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From: José Luis Muñoz
To: NegrayCriminal
Sent: Wednesday, September 07, 2005 1:41 AM
Subject: MANUEL VAZQUEZ MONTALBÁN EN LA AUSENCIA
La primera vez que vi a Manolo fue en plan muy profesional. Yo colaboraba, por entonces, para la revista Playboy que me encargó que le entrevistara. Estuvo correcto y lúcido, Me recibió en el estudio de su casa de Vallvidrera y me llamó la atención un busto de Franco, el enemigo, vecino a uno de Lenín. Confesó que lo tenía para inspirarse y meterse en la piel del Caudillo para su AUTOBIOGRAFIA DEL GENERAL FRANCO. Durante la entrevista deslizó, con la socorranería gallega que le caracterizaba, la idea nada descabellada de que el mundo estaba regido por Spectra. El tiempo le ha dado la razón..
La segunda vez que vi a Manolo fue con motivo de pedirle que me prologara mi libro de relatos LA LANZADORA DE CUCHILLOS. Se acordó de mí, de que ya había publicado en Etiqueta Negra dos novelas, y aceptó encantado. A los dos días tenía su magnífico prólogo en mis manos.
La tercera vez coincidimos en una de las manifestaciones contra la Primera Guerra del Golfo. No éramos muchos en el Paseo de Gracia. Él iba en la cabecera de la manifestación, sosteniendo la pancarta, y me acerqué a saludarlo.
La cuarta vez coincidimos en una Feria del Libro de Castellón. Él firmaba la que, para mi, sigue siendo su mejor novela, GALINDEZ, y yo PUBIS DE VELLO ROJO. Intercambiamos libros y dedicatorias y fuimos a cenar con los reponsables del ayuntamiento a una escuela de hosteleria. La comida fue exquisita y Manolo hizo gala de sus dotes de gran gourmet pidiendo el vino adecuado para la ocasión: un Vega Sicilia.
Una entrevista para LEER fue la excusa para nuestro quinto encuentro. Con años de antelación me anticipó la forma de cerrar su ciclo Carvalho con MILENIO. Pero me dijo algo que resultó premonitorio: que el tráfico de personas, como en siglos atrás había sido el de esclavos, se convertiría en el negocio lucrativo del futuro y cambiaría para siempre la faz de Europa, el color de su piel.
La última vez fue en la librería Negra y Criminal, meses antes de su muerte, a la que había asistido para presentar una novela de Antonio Lozano. Estuvimos hablando largo y tendido sobre proyectos futuros, mientras Paco Camarasa llenaba de vino nuestros vasos, sin saber que era nuestro último encuentro.
Nos quedan sus libros, su generosidad y su compromiso social. Manolo era un hombre de una sola pieza que prestigió el género policíaco y nos dejó un puñado de novelas memorables y un ramillete de lúcidos artículos de entre los que recuerdo en especial uno dedicado a los cocineros del Pais Vasco y su inhibición ante el asesinato de un colega a manos de la banda ETA.