El blog de Negra y Criminal

jueves, 22 de marzo de 2007

UN EXCELENTE ARTÍCULO DEL HOLMESIANO JAUME GABALDÀ

Damas del Canon Holmesiano


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La Señora Hudson


- En ocasiones, la figura más discreta y silente de una historia puede atesorar un valor incalculable. A pesar de permanecer en un segundo plano puede lograr que los personajes protagonistas mantengan el orden en sus costumbres y que aunque estos decidan comportarse como chiquillos inquietos, escapando cada dos por tres de sus habitaciones para resolver misterios, sepan que a su regreso todo estará en su sitio. El orden en la retaguardia hogareña es esencial y si alguien ha simbolizado en la literatura policial clásica ese orden, ha sido la Señora Hudson, en los relatos de Sherlock Holmes.
La Señora Hudson es la patrona escocesa más famosa de la literatura clásica de detectives y es que no tiene una todos los días como inquilino al mismísimo Sherlock Holmes, en sus habitaciones del 221b Baker Street. Inicialmente se limitó a establecer una relación formal de patrona y alquilado con sus particulares inquilinos, aunque enseguida pudo comprobar que no se trataba de dos simples caballeros victorianos medios.
Mujer reservada a funciones tan rutinarias como podían ser las de una casera, la Señora Hudson es el testigo de cuantos clientes arribaban a la isla del detective requiriendo su ayuda. De este modo, durante los más de veinte años que Holmes y Watson residieron en Baker Street, la Señora Hudson vio pasar por su casa desde humildes arrapiezos, reyes del oro, damas de pasado misterioso, chantajistas abominables, pasando por testas coronadas, pretenciosos inspectores de Scotland Yard y un sin fin de variados personajes, siendo testigo como nadie de cómo se iba fraguando la carrera de su ilustre inquilino.
Dotada de unas frugales dotes culinarias, características de la cocina escocesa, según afirma el investigador, contribuyó a acentuar la autenticidad de los personajes creados por sir Arthur Conan Doyle. Estos no sólo viven en un espacio identificable, el Londres de finales del siglo XIX, sino que como muchos otros solteros de la época, han de recurrir al pago conjunto de una vivienda para podérsela costear. No hemos cambiado demasiado en este punto que digamos.
El afecto que la Señora Hudson llega a sentir por Sherlock Holmes vive uno de sus momentos más intensos, en el relato titulado "La Casa Vacía", publicado en la revista Strand en 1903 y que supuso el retorno del personaje a la vida literaria.
De regreso de su ausencia de tres años, tras darle el mundo por muerto, después de su enfrentamiento con el Profesor James Moriarty en las suizas cataratas de Reichenbach, Sherlock Holmes se presenta en Baker Street sin avisar y ella al verle estalla en histéricos sollozos, siendo consolada por un Holmes que rara vez manifestaba ninguna clase de sentimiento.
Después de ello y en esa misma historia, la patrona del 221b, colabora con el sabueso genial, para burlar al Coronel Sebastian Moran, el lugarteniente de Moriarty y único superviviente de la banda que Holmes desarticuló y que había decidido eliminarle como venganza disparándole desde la casa vacía de enfrente con su mortífero fusil de aire comprimido.
Holmes se sirve de un maniquí que reproduce su figura y lo coloca frente a una de las ventanas de sus habitaciones. Encarga a la Señora Hudson que bien agachada lo vaya moviendo periódicamente para despistar a su potencial agresor.
Hay quien dice, que cuando el detective se retiró a comienzos del siglo XX para ir a vivir al campo, a una apartada granja de Sussex dedicándose a la apicultura y la lectura de filosofía, se llevó con él a la Señora Hudson como ama de llaves. Es una apreciación no canónica, como la que señala que fue ella la cocinera de la que se sirvió para frustrar los planes del espía alemán Von Vork en el relato "Su último saludo en el escenario" y que supuso la incorporación de Sherlock Holmes a los servicios secretos británicos ante la inminente llegada de la Primera Guerra Mundial.
Incluso en una original pirueta, el novelista inglés Martin Davies, recogiendo el guante de sir Arthur Conan Doyle, ha creado una serie de novelas1 en las que es la señora Hudson la que realmente resuelve los misterios en los que se embarca Sherlock Holmes, como si de una antecesora de la Señorita Marple se tratara.
Más allá de estas apreciaciones, la Señora Hudson es el equilibrio doméstico en la carrera de Sherlock Holmes. Método, limpieza, preocupación y afectos, que hacen conjeturar qué hubiera sido del gran detective sin ella. Injustamente infravalorada, la organización de la "retaguardia" doméstica es clave en cualquier existencia.
Teniendo en cuenta las prolongadas ausencias de Baker Street del doctor Watson, al contraer matrimonio con Mary Morstan en la novela “El Signo del Cuatro”, quién sabe si el investigador hubiera acabado en cualquier fría y mohosa buhardilla como un bohemio decimonónico, consumido por el desorden y sus soluciones de morfina y cocaína al 7%. Por todo ello y mucho más, debemos un sincero agradecimiento a esa madura dama escocesa, que hizo de la discreción, su mejor bandera.
En el cine y la pequeña pantalla, hemos tenido a algunas excelentes Señora Hudson. Destacaremos Mary Gordon en los filmes que protagonizó Basil Rathbone en los años 40 y sobre todo Rosalie Williams, junto a Jeremy Brett en la estupenda serie de Granada Television.


