S?bado, 23 de diciembre de 2006
Publicado por negraycriminal @ 18:37
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Desde lejos, en Argentina, y desde su c?lido verano, nos env?a este cuento el escritor Guillermo Orsi


"Cuentito de Navidad"


Para Montse y Paco, en este s?bado "lloviznoso", con mi amistad.

Silenciosos, las miradas hundi?ndose en la arena como escarabajos insolados, sedientos, constipados ?s?lo comen frutas secas desde hace semanas-, dilatados sus vientres por los gases del desierto, llegan por fin los reyes al establo.

-?Pero qui?n ha dicho que hab?a aqu? un pesebre con un reci?n nacido!- protesta Gaspar.

-La Biblia, hombre, la Biblia- se incomoda Melchor sobre la joroba de su camello.

S?lo Baltasar luce feliz ?maravillado- por el cambio de planes del que todos conocemos. Sobre una parva de tierno y perfumado heno, una escultura viviente, una josefina baker del oriente medio en su primera juventud, se espeja y resplandece.

El camello de Gaspar olisquea las ubres saladas de la camella de Melchor, obligando a los respectivos reyes a abrazarse a sus jorobas para no venirse abajo.

-Debiste haber previsto que tu camella estaba en celo, antes de emprender el viaje- le recrimina Gaspar a Melchor.

A la salida del establo, decenas de camellos se encolumnan como cubanos con sus libretas de racionamiento, aguardando su turno ?que ser? siempre breve, si llega- para ser felices.

La escultura ?venus de ?bano, negra hollywoodense- se contonea como una serpiente atragantada con avellanas y casta?as de caj?, ofreci?ndose sin pudor a Baltasar, cuya polla es codiciada en todo el Levante por los harenes y hasta por sus jeques mimosos.

-?Qu? tiene de malo entretenerme un rato, mientras llega el ni?o?- se justifica ante sus colegas reyes blancos y salta del camello hacia el oasis de placer que Jehov? le ha reservado.

Como todo oasis, la josefina ?bano de venus baker es un espejismo que se disipa en cuanto Baltasar, pobre rey chamb?n, intenta rozar su piel con las yemas blancas de sus dedos negros.

-?Dios te ha puesto a prueba!- lo sermonea Gaspar.

-?Y has hecho un papel?n!- lo humilla Melchor, humillado a su vez por el dolor agudo de sus hemorroides.

Pero el sexo de Baltasar es ya un elefante desbocado en las praderas de Namibia, una jaur?a de lobos locos perdidos en los C?rpatos, un mar de almejas y vino blanco soliviantado por la tempestad. Tarde, los dos reyes blancos intentan salir del establo.

Afuera, decenas de camellos alzados rompen la ordenada fila y se zambullen en el m?s codiciado de los pesebres, el del deseo. La camella de Melchor es Madona que en vano intenta ser Evita, aunque como un faro en la tormenta emite se?ales luminosas que, en lengua camella, significa venid a m?, espermatozoides sajarianos.

No muy lejos, pero tan remotamente a contramano de los textos sagrados, una partera rescata al ni?o por 2006? vez de la ci?naga vaginal.

-?Jes?s!- exclama, con emoci?n de gu?a tur?stico entrando por 3000? vez en su pir?mide de Egipto.

-Ya voy- responde el enfermero gallego que ha vivido veinte a?os en la Argentina hasta reconciliarse con su juda?smo y, huyendo de la ?ltima y consabida crisis econ?mica en el pa?s del tango, venirse a trabajar en la cl?nica modelo de Jerusal?n.

Y arrastrando los pies, cansado como el m?s devoto de los peregrinos, le alcanza el mate a la partera.

-Ha nacido el ni?o- anuncia la partera.

-Todos los a?os la misma historia- resopla Jes?s, que se enterar? m?s tarde, por la tele, del revuelo en un establo cercano, de unos reyes llegados a destiempo, de un ni?o que insiste en renacer mientras el mundo crece, madura, envejece y muere.

-Joder con las religiones- dice Jes?s a la partera, que ha cogido con su mano libre la calabaza con el mate espumoso y dulce: -Chupa de la bombilla, antes que se enfr?e.

La partera chupa y en su otra mano el cr?o, por motivos que s?lo Dios conoce, rompe a llorar.

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