martes, 18 de octubre de 2005
Anecdotas y evocaciones de MVM/ Georges Tyras
Mi itinerario Manolo : veinte años de amistad
Me pesa mucho no haber tomado nunca nota de los momentos siempre gratos que he podido pasar con Manuel Vázquez Montalbán desde que le conocí. Ahora sólo me quedan recuerdos y fragmentos de olvido. Pero felizmente, "no es el recuerdo de él lo que queda, sino él mismo"…
Me gustaría poder evocar nuestro primer encuentro, en el verano de 1984, después de la lectura de Los mares del Sur que me convenció cambiar de especialidad académica. Leí la novela y la terminé presa de la necesidad de encontrar al escritor que había sido capaz de escribir esto. Él aceptó con sencillez la cita. Yo entonces era medievalista y el choque intelectual fue tal que emprendí la redacción de una segunda tesis doctoral para que mi cátedra fuera de narrativa contemporánea. Tengo un ejemplar de la primera edición de Cuarteto con dedicatoria de su mano, trazada en julio del 88 con esa letra tan acerada que tenía : "A Georges Tyras, entre Alfonso X el Sabio y Pepe Carvalho". Cuando defendí mi tesis doctoral, él quería estar presente, y fijamos la fecha en función de su disponibilidad : un sábado por la mañana de enero del 92. Es decir uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido, con nevadas abundantes en los Pirineos. Me llamó una primera vez el viernes para decirme que los vuelos estaban anulados, y que tomaba un tren; una segunda vez para decirme que el tráfico ferroviario estaba cortado entre Francia y España y que tomaba su propio coche; y una tercera vez ya desde los Pirineos para decirme que no había manera de salvar la frontera aquella noche.
A partir de entonces, no he dejado nunca de trabajar sobre su obra, y tengo publicados algunos libros y una veintena de artículos, sin contar varias traducciones de sus libros. Pretexto muchas veces para darme una vuelta por Barcelona y saludarle. Siempre encontraba un momento para recibirme y muy contadas eran las veces en que no me invitaba a comer o a cenar. Gracias a él, he podido conocer varios lugares de la mitología carvalhiana, el Boadas, el Egipto, la Odisea, el Quo Vadis y algunos otros cuyo nombre no quiero acordarme. En primer lugar evidentemente el Casa Leopoldo, en el que cenamos por ejemplo con el director de teatro Ariel García Valdés, con motivo de la traducción al catalán y escenificación de El viatje, obra adaptada de El Pianista y estrenada primero en el CDNA, Centro Dramático Nacional de los Alpes, en Grenoble, en octubre del 89, con el título de Le voyage ou les cadavres exquis. No recuerdo lo que comimos pero si que dimos buena cuenta de la botella de vino de Oporto que el dueño trajo para acompañar el tortell que nos sirvieron de postre !
Estos encuentros eran ocasiones de charlas largas y tendidas sobre temas de política, de literatura, de crítica. Amen de una capacidad analítica y crítica reconocida, él tenía un evidente talento pedagógico, o, lo que viene a ser lo mismo, un impresionante poder de convicción. Recuerdo que con motivo de la 2da edición de la Semana Negra de Gijón, monté un encuentro entre él y el papa del neo-polar francés, Jean-Patrick Manchette, en el que casi consigue convencer a Manchette de no renunciar a la validez política del género negro. Este encuentro ha dejado una huella rara, en forma de una entrevista cruzada publicada en El Urogallo, n° 32, en diciembre de 1988 bajo el título de “Honorables correspondencias”.
He de confesar que si los artículos que he podido publicar tienen algún interés, se lo deben ante todo a él. Y tanto interés tenían para mí estos encuentros y estas charlas que decidí realizar un libro de conversaciones literarias sobre su obra, para el cual empecé a trabajar ya en el 96. Nos vimos mucho entonces, en Barcelona, y también en Madrid, con motivo de las festividades organizadas por la editorial Planeta para celebrar los 25 años de Pepe Carvalho. Nos volvimos a ver mucho para elaborar la versión española de este libro, actualizada y ampliada con respecto a las dos ediciones francesas; espero que nuestras Geometrías de la memoria queden como testimonio de nuestra amistad y del cariño y el respeto que le tenía.
