divertidísimos.
En la peluquería, abierta al trajín incesante de la calle, la recibe el peluquero estrella, José, alto, de piel café, acompañado de otro José, bajito, rechoncho y con mechitas. Ambos, gais y melancólicos. Las empleadas se mueven entre los sillones rojos y el sofá blanco y atienden a elegantes clientas de tez canela, cejas a lo Frida, trajes de firma y tacones altos.
Mientras Mónica espera que le haga efecto el tratamiento hidratante, empieza la función. José, el alto, conecta su portátil y abre la canción Estos celos, que interpreta Vicente Fernández, rey de las rancheras:
(http://www.youtube.com/watch?v=A63E9iVz680&feature=related).
Ay, ay amor... Se arma un verdadero revuelo. Todas, peluqueras, ayudantas, manicuras y distinguidas clientas del barrio residencial de Polanco, todas la cantan al unísono, riendo y divertidísimas: Estos celos me hacen daño, me enloquecen. Mónica se deja llevar, se le eriza la piel.
Cuando el gran charro acaba la canción --Contigo tenía todo y lo perdí--, pasan al cotorreo y se burlan de los desengaños, mientras José aún canta a toda voz con revoloteo de tijeras y cepillos. El otro José, el bajito y rechoncho con mechitas, pulsa enseguida la versión cómica de la pieza y suben los coros y las risas en la peluquería.
Mónica, que se aprenderá después varias canciones de un disco con medio millón de copias vendidas y millones de descargas en móviles, acaba impregnada del ambiente de la pelu y cae rendida ante el desenfado, la espontaneidad, la libertad de estos mexicanos.
Conocer los entresijos y el funcionamiento del mundo policial es un requisito fundamental para abordar de forma creíble la trama de cualquier novela negra, según los escritores y expertos en el género reunidos hoy en el IV Congreso de Novela y Cine Negro de la Universidad de Salamanca.
En este sentido se ha manifestado el ex congresista, profesor y escritor Joaquín Leguina, quien ha destacado que la policía es un elemento "imprescindible" en una narración de estas características.
Leguina ha argumentado que las fuerzas de seguridad son un personaje más de la trama "porque si no, cómo se saca del hilo el ovillo", se ha preguntado.
A este respecto, ha señalado que en su serie, protagonizada por el abogado-detective "Baquedano", pensó que podía resolverlo sin la intervención de la policía, aunque se ha dado cuenta de que tiene que "buscar apoyos policiales para que la novela sea creíble".
Una opinión compartida por el escritor y guionista mexicano Joaquín Guerrero-Casasola, ganador en 2007 del Premio de Novela Negra L'H Confidencial gracias a su obra "Ley Garrote", quien ha subrayado que "la policía, se llame como se llame en los diferentes países, siempre está ahí, tiene que estar".
Los asistentes al congreso han destacado además la vigencia de la Novela Negra, que, pese a ser un género nacido en los años veinte del pasado siglo en Estado Unidos, se ha convertido en universal con destacados escritores en la mayor parte de los países del mundo.
Para Leguina, se trata de "un género muy afincado y con variaciones", al que dijo que no ve final, ya que dentro de él "caben muchas cosas".
El ex diputado socialista ha reconocido que la novela policiaca tiene un peso específico en la literatura española "con autores muy asentados, con su estilo distinto", que realizan aportaciones a este género: "un reflejo amargo de la realidad".
Durante su intervención en el congreso, Leguina ha abordado la novela negra desde la perspectiva de los críticos literario actuales parafraseando "algunas estupideces que dicen muy solemnemente", para continuar analizando la ciudad de Madrid como escenario de sus escritos.
Guerrero-Casasola, que ha desgranado en su intervención los pormenores de este género en Ciudad de México y el "trasfondo casi novelesco" de esta capital, ha señalado también la gran capacidad crítica de este tipo de argumentos.
La jornada de hoy concluirá esta tarde con la intervención de Juan Carlos Delgado "El Pera", ex delincuente y actual asesor de Conducción de la Guardia Civil.
"El Pera", que con ocho años robaba coches en el sur de Madrid, prologará la proyección de la película sobre su vida y andanzas en el mundo de la delincuencia y su posterior rehabilitación.
La jornada del miércoles, 7 de abril, contará con la presencia del profesor de la Universidad de Stanford, Joan Ramon Resina, uno de los más destacados especialistas internacionales del género negro, así como del escritor Lluís Gutiérrez.
El prestigioso estudioso de la Universidad de Michigan José F. Colmeiro, especialista en la obra de Manuel Vázquez Montalbán, intervendrá el jueves, junto al escritor y periodista Antonio Jiménez Barca, ganador del último Premio Silverio Cañada que otorga la Semana Negra de Gijón a la mejor ópera prima por su novela Deudas pendientes.
