martes, 18 de octubre de 2005
Anecdotas y evocaciones de MVM/ Miriam German
Original Message -----
From: "Miriam German"
To:
Sent: Saturday, September 17, 2005 3:04 AM
Paco, Saludos Negros y Criminales,
a Vazquez Montalbán lo conocí en casa de José israel Cuello un editor al que por años le hablé de él. Era la época de > Galíndez.
Manolo y lo que escribía fuera novela, poesía o ensayo, me solía llegar a
un lugar donde supongo que reside el alma.
Prefiero no conocer a los escritores que me gustan, he tenido experiencias
lamentables en los que me he preguntado, en qué parte de este sujeto
estará escondido el magnífico escritor?.
Con Manolo no fue así, disfruté de su conversación, me estremeció esa
especie de timidez socarrona muy suya y lo asombroso de que una erudición
como la suya coincidiera con una sboluta ausencia de arrogancia.
Nos reímos sobre todo de un sujeto acartonado y cursi que por entonces era
Embajador de España en Santo Domingo.
Teníamos en común a Sciascia, Durrenmatt, Buffalino y otros gustos.
Tengo treinta años como jueza, a veces me toca ver lo peor de nosotros y
Manolo, aunque muerto, todavía me ayuda a vivir, a entender lo que de
relativo tiene estar entre los perdedores.
El recuerdo de Manolo es para mí "piel y latido, sombra encendida que me dice que no hay olvido".
Se despide
Miriam Germán B.
From: "Miriam German"
To:
Sent: Saturday, September 17, 2005 3:04 AM
Paco, Saludos Negros y Criminales,
a Vazquez Montalbán lo conocí en casa de José israel Cuello un editor al que por años le hablé de él. Era la época de > Galíndez.
Manolo y lo que escribía fuera novela, poesía o ensayo, me solía llegar a
un lugar donde supongo que reside el alma.
Prefiero no conocer a los escritores que me gustan, he tenido experiencias
lamentables en los que me he preguntado, en qué parte de este sujeto
estará escondido el magnífico escritor?.
Con Manolo no fue así, disfruté de su conversación, me estremeció esa
especie de timidez socarrona muy suya y lo asombroso de que una erudición
como la suya coincidiera con una sboluta ausencia de arrogancia.
Nos reímos sobre todo de un sujeto acartonado y cursi que por entonces era
Embajador de España en Santo Domingo.
Teníamos en común a Sciascia, Durrenmatt, Buffalino y otros gustos.
Tengo treinta años como jueza, a veces me toca ver lo peor de nosotros y
Manolo, aunque muerto, todavía me ayuda a vivir, a entender lo que de
relativo tiene estar entre los perdedores.
El recuerdo de Manolo es para mí "piel y latido, sombra encendida que me dice que no hay olvido".
Se despide
Miriam Germán B.