También tuve varias oportunidades de ver a Manolo en Francia, porque él recibía muchas invitaciones y se me pedía a menudo que le acompañara, para moderar una mesa o hacer de intérprete, cosa que él no necesitaba porque hablaba un francés muy suelto. La Universidad Stendhal, en la que tengo mi cátedra de literatura española contemporánea, le recibió varias veces para conferencias o congresos. Me consta que Manolo tenía muy buen recuerdo de un encuentro internacional que organicé en 2001, dedicado a su obra conjuntamente con la de Leonardo Sciascia y en el que participó con dedicación y fruición. Leyó un espléndido análisis de la obra de Sciascia, e intervino abundantemente en los debates sobre sus respectivas obras, con la lucidez crítica y la generosidad que siempre le ha caracterizado. Este encuentro dio lugar a un volumen titulado Violence politique et écriture de l'élucidation dans le bassin méditerranéen : Sciascia, Montalbán, que desgraciadamente ha quedado inédito en España pero que Manolo apreciaba como uno de los estudios monográficos, con aperturas comparatistas, más pertinentes sobre su obra.
La última ocasión prevista para una visita de Manuel Vázquez Montalbán a Grenoble fue la decisión, votada por unanimidad por el Consejo Científico y el Consejo de Administración de la Universidad Stendhal de nombrarle doctor Honoris Causa, conjuntamente con el cineasta Theo Angelopoulos. La decisión fue tomada en mayo de 2003, y la ceremonia fijada para el mes de enero del 2004. La entonces rectora de la Universidad sólo pudo evocar su memoria, en un ambiente recogido, y yo recibí el cometido de entregarle el diploma a Anna Sallés. Lo hice en enero del año siguiente, en Barcelona, con motivo de la lectura de Antes que el milenio nos separe, realizada como homenaje a Manolo en el marco del Primer Encuentro Europeo de Novela Negra que tuvo lugar. Me gustaría que en adelante no se olvide que Manolo es doctor Honoris Causa de una de las universidades de Francia más afamada en el campo de las humanidades.
Entre las muchas anécdotas que me vienen a la mente como muestra de la inagotable generosidad de Manolo está la de un viaje a Roanne, y de la sorpresa que nos departió. Creo que fue en 1997, a raíz de la publicación de nuestro libro de conversación. Me llegó una invitación a transmitir desde un Festival de las Artes de la Mesa en Roanne, ciudad donde está instalado uno de los mejores restaurantes de Francia, el de los hermanos Troisgros. Manolo dijo que sí, seducido por la perspectiva gastronómica. Le esperé en el aeropuerto de Lyon, con el editor de nuestro libro, quien nos llevó en coche hasta la ciudad, ubicada en el Alto Loira, cerca de Saint-Etienne. Teníamos sendas habitaciones reservadas en el establecimiento de Troisgros y las cosas se presentaban bajo los mejores auspicios. A fin de tarde, vinieron a buscarnos para pasear por la ciudad y visitar la mediateca. En el primer escaparate que presentaba obras de Manolo, dimos con una edición desconocida de la versión francesa de las Recetas inmorales, que yo había traducido como diez años antes para un editor pequeño y de trato encantador. El libro había funcionado, pero tampoco arrasado, y he aquí que existía una edición pirata, del 93, totalemente diferente pero evidentemente del mismo editor. Quien por supuesto nunca me dio ninguna redición de cuentas escrita, práctica por lo visto corriente en el mundo editorial. "Ya ves, me dijo Manolo, si quieres ganar dinero, más vale trabajar con grandes editores. Claro que es más agradable con pequeños editores, pero mucho menos rentable. A ver si compensa la cena de esta noche…"
No compensó, porque no cenamos en Troisgros, sino en otro restaurante de la ciudad, bastante regular, donde estaban reunidos unos treinta comensales aficionados más a la comida que a la literatura, miembros si lo entendí bien, de una asociación de gourmets o de fumadores de puro. La noche fue larga, incluyendo, eso sí, una visita comentada de la bodega de Troisgros y una degustación de muy añejos whiskies de malta. Al día siguiente, nos reunimos Manolo y yo delante de un desayuno tipo mil y una noches. Entre el whisky y el desayuno, compensó…
