Jueves, 12 de abril de 2007
Publicado por negraycriminal @ 7:18
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LORENZO LUNAR

"PARA QUIENES HAYAN LE?DO
( o piensen leer, decimos los libreros)...
mi novela Usted es la culpable, en esta hay un episodio en que el polic?a protagonista, Leo Mart?n, se encuntra con Lorenzo Lunar. Aunque no intercambia palabra alguna Leo valora la vida del escritor y la compara con su propia vida.
Unos meses despu?s de haber escrito ese episodio el periodista cubano Rafael Grillo, del mensuario cultural El Caim?n Barbudo me solicit? una entrevista a prop?sito de la edici?n cubana de mi novela Que en vez de infierno encuentres gloria. Rafael tuvo la idea de, en esa entrevista, poner frente a frente a Leo Mart?n y Lorenzo Lunar.
Para aquellos que ya se han le?do Usted es la culpable aqu? les va la posibilidad de escuchar la voz de Lorenzo frente a las diatribas de Leo"
.




Infierno y gloria de Leo Mart?n y Lorenzo Lunar

(un personaje interroga a su autor)

Por Rafael Grillo



Lorenzo Lunar es, ahora mismo, un mimado de la Semana Negra y aut?ntico suceso en toda librer?a y feria europea que rinda culto a los continuadores de Phillip Marlowe. Etiquetado dentro de la corriente del ?neopolicial iberoamericano?, como el espa?ol Juan Madrid y el cubano Leonardo Padura; acude al gancho del enigma criminal para introducir a los lectores en los ambientes m?s s?rdidos y paup?rrimos y en las contradicciones que existen en nuestro contexto social. En flagrante contraste con sus historias, el nativo de Santa Clara parece un Saint Claus caribe?o: sonriente y corpulento, barbado y mestizo. Para colmo los t?tulos de sus novelas evocan requiebros y nostalgias de bolero: Que en vez de infierno encuentres gloria, La vida es un tango, Usted es la culpable, o cadencias del rock en los 70, como Polvo en el viento. Tambi?n le gusta disertar sobre el g?nero y de ah? sali? el ensayo El que a hierro mata. Su libro favorito, entre todos los que ha escrito, es Que en vez de infierno encuentres gloria; recientemente publicado por Edicionews Uni?n (Cuba) y que antes alcanzara en Espa?a los premios NOVELPOL 2004 y Brigada 21, as? como la Menci?n Especial del Jurado del Premio Dashiell Hammett 2004. A su protagonista, el agente del orden p?blico Leo Mart?n, encargo ahora la dif?cil misi?n de hacer una encuesta policial a su propio creador; en la que solo faltar?a el QUI?N, porque al culpable, el de la novela, no se puede revelar aqu?; y al de la vida real ya se le conoce: es el mismo escritor.



Que all? en el otro mundo


L.M: ?Qu? otro mundo ni qu? carajo?! Yo solo conozco el Barrio. Que te machuca, te trajina, te educa, te empuja, te arrastra, te levanta, te tira en el suelo, te pisotea. Que te hace un hombre o un traste. Al que amas y no est?s dispuesto a abandonar nunca, porque te has acostumbrado a ?l? Pero dime, Lorenzo, ?QU? te empuj? a ponerme a vivir en este lugar que le ronca los cojones?

L.L: Bien sabes, Leo, que no he sido yo quien te puso a vivir aqu?. Fue el Barrio, el mismo Barrio, ese monstruo de mil tent?culos, como lo describe nuestro hermano El Puchy. Ese monstruo que dispone de las cabezas de sus habitantes y que nos mueve como piezas del juego m?s complejo: la vida. Ese monstruo decidi? un d?a que yo iba a ser novelista, como mismo decidi? que un d?a t? ser?as polic?a, y nos puso a su disposici?n. Bebiendo de sus jugos y movidos por sus tent?culos nos hicimos hombre y personaje respectivamente.



En vez de infierno encuentres gloria

L.M: Como nac? aqu?, en el Partido pensaron que yo iba a saber hasta d?nde el jej?n puso el huevo y me dieron la tarea de ser el Jefe del Sector de la Polic?a. ?Pero el Barrio es el infierno! Aqu? est?n el maceta y la bolita, la puta barata y el chulo, el presidiario, el ratero y el luchador, el ron calambuco y parkisonil? ?Y a m? me esconden la bola todo el tiempo! Tendr? que revolver bastante la mierda para encontrar al asesino del viejo Cundo? Sin embargo, t?, Lorenzo, escritor publicado en Europa y con varios premios en el extranjero? ?C?MO te sientes en la Gloria?

