Jueves, 17 de noviembre de 2005
Publicado por negraycriminal @ 8:00
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Ayer tarde tuvimos en negraycriminal a Jos? Ovejero para hablarnos de su libro Las vidas ajenas.
Lo present?, su amigo, el escritor Enrique de H?riz.

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Entre el p?blico, los escritores Nacho Faerna y Ra?l Argem?.

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As? de bien le queda a Jos? Ovejero la camiseta Negrocriminal

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Con su permiso, transcribimos un art?culo aparecido ayer en El Peri?dico de Catalunya. Pensamos que desde B?lgica, ciudad en la que reside, es un observador privilegiado de lo que est? pasando estos d?as en aquella parte de Europa.



CIUDADES DE CRISTAL
? Los excluidos de los para?sos urbanos, a los que el Estado abandona, se ven relegados a barrios sin ley



JOS? Ovejero
Escritor

La ciudad est? ardiendo, literalmente. El Ej?rcito hace incursiones en los barrios rebeldes bajo los disparos de j?venes armados. Los ciudadanos de bien viven refugiados en barrios seguros, protegidos por la polic?a y por compa??as privadas de seguridad. La televisi?n les informa puntualmente de los ?ltimos estallidos de violencia, aunque, en realidad, la violencia es cotidiana: enfrentamientos entre bandas; atracos en tiendas y viviendas; violaciones; extorsi?n a comerciantes. Pero la violencia s?lo alcanza los telediarios cuando desaf?a al Estado.
Jack Womack describi? esa situaci?n en su novela Random acts of senseless violence (Actos aleatorios de violencia absurda) a principios de los a?os 90, y 20 a?os antes Doris Lessing, en Memorias de una superviviente, hab?a trazado un panorama igualmente apocal?ptico. Los escritores no solemos ser muy h?biles para describir las crisis del presente, pero siempre hemos tenido buen ojo para el futuro. La ciudad en pie de guerra que nos relata Womack dej? hace tiempo de ser s?lo literatura.
Por supuesto, no es lo mismo Nueva York que Par?s o Londres que Bogot?. Y sin embargo hay coincidencias notables entre nuestras megal?polis. Fij?monos en Nueva York, donde su multimillonario alcalde est? dando un magn?fico ejemplo del camino a seguir: tolerancia cero para con los delincuentes (hasta el extremo de imponer penas de c?rcel a los ciclistas que se suben a las aceras), inversi?n en proyectos de prestigio, favorecer la construcci?n de viviendas de lujo.
Tambi?n en las grandes ciudades europeas, alcaldes y gobiernos parecen pensar que el para?so urbano se consigue financiando museos deslumbrantes, olimpiadas y exposiciones universales, rehabilitando el n?cleo urbano degradado --para lo que hay que expulsar a sus habitantes--, favoreciendo la construcci?n de lujosos edificios y barriendo las calles de delincuentes: "la chusma" que tanto desprecia Sarkozy no tiene cabida en la ciudad ideal.

Y TODO ello requiere adoptar medidas que coartan la libertad de los ciudadanos: florecen las empresas de seguridad, las c?maras de vigilancia nos ven casi hasta en nuestros dormitorios. En la ciudad de cristal, las leyes se vuelven progresivamente m?s represivas; y se van creando nuevos barrios protegidos por barreras y verjas, con seguridad privada, que en EEUU incluso pueden imponer normas de conducta que van m?s all? de la ley: toque de queda para los menores de edad, longitud del c?sped, vestimenta apropiada. Cada vez m?s seguros, cada vez m?s puritanos, cada vez m?s lujosos, los barrios para privilegiados ignoran los problemas del resto de la ciudad.
Este modelo urbano lleva consigo el encarecimiento de la vivienda y del consumo; quien no tiene ingresos suficientes para pertenecer a la ?lite tiene que marcharse a otro barrio. La mayor?a de los inmigrantes y tambi?n de sus hijos nacidos en el pa?s de acogida se ven relegados a territorios degradados, con servicios p?blicos deficientes, en los que el orden del Estado s?lo ingresa en momentos de crisis, con modos de Ej?rcito invasor. Pintadas, basura, solares mugrientos, coches calcinados forman el paisaje urbano para quienes no pueden acceder a restaurantes de dise?o y museos. De vez en cuando hay estallidos de violencia que ayudan a dar salida a la rabia de quienes nunca podr?n triunfar en la sociedad del ?xito. Delincuentes y j?venes frustrados hacen causa com?n.
No hay ya tantas diferencias entre las grandes ciudades europeas y las del Tercer Mundo. All? inmigrantes del campo se hacinan en villas miseria, aqu? inmigrantes del Tercer Mundo lo hacen en ciudades dormitorio. Y ambos modelos degeneran en barrios sin ley, en los que por supuesto no s?lo habitan delincuentes, sino tambi?n familias aterrorizadas a las que el Estado ha abandonado; no se ajustan a la imagen seductora para el turismo y los inversores que la ciudad quiere proyectar. Los inmigrantes puede que a?n est?n agradecidos al pa?s o la ciudad que los acogi?; sus hijos, sin posibilidades de ascenso social, sentir?n mucha m?s humillaci?n que agradecimiento. Frente a ellos, las fortalezas casi inexpugnables de los ricos.

ALGUNOS culpan de los des?rdenes al fundamentalismo isl?mico (coartada para casi todo), pero ?ste s?lo aprovecha el resentimiento social y racial --antiblanco-- y articula una rabia que ya estaba ah?. Que estall? en Los ?ngeles, en Notting Hill, en las favelas de R?o, y que ahora se extiende a diversas ciudades europeas. Es un problema que s?lo puede resolverse invirtiendo en la integraci?n real (educativa, laboral, urban?stica, de servicios) de estos barrios y sus habitantes. Las medidas policiales no sirven a largo plazo. A no ser que queramos convertir el centro de nuestras ciudades en trincheras, y desahuciar a quienes no tienen cabida en ellas. Pero la mentalidad de trinchera s?lo sirve para una cosa: para crear m?s enemigos.


publicado en la p?gina 8 de la edici?n de 11/16/2005 de El Peri?dico -
Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 29 de noviembre de 2007 | 12:10
ciao gente!