Irene Adler


- Para Sherlock Holmes, ella siempre fue "La Mujer". A los ojos del detective, Irene Adler, “la cosa más bonita bajo un sombrero”, eclipsaba a todas las representantes de su sexo. No es que podamos considerar que sintiera amor por ella, aunque sí un íntimo respeto, difícil de calibrar. Para el detective, las mujeres siempre fueron poco más que fuente de pistas, capaces de llevarle a la resolución del misterio. Los sentimientos amorosos hubieran chirriado en su fría naturaleza, como una esquirla en una de sus lentes de aumento. Sin embargo, antes de enfrentarse a Irene Adler, Sherlock Holmes había realizado comentarios burlescos sobre la inteligencia de las mujeres, pero todo ello cambió a raíz de su enfrentamiento con ella ¿Quién fue esa dama capaz de hacer hincar la rodilla al mismísimo genio de Baker Street?
Irene Adler protagoniza el relato titulado “Escándalo en Bohemia”, dentro del ciclo de “Las Aventuras de Sherlock Holmes”, publicadas fruto de la pluma de sir Arthur Conan Doyle, entre 1891 y 1893 en el “Strand Magazine”. “La Mujer” fue lo que en la época se llamaba una "aventura internacional", elegante nombre para definir a aquellas mujeres de vida disipada y moral dudosa, que podían verse en los círculos más elitistas de la alta sociedad, pero tan solo como pasatiempo. El rígido sistema de clases victoriano impedía algo más que el flirteo con las damas de su clase.
Nacida en Nueva Jersey en 1858, su profesión de contralto de ópera le permitió visitar y recibir los rendidos aplausos de los escenarios del mundo entero. Actuó en la Escala de Milán y fue Prima Donna de la Ópera Imperial de Warsaw.
En Inglaterra, el público la había recibido con entusiasmo en los conciertos que celebró en Covent Garden y Saint James Hall. Dotada de una inteligencia y seguridad incomparable, sus amoríos con Guillermo Gottsreich Segismundo Von Ornstein, gran duque de Cassel-Falstein y rey hereditario de Bohemia, le llevaron a creer que un día podría ser reina. En un momento de debilidad, el príncipe heredero le dio palabra de matrimonio para abandonarla después. Como hemos citado, una cosa era flirtear alegremente con una cortesana entre chispeantes vapores de champaña y alegre música de vals y otra bien distinta, formalizar una relación con ella.
No obstante, tras su ruptura, Irene Adler conservaba como valiosa arma una fotografía, en la que ambos aparecían juntos y estaba dispuesta a publicarla, al enterarse del inminente matrimonio del príncipe. Ello habría sido la ruina del príncipe heredero, que buscaba un matrimonio de conveniencia para asegurar su posición.
Sherlock Holmes obtiene "carte blanche" para recuperar la fotografía y para ello recurre al arte del disfraz, que dominaba como un verdadero maestro. Se hace pasar primero por mozo de cuadras, para hacerse contratar en casa de ella e incluso asiste de improvisado testigo a su boda con el abogado londinense Godfrey Norton. Más tarde, sospechando que esa precipitada boda, puede causar que la pareja abandone el país, el detective organiza una mascarada sin par. Fingiendo ser un venerable sacerdote herido tras una riña callejera, que él mismo se había encargado de organizar, cerca de la casa de Irene, consigue que ella le introduzca en su hogar para socorrerle.
