Ayer aparecía en el suplemento CULTURAS (279) de La Vanguardia
una excelente entrevista que la periodista Lilian Neuman le hizo a Andrea Camilleri, hace unos pocos días, en su casa de Roma. La entrevista se tituló El Mediterráneo es una bañera.
Esta es la versión completa sin los cortes necesarios para encajar en el espacio del periódico.
Entrevista a Andrea Camilleri
(28-09-2007)
Andrea Camilleri regresa con “La luna de papel” (Editorial Salamandra, y en catalán en Edicions 62), una nueva entrega de la serie del comisario Salvo Montalbano.
Cultura’s lo ha visitado en su casa en Roma, en donde el escritor siciliano nacido en Porto Empedocle en 1925 habla también de otro de sus recientes libros: la biografía de Luigi Pirandello y “Las ovejas del pastor” (Ediciones Destino).
Andrea Camilleri dejó alguna vez su pueblo natal en Sicilia y llegó a Roma en 1949 con una beca de estudios. Y aquí está, sentado en su despacho que se vuelve pequeño a medida que desarrolla sus ideas, con su hablar culto en el que aparecen en el momento exacto las –escasas- palabras vulgares, con sus gestos de hombre poderoso y elegante, sus cambios de tono de voz que, cuando se refiere a “su hijo” el comisario Salvo Montalbano, lo hace como si realmente fuese de carne y hueso, con la misma generosidad y comprensión que dedica a muchos de sus queridos amigos y escritores admirados.
La serie de este sagaz comisario –que debutó en 1994- se convirtió en un gran éxito que fue creciendo como una marea, entrega tras entrega. Es posible que muchos aún desconozcan otros importantes libros fuera de la serie de Montalbano: “La ópera de Vigàta” (1995), “La concesión del teléfono” (1998), “El curso de las cosas” (1998) o la más reciente “Privado de título”. Novelas –de carácter histórico- en donde arriesga distintas formas narrativas y que, en todos los casos, son piezas únicas –y preciosas- que construyen ese gran universo llamado Sicilia, una isla atravesada por todas las desdichas, glorias y calamidades. Fascistas, rebeldes, mafiosos, burócratas e intrigantes, herederos de la gesta de Garibaldi, ingenuos o resentidos. Andrea Camilleri los comprende a todos o, como afirmaba su admirado Pirandello, “comprendo a quienes no me comprenden”. Razón ineludible para sumergirse en este gran teatro que constituyen sus libros, también y por supuesto la serie de su comisario de un pueblo llamado Vigàta que todo lo contiene: tragedia, alta comedia, todos los lenguajes y dialectos y gran literatura en la literatura:
Montalbano se encuentra ante situaciones “pirandellianas”, un cuento de Faulkner lo acompaña a punto de resolver un caso y se hace amigo de un “sin techo” que lee a los clásicos. Montalbano es fuerte y tenaz como Camilleri, profesor en la Escuela de Arte Dramático durante muchos años: “Eso para mi fue fundamental. A no ser que tú seas un imbécil que estás encerrado en tus propias ideas, es inevitable que recibas de ellos: los jóvenes alumnos te dan una lectura diferente de una misma cosa”.
En “La luna de papel”, Montalbano empieza a darse cuenta de que se hace viejo y se despierta cada mañana con terror a la muerte. Su “padre” a sus ochenta y dos años, bien se debe reír de las neuras a las que ha condenado a su criatura literaria.
Entrevista.
Andrea Camilleri examina con interés el libro que acabo de entregarle. No es parte de la serie de Salvo Montalbano, sino del Camilleri menos popular, sin embargo brillante. Se trata de su biografía del también siciliano Luigi Pirandello, hijo de la misma provincia de Agrigento.
“No sabía que se había traducido al español. Me da una gran alegría” En ese momento se asoma su esposa y le cuenta la grata noticia.
