martes, 13 de junio de 2006
UNA PIEL DE POLICIA...
"Nada parece distinto en esa sucia y fría noche de invierno: el mismo trabajo, la misma parroquia, idéntica rutina. Luisa friega detrás del mostrador y Manolo Lacruz, encargado del tugurio, recoge restos de cenas, limpia mesas, apiña vasos... Todo igual que siempre hasta que:
«Coño, Lacruz, quién te ha visto y quién te ve.»
Es El Burradas, irrumpe el pasado, ese tiempo en el que Lacruz era miembro de la brigada antiatracos y creía posible una policía mejor...
«El cuerpo me dejó a mí. Y ahora estoy con mal cuerpo. (...)
Yo no quiero salir de este bar de mierda.»
El inopinado visitante trae noticias.
«El otro día, vi a Castán. Como un señor, como un ministro.»
... y la dolorosa mención, y su insólita petición («Necesito una lambea», una pistola), liberan una riada de recuerdos de una España en la que los socialistas recién llegados al poder se concentraban en la limpieza de las Fuerzas Armadas y se olvidaban de la policía, donde los Lacruz convivían con otros que convertían su oficio en un chollo indigno...
«Hace tiempo que Castán trabaja con este julay.
Le cobra deudas de morosos, le hace de escolta, cosas así. Y el tío es generoso.»
... y quebrantaban la legalidad, también la integridad de quienes, culpables o inocentes, qué más daba, caían en sus garras.
«Llevaban porras en la mano. Porras largas, de antidisturbios.
Castán, el Pumba y el Triste.»
Porque creían que un poli era dios, y que nada había cambiado. Peor aún: que ellos lo podían cambiar todo.
«En aquel momento, Rafael Vera no me sonaba de nada.
—Pues toma nota del nombre porque te sonará.»
«Existen sospechas de que ésa fuera la primera acción del GAL.»
El futuro, nada glorioso por cierto, se incubaba en aquellos primeros años de una democracia llena de limitaciones, cuando Lacruz, madero charnego que estudiaba derecho y aspiraba a mejorar el cuerpo, tuvo que darse por vencido. Y ahora viene El Burradas...
«Coño, Lacruz, quién te ha visto y quién te ve.»
Y le pide lo que le pide y le mienta a Anselmo Castánhijoputa. Quince días después, quienes traspasarán la puerta de su «bar de mierda» serán sus antiguos compañeros, los policías. Le acusan de atraco a mano armada y del asesinato de Castán. El pasado nunca se acaba...
PIEL DE POLICÍA
Andreu Martín/ Carles Quílez
Roca Editorial
«Coño, Lacruz, quién te ha visto y quién te ve.»
Es El Burradas, irrumpe el pasado, ese tiempo en el que Lacruz era miembro de la brigada antiatracos y creía posible una policía mejor...
«El cuerpo me dejó a mí. Y ahora estoy con mal cuerpo. (...)
Yo no quiero salir de este bar de mierda.»
El inopinado visitante trae noticias.
«El otro día, vi a Castán. Como un señor, como un ministro.»
... y la dolorosa mención, y su insólita petición («Necesito una lambea», una pistola), liberan una riada de recuerdos de una España en la que los socialistas recién llegados al poder se concentraban en la limpieza de las Fuerzas Armadas y se olvidaban de la policía, donde los Lacruz convivían con otros que convertían su oficio en un chollo indigno...
«Hace tiempo que Castán trabaja con este julay.
Le cobra deudas de morosos, le hace de escolta, cosas así. Y el tío es generoso.»
... y quebrantaban la legalidad, también la integridad de quienes, culpables o inocentes, qué más daba, caían en sus garras.
«Llevaban porras en la mano. Porras largas, de antidisturbios.
Castán, el Pumba y el Triste.»
Porque creían que un poli era dios, y que nada había cambiado. Peor aún: que ellos lo podían cambiar todo.
«En aquel momento, Rafael Vera no me sonaba de nada.
—Pues toma nota del nombre porque te sonará.»
«Existen sospechas de que ésa fuera la primera acción del GAL.»
El futuro, nada glorioso por cierto, se incubaba en aquellos primeros años de una democracia llena de limitaciones, cuando Lacruz, madero charnego que estudiaba derecho y aspiraba a mejorar el cuerpo, tuvo que darse por vencido. Y ahora viene El Burradas...
«Coño, Lacruz, quién te ha visto y quién te ve.»
Y le pide lo que le pide y le mienta a Anselmo Castánhijoputa. Quince días después, quienes traspasarán la puerta de su «bar de mierda» serán sus antiguos compañeros, los policías. Le acusan de atraco a mano armada y del asesinato de Castán. El pasado nunca se acaba...
PIEL DE POLICÍA
Andreu Martín/ Carles Quílez
Roca Editorial

