El blog de Negra y Criminal

martes, 18 de octubre de 2005

Anecdotas y evocaciones de MVM/ Mariano Sánchez Soler

La última vez que estuve con Vázquez Montalbán, hace seis meses, pude decirle, delante de trescientas personas, lo que él significaba para un escritor, periodista y ciudadano de izquierdas como yo. En aquella ocasión, Manolo daba una charla en el Aula de Cultura de Alacant y a mí me habían encargado la presentación. Por decir la verdad; por hablar del poeta, del militante, del narrador y del periodista, Manolo respondió que le había tratado tan bien con mis palabras que volvería en cuanto le llamaran. No ha podido ser. Y a mí, al menos, me queda la satisfacción de haberle rendido en directo –y sin saberlo- mi sincero homenaje personal.
Manolo fue para mí un maestro generoso, lleno de ironía y compromiso. Al final de la conferencia en la que recorrió toda su obra literaria, un señor del público tomó el micrófono y preguntó: “¿Le ha sido muy difícil escribir El embrujo de Shangai?”. Manolo le escucho pacientemente y respondió con voz seria: “Absolutamente nada, porque esa novela la escribió Juan Marsé”. Inasequible al desaliento, el mismo asistente a la conferencia hizo otra pregunta: “¿Y Rabo de Lagartija?”. Sin inmutarse, Manolo respondió: “Esta tampoco me costó demasiado, porque también la escribió Juan Marsé”. Estaba acostumbrado a escenas parecidas y las vivía de manera estoica. No en vano una señora, durante una firma de libros en El Corte Inglés, le había confundido con el franquista Fernando Vizcaíno Casas (que ya es confundir). Esta imagen de Manolo es la que más me gusta, y así lo recuerdo. Hoy, como escribió Pavese (que tanto le gustaba), me estremece sentir la mañana como si ninguno de nosotros estuviera despierto. Qué orfandad. A pesar de la muerte, venceremos.

MARIANO SÁNCHEZ SOLER. Escrito el día de su muerte

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  • Fecha: miércoles, 21 de diciembre de 2005
  •  | 
  • Hora: 13:27

Autor: Invitado

No me alagro de que la haya palmado, y a diferencia de él, que brindó con champam la muerte de Franco, yo noovoy ni a molestarme en recordarle. Andreu Nin