El título del libro –“Biografía del hijo cambiado” (Editorial Gadir)- proviene de un relato escrito por el mismo Pirandello. Esa historia -que nos acompañará durante toda la entrevista en esta tarde nublada y al fin lluviosa-, es la que recoge Camilleri en el libro y la que el pequeño Luigi Pirandello escuchó de su niñera. La historia de una madre a la que le roban su hijo de tres meses. Aquel niño ideal era “blanco como la leche y rubio como el oro”, y resulta que en su lugar le han dejado una criatura muy fea, negra, “más sucia que un chimpancé”. Sin embargo, la madre debe cuidarlo, a la espera de un día en que aquel hijo robado regresará. En tanto, debe cuidar de este.
- Ya que tiene en sus manos a Pirandello, debo decirle que siempre veo a un autor dramático en sus novelas.
-Sí. La observación es correcta. Esto nace de una extensa experiencia de director teatral. Y nace además de una extensa experiencia como director de comedias en la radio –muchísimas-, donde la palabra no se ve ayudada por el actor, ni por la escenografía. Esta experiencia hace que yo escriba los diálogos de mis novelas de un cierto modo que no encontrará en Petros Markaris ni en Manolo (su amigo Manuel Vázquez Montalbán).
-Usted adaptó novelas de Simenon para la televisión. Y Simenon es importante para usted.
- Cuando yo comencé a escribir novelas de intriga (giallo, en Italia,) en el 94, lo primero que pensé era en el protagonista, en cómo debía ser el personaje que debía resolver el enigma. Y llegué a la conclusión de que tenía que ser un policía institucional. No podía ser un policía privado, porque en Italia, cuando yo comenzaba a escribir estas historias, existía una severa reglamentación sobre el campo de actividad del detective privado. Por lo tanto, este personaje institucional excluía toda la tradición angloamericana. Y la europea no podía ser más que dos. O Georges Simenon o Friederich Dürrenmatt. No había otra salida, ni Conan Doyle ni Agatha Cristie, que a mí no me atañen.
-¿Friedich Dürrenmatt por qué?
-Coja una novela policial de Dürrenmatt como “La promesa” en donde el investigador se enfrenta al crimen de una niña y promete a la madre que encontrará al culpable. Y en esta promesa se jugará la vida. Este tipo de empeño era el que me interesaba en un policial. Ahora bien, en aquel tiempo, claro que Maigret estaba en primer plano. Por lo tanto, gracias a él llego al investigador con todas las características europeas: le gusta comer, conversar, un hombre normal de cada día, sin características particulares. Y en Simenon, además, me interesaban las otras novelas, fuera de Maigret: la importancia de su provincia, sus novelas de carácter histórico.
-Montalbano es normal y corriente. Pero también se resiste a los cambios. El juez Giovanni Falcone decía que esto es propio de la mentalidad siciliana.
-Necesita mucho tiempo el siciliano para aceptar una novedad.
- Ha declarado hace muy poco –lo tengo aquí entre mis papeles de prensa de estos últimos días- que a raíz de que los industriales han decidido dejar de pagar el pizzo (el impuesto a la mafia) el ejército debe ir a Sicilia. ¿Me ratifica usted que el ejército debe ir a Sicilia?
-Ahá. Hablemos de este problema: El ejército ya había estado en Sicilia a causa de la mafia. Antes de los asesinatos de los jueces Falcone y Borsellino, en 1992. ¿Por qué es útil el ejército? No contamos con mucha fuerza policial. Se presume que tenemos mucha, pero en realidad no tenemos tanta. Le voy a dar un ejemplo: para detener al mafioso Bernardo Provenzano fueron movilizados cuarenta hombres durante ocho años. Sólo por esta persona. ¿Entiende entonces por qué no hay tanta? Entonces, el ejército puede controlar el territorio liberando a las fuerzas de policía, que así puede dedicarse con mayor empeño a la caza de mafiosos.
-Usted dijo: “el ejército es hijo nuestro”.
-Exacto. Esto ahora lo pide la Confindustria Agrigento y yo estoy de acuerdo con esto porque no encuentro nada de ofensivo en que lleguen a Sicilia los hijos de nuestra tierra. No estoy hablando de españoles ni de franceses. No se trata de una invasión extranjera. Es el ejército italiano que, si va a ayudar a otros pueblos, por qué no ayudar al propio pueblo
-Cuando Falcone y Borsellino la gente salió a la calle para gritar basta. ¿Ahora sucede algo parecido?