Mientras ella se preocupa por la que cree dañada salud física del sacerdote, el doctor Watson, arroja una bomba de humo en el interior de la casa, haciendo creer que se ha desatado un incendio. Holmes logra que Irene, creyendo que su propiedad se haya en peligro, descubra inconscientemente, dónde oculta la fotografía, tras un panel corredizo. Los ojos de águila del detective lo advierten y creyéndose seguro de su éxito, decide regresar al día siguiente a la casa de la joven, en compañía del príncipe y del doctor Watson, para reclamar la fotografía.
Podría parecer uno más de los muchos e increíbles casos, que Sherlock Holmes ha resuelto con éxito, pero lo que él no sabía cuando descubrió el escondite de la fotografía es que Irene Adler, sospechando que aquel falso incendio podía tratarse de una encerrona, había decidido seguir al supuesto anciano párroco, disfrazada de hombre. Como consumada actriz, las ropas de teatro no suponían ningún desafío para ella. Por ello, cuando ve que el impostado sacerdote regresa a Baker Street, haciendo gala de una sangre fría harto notable, se aproxima a él y pasando velozmente a su lado, le dice: “¡Buenas Noches, señor Sherlock Holmes!”.
Al día siguiente cuando Holmes retorna a la casa de Irene, la presa ya ha escapado con la fotografía comprometedora, dejando a sus perseguidores burlados. Únicamente podremos comprender el hondo calado que Irene Adler dejó en el alma de Sherlock Holmes, si revelamos que la única recompensa que solicita tras el caso, al pomposo príncipe heredero de Bohemia es una fotografía de ella, que ésta deja en el escondite, en lugar de la que ellos buscaban y que decide llevase como salvoconducto, por si en un futuro el inminente rey, decidiera emprender cualquier acción contra ella.
El rey le ofrece un valioso anillo de esmeralda en forma de serpiente, pero para el detective de Baker Street, la fotografía de Irene que siempre conservó entre sus más valiosas pertenencias. Una mujer, su mayor enemigo y su mayor aliado en realidad. La única mujer que consiguió abrir una pequeña fractura en la precisa maquinaria del gran detective y que resultó ser más, mucho más que “la cosa más bonita bajo un sombrero”.
No han faltado múltiples pastiches que como cronistas rosas, han llevado más allá de este primer y único encuentro canónico entre Sherlock Holmes e Irene Adler, su relación, inclusive con descendencia2.
En el cine, hemos contado con hermosas Irene Adler. Destacaremos a Charlotte Rampling en “Sherlock Holmes en Nueva York”, junto a Roger Moore como Sherlock Holmes, en 1976; Anne Baxter en “Las Máscaras de la Muerte” acompañando a un crepuscular Peter Cushing, en su despedida del personaje en 1984 y Gayle Hunnicutt, frente a Jeremy Brett en la adaptación de Granada Television de este relato, rodada en 1984.