Georges Tyras
Grenoble, octubre 05
Me pesa mucho no haber tomado nunca nota de los momentos siempre gratos que he podido pasar con Manuel Vázquez Montalbán desde que le conocí. Ahora sólo me quedan recuerdos y fragmentos de olvido. Pero felizmente, "no es el recuerdo de él lo que queda, sino él mismo"…
Me gustaría poder evocar nuestro primer encuentro, en el verano de 1984, después de la lectura de Los mares del Sur que me convenció cambiar de especialidad académica. Leí la novela y la terminé presa de la necesidad de encontrar al escritor que había sido capaz de escribir esto. Él aceptó con sencillez la cita. Yo entonces era medievalista y el choque intelectual fue tal que emprendí la redacción de una segunda tesis doctoral para que mi cátedra fuera de narrativa contemporánea. Tengo un ejemplar de la primera edición de Cuarteto con dedicatoria de su mano, trazada en julio del 88 con esa letra tan acerada que tenía : "A Georges Tyras, entre Alfonso X el Sabio y Pepe Carvalho". Cuando defendí mi tesis doctoral, él quería estar presente, y fijamos la fecha en función de su disponibilidad : un sábado por la mañana de enero del 92. Es decir uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido, con nevadas abundantes en los Pirineos. Me llamó una primera vez el viernes para decirme que los vuelos estaban anulados, y que tomaba un tren; una segunda vez para decirme que el tráfico ferroviario estaba cortado entre Francia y España y que tomaba su propio coche; y una tercera vez ya desde los Pirineos para decirme que no había manera de salvar la frontera aquella noche.
A partir de entonces, no he dejado nunca de trabajar sobre su obra, y tengo publicados algunos libros y una veintena de artículos, sin contar varias traducciones de sus libros. Pretexto muchas veces para darme una vuelta por Barcelona y saludarle. Siempre encontraba un momento para recibirme y muy contadas eran las veces en que no me invitaba a comer o a cenar. Gracias a él, he podido conocer varios lugares de la mitología carvalhiana, el Boadas, el Egipto, la Odisea, el Quo Vadis y algunos otros cuyo nombre no quiero acordarme. En primer lugar evidentemente el Casa Leopoldo, en el que cenamos por ejemplo con el director de teatro Ariel García Valdés, con motivo de la traducción al catalán y escenificación de El viatje, obra adaptada de El Pianista y estrenada primero en el CDNA, Centro Dramático Nacional de los Alpes, en Grenoble, en octubre del 89, con el título de Le voyage ou les cadavres exquis. No recuerdo lo que comimos pero si que dimos buena cuenta de la botella de vino de Oporto que el dueño trajo para acompañar el tortell que nos sirvieron de postre !
Estos encuentros eran ocasiones de charlas largas y tendidas sobre temas de política, de literatura, de crítica. Amen de una capacidad analítica y crítica reconocida, él tenía un evidente talento pedagógico, o, lo que viene a ser lo mismo, un impresionante poder de convicción. Recuerdo que con motivo de la 2da edición de la Semana Negra de Gijón, monté un encuentro entre él y el papa del neo-polar francés, Jean-Patrick Manchette, en el que casi consigue convencer a Manchette de no renunciar a la validez política del género negro. Este encuentro ha dejado una huella rara, en forma de una entrevista cruzada publicada en El Urogallo, n° 32, en diciembre de 1988 bajo el título de “Honorables correspondencias”.
He de confesar que si los artículos que he podido publicar tienen algún interés, se lo deben ante todo a él. Y tanto interés tenían para mí estos encuentros y estas charlas que decidí realizar un libro de conversaciones literarias sobre su obra, para el cual empecé a trabajar ya en el 96. Nos vimos mucho entonces, en Barcelona, y también en Madrid, con motivo de las festividades organizadas por la editorial Planeta para celebrar los 25 años de Pepe Carvalho. Nos volvimos a ver mucho para elaborar la versión española de este libro, actualizada y ampliada con respecto a las dos ediciones francesas; espero que nuestras Geometrías de la memoria queden como testimonio de nuestra amistad y del cariño y el respeto que le tenía.