-No. Hay una diferencia fundamental. Atención: en aquel momento, cuando Falcone y Borsellino fueron asesinados, entonces era verdaderamente la gente que protestaba. Hoy no es la gente. Son los industriales. Soy yo. Es decir, es una cierta categoría de gente. Yo, porque me avergüenzo de la Sicilia de la mafia. Más que avergonzarme, mas que avergonzarme…mi incazzo (me cabreo) –ha sonreído levemente, para paliar su cabreo- . Pero la verdad es que la gente está decepcionada, descreída. Pero los industriales pueden ayudar. O ayudarse a ellos mismos.
-Volvamos al “hijo cambiado”. La relación de Montalbano con su padre es difícil. Creo que Montalbano es un hijo cambiado.
-Es una excelente observación. Creo que Montalbano no es realmente un hijo cambiado. Pero es cierto que no se aviene a la categoría mental de su padre. En Pirandello el caso era mucho más dramático, porque el joven, el pequeño Pirandello, fue testigo de la traición del padre. El padre comienza a tener una relación con una prima, y el joven Pirandelo descubre esta relación. La criatura sorprende al padre con ella. Y le escupe en la cara a su padre. A mi me interesaba el hecho que, después de haberse mostrado adverso hacia su padre durante toda su vida, ¿por qué en el ultimo año lo tiene en su casa, y lo cuida? Y la respuesta está en el padre de los “Seis personajes en busca de un autor”, ese padre que le hace ver a su propio padre de otra manera. El padre de esta obra de teatro dice: “No se puede emitir un juicio sobre un hombre, para toda la vida, porque lo hayamos sorprendido en una escena crítica”. Y hay un precedente literario de esta idea. Sin saberlo, el autor llevó a cabo un hecho psicoanalítico al escribir “La razón de los otros”, que es la historia de su padre y la prima. ¿Entiende?
-Perfectamente.
- Porque en verdad su padre comenzó a relacionarse con esta prima, antes de relacionarse con su esposa. La prima un día le escribe al padre de Pirandello y en ella le dice que tiene problemas, pero la carta es interceptada por la madre. Y ella le dice a su esposo: ¿Has respondido a esta carta de tu prima? ¡Tienes que ir a ayudarla! Y el padre va y se enamora. Y además ella está embarazada. Esta es la tragedia de Pirandello, y este es el sorprendente transfer psicoanalítico. ¿Entiende? ¡Yo nunca habría podido escribir una historia sobre mi padre y mi madre tan tranquilamente!
-Usted dice en este libro que sus padres –los de usted- tuvieron un matrimonio concertado entre las dos familias, con la correspondiente dote de la esposa.
-Sí. Se llamaban el matrimonio “di zolfo” (del azufre). Eran todos comerciantes de azufre: Pirandello, Portolano, Camilleri. Fragapane…Y en ese tiempo la mujer siciliana no era que si el matrimonio no funcionaba se iba de casa. Estaba condenada a sufrir. Pero el matrimonio de mis padres fue un matrimonio verdaderamente feliz. Y en cuanto a Luigi Pirandello, amaba realmente a su esposa, la amaba físicamente.
En realidad, eso hacen los sicilianos. Cuando Agnelli, presidente de la Fiat, veía que en Sicilia invadían las grandes empresas extranjeras, alemanas e inglesas, se preguntaba por qué estos sicilianos no se asociaban. Pero los sicilianos, no, esto de asociarse, individualistas como son…La única cosa era armar estos matrimonios y formar pequeñas defensas contra estos colosos.
-En “Luna de papel” habla de la operación “Manos limpias”. El gran proceso que puso en tela de juicio la conducta ilegítima de miles de sospechosos y que intentó sanear la corrupción institucional italiana. ¿Aquello fue efectivo?