L.L: ?La gloria, Leo? Esa t? tambi?n la conoces como yo. La descubrimos juntos. La gloria es una cabalgata sobre las nalgas de Luisa. Es un buche de calambuco en la esquina con los socios. La gloria es un arroz con pollo hecho por tu vieja Fela o aquellos tamales que nos hac?a Sadys, mi madre. La gloria no es el libro publicado aqu? o all?, sino el tipo que en un pueblito de Asturias te pregunta c?mo puede hacerse de una botella de calambuco, o el otro que en la cervecera del Sandino (Santa Clara) te llama para contarte una historia, para que uno que es escritor la escriba, porque esa es la mejor historia del mundo: la historia de su vida. La gloria, Leo, t? lo sabes bien, no es el ascenso que recibiste despu?s de resolver el caso de Cundo, sino aquello que llevas dentro al saber que el hijoputa que lo mat? est? detr?s de las rejas y que, al menos por un tiempo, no le puede hacer da?o a nadie m?s. La gloria es uno mismo, mi socio. La gloria soy yo. La gloria eres t?.



Y que una nube de tu memoria

L.M: Cuando la muerte se me planta delante un escalofr?o me sube por la nuca. Aunque desde siempre la muerte me haya estado picando cerca. Aunque haya tantos muertos en el recuerdo: mi padre, Jiguan?, El Pinky, mi yunta de la polic?a, que le abrieron el abdomen de una pu?al? durante un operativo en el Cabaret El Bosque. Y ahora el viejo Cundo? Lorenzo, y a ti, que pones a los cap?tulos t?tulos como ?La promesa?, ?La llave de cristal?, ?El largo adi?s?? sacados de novelas de cl?sicos del polical, ?CU?NDO comenzaron a perseguirte esos muertos de la novela negra?

L.L: Cuando ?ramos adolescentes, Leo. Acu?rdate que nos pas?bamos los libros y los compart?amos. Nos le?mos todo Balzac con apenas once a?os, cuando la colecci?n Hurac?n sacaba un libro semanal. Tambi?n V?ctor Hugo, Emilio Zol?, etc. Y pasamos de Verne y Salgari a Conan Doyle y Agatha Christie con la mayor naturalidad. Estoy seguro que fueron esos muertos y esas lecturas los que sembraron en ti el esp?ritu justiciero y en m? la necesidad de contar historias.

Despu?s vendr?an los muertos de verdad. La muerte de tu viejo coincidente con la de mi madre y nuestro sentimiento de deuda para ellos. Las p?rdidas de los amigos, t? en Angola viendo morirse a Jiguan? al otro lado del mundo, yo en Mozambique, delante del f?retro de una compa?era de trabajo fallecida en un est?pido accidente de tr?nsito. La muerte siempre presente, y cada vez m?s con cada d?a que nos pasa en la vida. La vida es mierda y del polvo venimos para regresar al polvo, dijo Bola de Queso empin?ndose la botella de calambuco la tarde que enterramos a Cundo, y no le falta raz?n. La filosof?a del barrio es cruel y a veces est? plagada de lugares comunes, pero es clara, precisa, y no se equivoca.



Me borre a m?

L.M: Porque un d?a iban a matar a un hombre que yo quer?a mucho, que me ense?? muchas cosas cuando yo era un chama. Porque alguien iba a encarnizarse con ese viejo borracho y solo y me iba a tocar a m? encontrar la verdad. Porque ese era mi destino, el que estaba escrito y nadie lo puede borrar. Porque ese destino era el que t? ibas a escribir para m? y no hay quien le borre a los escritores los caprichos de su imaginaci?n. Fue por eso que me hice polic?a. Y t?, ?POR QU? te hiciste escritor?

L.L: Porque lo decidi? el Barrio. No yo. Porque, t? lo sabes, somos sus marionetas. Y no se puede torcer al destino como d?bil varilla de esta?o. ?l lo quiso. Por eso me puso ah?, en la calle real. Y por eso puso delante de m? esa vida. Y un d?a me dio los motivos para verla con un lente distinto al de la cotidianeidad remolona que muchas veces adormece a su gente en la abulia y en la inercia. Es que los escritores, dicen, tenemos un sentido adicional. Ese don quiz?s te lo da Dios al nacer, pero en mi caso fue el Barrio quien lo aguz?. Ah? estaban a mi lado, desde que yo era un muchacho, Pedro Pechoemulo, Pepe la Vaca, Chago el Buey. Solo que no se llamaban as? ni ten?an exactamente esas historias. Hasta que un d?a el Barrio me orden?: ?lev?ntate y escribe?. Ah? estabas t?, que bien pod?as haber sido yo mismo, pero que tambi?n te pareces a otros que el mismo Barrio me dio la oportunidad de conocer para luego engendrarte. Creo que me hice escritor porque en el barrio fui bicicletero, vendedor de pizzas, fabricante de jabones y otras cosas m?s que es mejor no decir en p?blico. Me hice escritor porque, como t? dices, vivir en el barrio le ronca los cojones. Y no estaba de m?s que alguien lo dijera.

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