También tuve varias oportunidades de ver a Manolo en Francia, porque él recibía muchas invitaciones y se me pedía a menudo que le acompañara, para moderar una mesa o hacer de intérprete, cosa que él no necesitaba porque hablaba un francés muy suelto. La Universidad Stendhal, en la que tengo mi cátedra de literatura española contemporánea, le recibió varias veces para conferencias o congresos. Me consta que Manolo tenía muy buen recuerdo de un encuentro internacional que organicé en 2001, dedicado a su obra conjuntamente con la de Leonardo Sciascia y en el que participó con dedicación y fruición. Leyó un espléndido análisis de la obra de Sciascia, e intervino abundantemente en los debates sobre sus respectivas obras, con la lucidez crítica y la generosidad que siempre le ha caracterizado. Este encuentro dio lugar a un volumen titulado Violence politique et écriture de l'élucidation dans le bassin méditerranéen : Sciascia, Montalbán, que desgraciadamente ha quedado inédito en España pero que Manolo apreciaba como uno de los estudios monográficos, con aperturas comparatistas, más pertinentes sobre su obra.
La última ocasión prevista para una visita de Manuel Vázquez Montalbán a Grenoble fue la decisión, votada por unanimidad por el Consejo Científico y el Consejo de Administración de la Universidad Stendhal de nombrarle doctor Honoris Causa, conjuntamente con el cineasta Theo Angelopoulos. La decisión fue tomada en mayo de 2003, y la ceremonia fijada para el mes de enero del 2004. La entonces rectora de la Universidad sólo pudo evocar su memoria, en un ambiente recogido, y yo recibí el cometido de entregarle el diploma a Anna Sallés. Lo hice en enero del año siguiente, en Barcelona, con motivo de la lectura de Antes que el milenio nos separe, realizada como homenaje a Manolo en el marco del Primer Encuentro Europeo de Novela Negra que tuvo lugar. Me gustaría que en adelante no se olvide que Manolo es doctor Honoris Causa de una de las universidades de Francia más afamada en el campo de las humanidades.
Entre las muchas anécdotas que me vienen a la mente como muestra de la inagotable generosidad de Manolo está la de un viaje a Roanne, y de la sorpresa que nos departió. Creo que fue en 1997, a raíz de la publicación de nuestro libro de conversación. Me llegó una invitación a transmitir desde un Festival de las Artes de la Mesa en Roanne, ciudad donde está instalado uno de los mejores restaurantes de Francia, el de los hermanos Troisgros. Manolo dijo que sí, seducido por la perspectiva gastronómica. Le esperé en el aeropuerto de Lyon, con el editor de nuestro libro, quien nos llevó en coche hasta la ciudad, ubicada en el Alto Loira, cerca de Saint-Etienne. Teníamos sendas habitaciones reservadas en el establecimiento de Troisgros y las cosas se presentaban bajo los mejores auspicios. A fin de tarde, vinieron a buscarnos para pasear por la ciudad y visitar la mediateca. En el primer escaparate que presentaba obras de Manolo, dimos con una edición desconocida de la versión francesa de las Recetas inmorales, que yo había traducido como diez años antes para un editor pequeño y de trato encantador. El libro había funcionado, pero tampoco arrasado, y he aquí que existía una edición pirata, del 93, totalemente diferente pero evidentemente del mismo editor. Quien por supuesto nunca me dio ninguna redición de cuentas escrita, práctica por lo visto corriente en el mundo editorial. "Ya ves, me dijo Manolo, si quieres ganar dinero, más vale trabajar con grandes editores. Claro que es más agradable con pequeños editores, pero mucho menos rentable. A ver si compensa la cena de esta noche…"
No compensó, porque no cenamos en Troisgros, sino en otro restaurante de la ciudad, bastante regular, donde estaban reunidos unos treinta comensales aficionados más a la comida que a la literatura, miembros si lo entendí bien, de una asociación de gourmets o de fumadores de puro. La noche fue larga, incluyendo, eso sí, una visita comentada de la bodega de Troisgros y una degustación de muy añejos whiskies de malta. Al día siguiente, nos reunimos Manolo y yo delante de un desayuno tipo mil y una noches. Entre el whisky y el desayuno, compensó…
Georges Tyras
Grenoble, octubre 05