-“Manos limpias” fue exactamente esto: yo veo ahora una vieja casa de campo. Y justo debajo de la ventana, veo una grieta. Mañana vamos a arreglarla, me digo. Y apenas meto mano, la pared entera se me viene encima. Esto fue “Manos limpias”. Pillaron a un tipo que estaba quedándose con treinta millones y se encontraron con una enorme corrupción, ingobernable. Pero aquello fue un buen estímulo. Se esperaba que a partir de eso los partidos se renovasen, pero en lugar de expandirse se retrajeron, Decir que “Manos limpias” fue una revolución tiene tanto de… sciocco (estúpido) si nos ponemos a pensar… No pudo ser una revolución porque la política no supo aprovechar la ocasión, me refiero a la política sana, la política verdadera.
-Y no puedo evitarlo, quiero preguntarle sobre Berlusconi.
-Berlusconi no es un político. Es otra cosa, es…
-Un marciano.
-Un marciano. Él ha creado su propio diccionario y en ese diccionario las palabras son intercambiables con sus significados. En el caso de un fascista como Giangranco Fini, él utiliza el mismo diccionario que yo, lo que pasa es que él emplea palabras que yo no uso. Pero todas las palabras, todas están en el diccionario. En el diccionario de Berlusconi las palabras no pueden entenderse, ni yo ni Fini aunque se esfuerce. Berlusconi… Es mejor no hablar de él porque total volverá al poder en cualquier momento
-En “La luna de Papel” Montalbano se habla a él mismo, se escribe una carta a sí mismo ¿Esto es pirandelliano?
-No, no. Aquí la cosa es menos literaria. A Montalbano le disgusta terriblemente hacer de investigador que toma apuntes. Pero, cuando empieza a encontrarse con que pierde memoria, entonces encuentra la solución de escribirse una carta. Una manera de dialogar con él mismo. Es un escamotage.
-Las mujeres que Montalbano encuentra a su paso, y ni hablar las de esta novela, son siempre sospechosas. Dejando de lado a su novia Livia.
- Hay una novela todavía no traducida de Montalbano, en donde…(asiente satisfecho) ¡por fin Montalbano va con otra mujer! He recibido decenas de cartas de mujeres pidiéndome esto, que Montalbano ¡por fin fuera con otra! Ocurre que en ese momento Montabano hace un balance. Yo cito, sin decirlo, el catálogo de mujeres que hace Montalbano, que es el catálogo de Don Giovanni de Mozart –“belle done que amó el signor mio”- porque él hace esto, cuando están en España, en Francia, etc..…Pero, claro, Montalbano tiene un catálogo muy escaso. Una o dos mujeres antes de Livia, Livia, una o dos y después… Por lo tanto él se dice: ¿De las mujeres, qué entiendo yo? Nada. O eran mujeres sospechosas de ser culpables o de ser inocentes. Es decir, siempre bajo la luz de la investigación, bajo la luz de su trabajo de policía. Que a él le gustan las mujeres creo que no ha habido jamás ni la más mínima duda, que él es un hombre al que no le gusta andar con otras mujeres porque es fiel, diría yo, a una palabra dada, más que a una mujer, de esto no hay duda. Pero también puede caer de cabeza en la tentación, consciente también del tiempo que pasa.
- Su producción novelística es muy grande. ¿Cuántas horas al día escribe usted?
-Me levanto muy temprano, a las seis. seis y media. Y trabajo tres horas y media, o cuatro. Pocas, pocas veces por la tarde.
-Me parece extraño, teniendo en cuenta su gran producción.
-La verdad es que paso todo el tiempo pensando, elaborando. Continuamente. Mientras hablo con alguien…Siempre. Al día siguiente, a la mañana, escribiré y pondré en orden lo que ya de algún modo he elaborado en el momento en que llega la noche, la hora de dormir, durante esos quince minutos antes de conciliar el sueño.
Pero la verdad es que yo siempre he sido bastante veloz escribiendo. Y claro, en el momento de comenzar a usar ordenador, esta velocidad ha aumentado. El ordenador me ha concedido una peligrosa velocidad. Vea, tengo dos ordenadores…
(En este momento, Camilleri se sienta erguido y gira elegantemente hacia uno y otro lado, hacia las dos mesas enfrentadas. Y lo hace con tal gracia que me recuerda a un gran pianista que deposita sus manos sobre sus respectivos ordenadores portátiles).