Isadora Klein



- El novelista victoriano no podía substraerse a los tópicos de la época sobre los países no anglosajones. De este modo, lo hispano se solía asociar con temperamento, fuego, sentimientos a flor de piel y prevalencia del corazón arrebatado por la pasión, sobre la equilibrada razón británica. Es en esta caracterización, donde situamos a uno de los personajes más originales de sir Arthur Conan Doyle, en su ciclo de novelas y relatos sobre Sherlock Holmes. Una dama del crimen, sofisticada señora de alta alcurnia, capaz de poner en jaque al gran detective. Nos referimos a Isadora Klein, rival de Sherlock Holmes en el relato "Los Tres Gabletes", perteneciente al último ciclo de textos dedicados al gran detective, de sir Arthur Conan Doyle, que se publicaron entre 1921 y 1927, bajo el ilustrativo título de “Su último saludo en el escenario”.
Isadora Klein de Pernambuco, es una dama española, viuda del anciano rey alemán del azúcar, que como Irene Adler detenta el colorista título de “aventurera”. Su posición y belleza son sus dos armas más preciadas. Sabe manejar sus encantos y gracias a ellos, atrapar a cuantos hombres desea, para enamorarlos a su antojo.
No obstante, esta independiente aventurera, que hace y deshace a su gusto y conveniencia, es también un personaje muy moderno para su época. Sir Arthur Conan Doyle fue un gran defensor de la mujer y de su autonomía. Se cuenta que en un viaje en tren, reprendió severamente a uno de sus hijos por llamar fea a una señora y que en su juventud, cuando ejercía con peor que mejor suerte la medicina, ya que siempre fue un poco menos doctor en medicina, que doctor en ciencias del crimen, se batió a puñetazos con un facineroso por maltratar a una mujer.
Por ello, Isadora Klein, una mujer en una sociedad dominada por el hombre, se rebela contra su condición y anuncia ante el mundo, que es dueña de su belleza y que no ha de justificar ante nadie el uso que le da a la misma. Cuando uno de sus múltiples ex amantes, Douglas Maberley, amenaza con desacreditarla públicamente, a través de una novela, acusándola de perfidia y total falta de escrúpulos, ella se sirve de sus matones para atemorizar al joven, e intentar recuperar el manuscrito, aunque éste finalmente fallece de neumonía, causada por la pena y dolor por el abandono.
Cuando Sherlock Holmes se hace cargo del caso, a instancias de la madre del muerto y se enfrenta a ella, Isadora Klein se defiende señalando que a fin de cuentas, nadie podía exigirle que mantuviese indefinidamente su relación con el amante despechado ¿Hasta qué punto se le podía considerar responsable de su muerte? ¿Debía como mujer someterse a sus requerimientos y pasar por la vicaría por el mero capricho de un joven inexperto y enamorado? ¿Era una “belle damme sans merci” o simplemente una mujer que no deseaba atarse por los severos patrones de su tiempo? ¿Acaso no sería el reverso femenino del rey heredero de Bohemia? La moral victoriana más reaccionaria, sin duda condenaría a esta mujer, acusándola con palabras que por decoro, no vamos a consignar aquí. Sin embargo, Sherlock Holmes, no era un victoriano típico, como ya hemos visto al tratar su relación con Irene Adler y por ello, aunque censura la actitud de Isadora Klein, no la condena.
Isadora Klein es una de las contadas mujeres de la literatura victoriana que se comporta con la determinación de cualquier jefe del hampa de clase alta. Una vampiresa con manos de seda, dotada de una gran inteligencia y por ello, una vez más, capaz de ganarse el respeto de su detectivesco rival. Como Jeremy Brett3 definió en la adaptación que Granada Television hizo en 1993 del relato de "Los Tres Gabletes", el enfrentamiento entre Isadora Klein y Sherlock Holmes tiene la fuerza del propio entre Tito Gobbi y Maria Callas en el acto segundo de “Tosca”, en la célebre ópera de Puccini. Dos colosos frente a frente, aguantándose su acerada mirada. Lo masculino y femenino. La frialdad y flema británica, contra la ardiente sangre de una mujer española.
Sherlock Holmes considera que es más fácil tratar con una mujer que con un hombre, pero al igual que con Irene Adler, no podía imaginar el poder de la emoción y los sentimientos, cuando se enfrenta a una señora como Isadora Klein.
Más allá del tópico y de lo políticamente incorrecto, Isadora Klein merece figurar entre las damas de oro de la literatura policial victoriana.
Editado en DVD en España, los seguidores de las aventuras de Sherlock Holmes pueden disfrutar de este episodio, así como de toda la serie producida por Granada Television entre 1984 y 1993.



Jaume Gabaldà Méndez
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Comentarios

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  • Fecha: jueves, 22 de marzo de 2007
  •  | 
  • Hora: 15:38

Autor: Invitado

Muy bueno el artículo. Sobre todo para los que también leemos a los clásicos.
A propósito Paco: ¿en que quedó el anuncio de llevar adelante un club de lectura por mail?
El blog cada vez mejor. Adelante!!!
Desde La Plata. Roberto C.