El Congreso se cerrará la mañana del viernes 9 con la presencia del escritor José Ángel Mañas, autor de exitosas novelas como Historias del Kronen, Mensaka, Ciudad rayada o Caso Karen.
E.M.: ¿Fue la revolución fallida del 68 la motivación o la razón que te decidió a escribir novela negra ?
F. F: No, no directamente. Siempre escribí y antes escribí novelas no negras. Yo era un gran lector, sobre todo de los americanos: Goodis y Chandler, McCoy. No se me había ocurrido escribir una novela negra, pero los editores, aunque les gustaba mi estilo, que era innovador en aquella época, rechazaban mis libros con críticas como: “pero esa manera de hablar de los parados...” o “ha pasado de un registro de tristeza a un registro de alegría demasiado bruscamente”; yo les decía que lo hacía adrede, que para mí las rupturas de tono son muy importantes, que se puede querer a alguien y reír en su entierro. Y la novela negra, lo comprendí un buen día, era un género que no estaba codificado, ni tan siquiera había sección de crítica literaria en los periódicos franceses: era la libertad total. Y sin darme mucha cuenta —porque antes que yo sólo estaba Manchette, pero Manchette había adoptado una posición de rechazo al 68 y al izquierdismo (no nos entendíamos bien con Manchette), y también Vautrin, pero era un poco socialdemócrata— yo fui el primero, implicado en el 68 y procedente de organización de izquierdas, el primero al que publicaban con esa doble etiqueta de mayo del 68 e izquierdista. Cinco años después ya había más. En las primeras críticas de mis novelas se decían cosas como: “Irrupción de mayo del 68”. No fui consciente porque me divertí mucho escribiendo Tueurs de flics, por ejemplo, pero sentamos unas bases del género que duraron 25 años. Yo contribuí a ello y otros siguieron después. Creamos, codificamos sin ser muy conscientes de lo que hacíamos. El polar, que era muy reaccionario, muy de extrema derecha, cambió con Manchette, con Vautrin, conmigo, dio una vuelta de tuerca ideológica. Y ahora casi se ha pasado. Vale, todos están contra Le Pen, pero creo que no basta con estar contra Le Pen.
E.M.: ¿Qué hiciste en mayo del 68 ?
F. F: No estaba organizado, aunque ya era un poco maoísta y participaba en los Comités Vietnam de base, pero desde el 3 de mayo, hice de todo con otros compañeros al margen de las organizaciones. Salíamos todas las tardes a la calle y las peleas con la poli eran constantes. También había un comité de acción, pegábamos carteles, repartíamos panfletos, hablábamos con la gente de nuestras ideas, etc. Pero físicamente — era como una droga— todas las tardes teníamos enfrentamientos con la policía. Pensábamos que mientras duraran las revueltas no se atreverían a desalojar la Sorbona, el teatro del Odeón, todo lo que habíamos ocupado. Pensábamos: «son violentos, así que cuando decidan sacarnos de aquí va a ser una masacre ». Por eso había que mantener la correlación de fuerzas: el problema es que a veces no éramos más que 400 ó 500 peleando en las calles de París, y prácticamente todos jóvenes obreros; había gente que yo conocía, uno o dos estudiantes, pero la mayoría eran obreros jóvenes. Mayo del 68 duró porque había una correlación de fuerzas, un clima de insurrección que mantuvo la tensión en París, pero no eran izquierdistas o intelectuales, eran obreros jóvenes a los que incluso llamaban gamberros. Un ministro dijo que éramos como ratas.
E.M.: ¿Qué queda según tú de mayo del 68 ?
F. F: Yo, algunos individuos, mujeres y hombres, y también un mito. Desgraciadamente, mayo del 68 se fue al traste por culpa de los especuladores, de los traidores, de todos los que se pasaron a la socialdemocracia, que hicieron carrera en el periodismo o en otras profesiones. Somos muy pocos los que conservamos el alma de la época en literatura, pero hay muchos más entre los profes, los trabajadores sociales, gente que no está en primera línea. Las élites no son representativas de lo que es esa auténtica corriente, que es un poco de extrema izquierda, y de la gente que trató de cambiar el mundo. Esa gente está mucho más representada en la sociedad francesa que en los medios de comunicación. Lo pagamos caro porque devolvemos a los traidores una imagen muy negativa de ellos y demostramos que había una alternativa, que no era inevitable colaborar con el sistema, que podías ser escritor, incluso reconocido tener lectores y mantener tus ideas. En algunos sitios hay que pagar por haber sido consecuente.