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Sent: Tuesday, January 24, 2006 4:42 PM
Subject: La Jornada: Justo Vasco
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> Paco Ignacio Taibo II
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> Justo Vasco
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> El escritor y traductor cubano Justo Vasco falleció ayer a los 62 años en Oviedo, España, víctima de un derrame cerebral. Voz
> destacada del género negro, Vasco escribió la novela El muro y
> firmó junto con Daniel Chavarría, autor uruguayo residente en
> Cuba, las obras Completo CamagÜey, Primero muerto y
> Contracandela.Vasco era el coordinador literario de la Semana
> Negra que se realiza en Gijón. >
> Me siento a la máquina con rabia, porque no sé que otra cosa
> hacer. Porque cuando llueve mierda, cuando te quieren meter a la cárcel por razones políticas, cuando el mundo se oscurece, cuando se mueren los amigos, eso es lo que hago. Escribo. Eso es lo que sé y lo que soy.
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> Y trato de que tecla a tecla se desvanezca este furor, esta rabia que me domina. Y fumo y lloro por la desaparición de mi amigo Justo Vasco, mi compañero, mi camarada, que acaba de fallecer.
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> Hace diez días estábamos en Gijón planeando la próxima Semana
> Negra y Justo estaba particularmente feliz. Se había salvado,
> tras una operación de caballo y perdiendo un riñón, de un tumor
> que estuvo a punto de matarlo en agosto pasado. Me mostraba muy
> orgulloso la cicatriz inmensa y una botella de ron Matusalén que Cristina le había regalado en Reyes y que iba a esconder para que las visitas no se la consumieran. Yo, abstemio, no era de peligro.
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> Era durante una de esas largas charlas nocturnas, de las que
> tuvimos tantas a lo largo de estos años, a las que se sumaba
> Cristina, y en la que discutíamos de literatura y de política, a veces furiosamente, pero siempre como hermanos que se quieren
> mucho y que no van a permitir que diferencias los separen.
> Burlándonos un poco de nuestras furias, fobias y adhesiones
> incondicionales. Ultimamente nos reprimía a Cristina y a mí
> porque fumábamos mucho.
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> Nos repartimos dos inmensas pilas de libros para leer en estos
> próximos cuatro meses, no queríamos por ningún motivo, como se ha hecho siempre, que alguno de los invitados llegara por aquí sin que lo hubiéramos leído, y queríamos leer a otros antes de
> invitarlos. Queríamos leerlo todo. Bromeaba conmigo diciendo que íbamos a necesitar una beca para volvernos lectores
> profesionales.
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> Estaba escribiendo una nueva novela, después de una seca de
> varios años. No me quiso contar nada. Misterio, secreto. Iba
> bastante adelantado.
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> Caminaba como pato por las calles de Gijón, sobre los inmensos
> zapatones, reluciendo la calva. Gijón le gustaba, excepto los
> viernes en la noche, cuando los borrachos aúllaban bajo su
> balcón. Era una ciudad que había adoptado como propia después de muchos años de vivir en Cuba y en la Unión Soviética. ¿Cómo había logrado sobrevivir a las lluvias gijonesas y a la falta de sol después de haber vivido en La Habana? Era un misterio que él
> explicaba contando sus años de estudiante de química en Moscú,
> donde se le helaban las manos al abrir las páginas de los libros.
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> Nos conocimos hace mil años en La Habana, cuando se formó la
> Asociación Internacional de Escritores Policiacos, de la que fue vicepresidente. Decenas de veces me quedé a dormir en el sillón de su casa y compartí huevos fritos con arroz en su mesa.
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> Era (y me duele usar el pasado), es, fue, un traductor excelente; del ruso, del inglés, del italiano. Tenía una extraña facilidad para las lenguas y en pocos días era capaz de adquirir los rudimentos de una nueva. Nos deja traducciones de algunos de los mejores escritores rusos del siglo XX y acababa de producir una traducción brillante de dos de las novelas de los hermanos
> Strugatski, que recientemente se publicaron en España.
>
> Había escrito novelas policiacas mano a mano con Daniel Chavarría (Completo Camagüey, Primero muerto), y luego otras dos en solitario, El Muro y Mirando espero, con la que ganó el premio
> Hammet, su gran novela de picaresca habanera.
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> Vino en los primeros años a la Semana Negra de Gijón como
> invitado y aquí conoció a la traductora y novelista madrileña
> Cristina Macía. Juntos decidieron rehacer sus vidas y escogieron Gijón como sede, para la nueva aventura vital. Fueron reclutados rápidamente para la organización de la Semana Negra. Mientras que Cristina se hacía cargo de la feria del libro y los talleres,
> Justo se responsabilizaba de la coordinación literaria. Durante
> los últimos diez años lo hizo. Y juntos armamos este experimento del que estábamos tan orgullosos.
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> Una vez, cuando discutíamos sobre la necesidad de hacer más corta la lista de invitados, que empezaba a desbordarnos, me dijo algo, que ya me había dicho Angel de la Calle, y que se volvió bíblico en la organización de la Semana Negra: ''A éste hay que invitarlo
> porque le vamos a dar oxígeno para otro par de años". Sabía bien, algo que no en todos los festivales y ferias del libro se sabe, que los escritores son unas personas frágiles, a los que si
> queremos seguir leyendo, tenemos que querer.
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> En la segunda semana de enero nos volvimos a ver en Gijón. Iberia
> perdió mi maleta, nuevamente, y viví gracias a las camisetas y los calcetines que me prestaba y a un chubasquero que alguna vez dejé abandonado en su casa (junto con una pila de libros, para los que me había construido en el cuarto de los invitados un librero
> especial).
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> Fuimos juntos a llevar a su hija Laura al cole. Llovía. Al día
> siguiente salí de su casa rumbo al aeropuerto. Nos abrazamos en
> la puerta. Estábamos tan contentos, éramos endiabladamente
> felices. El había sobrevivido. Yo era como el holandés errante.
> Nos despedimos por un breve tiempo. Recuerdo la manera en que me miraba cuando no quería mostrar emociones, con los ojos acuosos.
>
> La rabia sigue. Por más que me diga que nadie muere del todo si
> otros lo recuerdan, lo leen. Y recuerdo a un hombre bueno, muy de izquierda, que pensaba que el mundo debería ser mejor,
> enciclopédico, ilustrado, racionalista, ateo, beligerante, que
> encendía una radio, una luz o una tele cada vez que entraba a un cuarto, como para vengarse en Gijón de las escaseces eléctricas de La Habana, bromista, generoso.
>
> Recuerdo a mi amigo, que no era, que es.
>
> ¿Verdad, Justo Vasco?
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