martes, 18 de octubre de 2005
Publicado por negraycriminal @ 7:30
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From: lluis bonet mojica
To: info@negraycriminal.com
Cc: LLUIS BONET
Sent: Sunday, October 16, 2005 10:12 PM
Subject: ANECDOTES MANOLO



“AQUEST NOI ÉS FICA EN POLÍTICA”

Manolo cursó las carreras de Periodismo y Filosofía y Letras con mi hermano, Laureano Bonet, autor, entre otros libros, del esrudio y antología de la revista “Laye”. Les recuerdo a ambos estudiando y conversando místicamente en la casa donde nací, Comte de Borrell, 58, al lado del mercado de Sant Antoni y frente a unos almacenes denominados La Esperanza, y no es que hubiera mucha en aquellos años. Ambos iban con pantalones de golf, como entonces se llamaban, prenda de la que yo me libré porque era ocho años más joven que ellos y cayó en desuso. Yo era un crío que iba con pantalones cortos. Recuerdo que un día, después de marcharse Manolo, mi madre, un poco inquieta, le dijo a mi hermano: “Laure, ves amb cuidado: em sembla que aquest noi, el Vàsques, és fica en política”. Las mujeres, madres o no, siempre han tenido un sexto sentido…

LA “SOLI”, SEMILLERO DE IZQUIERDOSOS

Por chusco que pueda parecer ahora, “Solidaridad Nacional”, la Soli, que pertenecía a la prensa del Movimiento, acogió a un grupo de izquierdosos licenciados en periodismo como Vázquez Montalbán, el también fallecido crítico teatral Xavier Fàbregas, el escritor Robert Saladrigas y a mi hermano Laureano. Posiblemente era porque los redactores en plantilla de aquel diario del Movimiento tenían muy poco movimiento a la hora de trabajar y teclear en la máquina de escribir.Quien los contrataba era el redactor jefe José Fernando Aguirre, un tipo de facciones valleinclanescas, seguramente un gran cínico en tiempos oprobiosos. Fue Manolo quien me explicó la anécdota de que Aguirre tuvo que dejar la Soli al ser nombrado corresponsal en Oriente Medio de Pyresa, que entonces era la agencia de noticias del Movimiento. Un mes después de que los periódicos del Movimiento hubieran estado publicando sus crónicas desde El Cairo, el director de la Soli paseaba cierto día por el Paral.el cuando vio, sentado en la terraza de un bar, a José Fernando Aguirre, escribiendo a mano. ¡No se había movido de Barcelona y durante un mes les había dado el pego, enviando crónicas desde… El Cairo!

M. V. MONTALBÁN

Un día de 1965, cuando me disponía a cruzar la calle Pelayo para ir a la compañía FECSA de plaza de Catalunya, donde tenía un empleo para toda la vida, decidí que ya no entraba más allí. Durante quince días engañé a mis padres, aparentando que seguía con mi horario de oficina. Manolo, salido de la cárcel de Lleida, vino en mi auxilio. Fue a ver a mi padre, un ser temible, y me ofreció trabajar como secretario de redacción (¡a un jovenzuelo imbécil de 18 años!) en una nueva revista semanal llamada “Siglo 20”. Ocho mil pesetas al mes y colaboraciones a 800 pesetas, cantidad tampoco nada desdeñable entonces. El primer reportaje quer entonces me encargó fue el de una encuesta con jóvenes modelos publicitarias cuya imagen aparecía en anuncios y hasta en algún spot televisivo. Una de ellas, encantadora, me recibió en un puticlub, aunque era el rostro de una marca de ropa. Manolo obró el prodigio de que yo pensara entonces que el periodismo tenía porvenir, aunque sólo fuera por realizar semejantes reportajes. Yo también era, entre otras cosas, el encargado de llevar las galeradas a censura. La tercera o cuarta vez que acudí, recogiendo las galeradas censuradas con lápiz rojo y llevando otras todavía vírgenes, el censor me dijo: “Ah, por cierto, Bonet: dígale a Manolo que ya sabemos que es él. Puede firmar con su nombre completo”. Hasta entonces, sus crónicas de internacional aparecían con la firma “M. V. Montalbán”. Pero, en la mancheta, su nombre como redactor jefe aun tardó varios números en poder aparecer.

HACIENDO CAMINO EN “SIGLO 20”

“Siglo 20” fue una aventura de Paco Camino (“no el torero”, como solía puntualizar Manolo), hermano del cineasta Jaime Camino. El dinero fluía del negocio familiar, en la calle Provença, cerca de Rambla de Catalunya, donde se hallaba la redacción. Eran los almacenes Quillet, cuyo lema “Desde una aguja a un elefante”, le inspirarían un magnífico relato a Manolo. Teníamos una secretaria sueca, Eva Sjoblöm, guapísima y colgadísima de Juan Marsé (“Oh, es como Laurence Olivier, pero en más joven”, me decía). Dominaba todos los idiomas y era encantadora. Flirteó con un editor cuyo nombre obviaré, y Manolo me comentó: “Luis: fulano tiene los dientes superiores un poco separados, y esto, según parece, es muy erótico al besar. Si no vamos al dentista, no tenemos nada que hacer”. Un día a la semana, Manolo llegaba a las cuatro de la tarde, se sentaba ante la máquina de escribir y, en media hora, mecanografiaba los cuatro folios de su crónica de política internacional. Sin apuntes, sin consultar ningún libro. Se lo sabía todo: fechas, nombres, tratados… Bueno, yo sólo debía corregirle el nombre de Dag Hammarskjöld, entonces secretario general de la ONU, previa consulta a su compatriota Eva, la secretaria sueca.

LLUÍS BONET MOJICA
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