-Este ordenador es lentísimo. Y este otro es velocísimo. Pero este me va muy bien que sea así de lento…me detiene –ríe nuevamente- está muy bien que sea así, ¡Eso me está muy bien! Antes yo escribía con máquina eléctrica. Y cuando encontraba un error arrugaba el folio y lo arrojaba a la papelera (el gesto que hace recuerda a Montalbano tirando cosas al suelo cuando está furioso) y comenzaba otro nuevo. Y naturalmente, luego encontraba otro error en otro lugar y de nuevo.
-El carácter de Montalbano, sus arranques de furia, de rabia. ¿En esto se parece a usted?
-No. - lo ha dicho con gran seguridad, pero ahora piensa y, al cabo de un momento concluye: Corresponde a mi carácter de joven.
-¿Que lee ahora?
-Todo. Novela, ensayo histórico. Revistas. Todo.
Filosofía contemporánea…De los autores italianos leo casi todo, si tiene un mínimo de importancia leo todo.
En este momento estoy leyendo un libro muy bello de Simenon, “El presidente”. Es la primera vez que se lo publica en italiano. No pertenece a las novelas de Maigret. Es una novela sobre viejo presidente de la república francesa, una gran novela.
-¿Y novela negra?
-Petros Markaris me gusta muchísimo. Los autores mediterráneos. Jean-Claude Izzo era…un ángel. Nos conocimos muy bien. Y Manolo, claro. Y el inspector Ali, un policía magrebí, me estoy divirtiendo mucho con él, es una delicia. Su autor es Driss Chraïbi… Hay una cosa que me gusta mucho decir: que el Mediterráneo es una bañera. No es un mar. Es una bañera. Y estamos todos allí, los autores de novela negra mediterránea, sentados en el borde, riendo y conversando.
-¿Y entonces a Mankell lo dejamos fuera?
-¡Mankell entra! –lo ha dicho con alegría y espíritu magnánimo- ¡Entra de invitado!. Los suecos son bravísimos para el giallo. Comenzaron Maj Sjöwall y Per Wahlöo,,,y luego vinieron otros más, Bella fioritura con los novelistas negros suecos…Es una novela negra muy diferente, pero es fascinante. Fascinante. Mankell creo que se equivoca. Sus novelas son muy buenas pero él se recrea tanto en lo que escribe; le falta un editor que le diga “corta aquí y corta allá”. Sus novelas son laaargas. ¡Ah! Y la Giménez Bartlet. Ha dicho que yo tengo un sentido anticuado de las mujeres (se ríe y se ríe sin parar, desde luego no puedo parar yo tampoco de hacerlo, él con la fuerza de su imaginación ha organizado esta gran fiesta). No la conozco personalmente
-Ella es muy amable, y tal vez sea…
-Batallera….ja, ja.
-Sciascia dijo “Sicilia es el mundo”. ¿Vigàta es el mundo?
-Vigàta es un país imaginario y a través de sus muros puede entrar todo.
-¿Hay alguna pregunta que no le formulado?
No. Pero…A ver… –y con gran agilidad se hace con mis papeles. -¡Quiero ver que es todo esto que tiene aquí, todo este papel…informativo!
-Es mi dossier Camilleri. Allí consta que usted dijo “No al petróleo en Val di Noto”. Y que intervino como actor en un film, en 1998. También consta que no quiso formar parte del Senado de Agrigento…
(Camilleri sigue examinando mis papeles, como si todos esos artículos de prensa que demuestran su activa participación en la vida pública, política y cultural no tuvieran nada que ver con él).
-Señor Andrea Camilleri. ¿Usted es un hijo un cambiado?
-No. Jamás. Jamás. Con mi padre, políticamente estábamos en lugares contrapuestos. Pero yo siempre era su hijo, esto siempre fue así y de esto no hubo jamás la mínima duda (ahora Camilleri sonríe, pensando). Ellos… Ellos sí que me han amenazado con que yo no era hijo de ellos. Pero esto fue cuando yo era pequeño, porque era totalmente terrible. Un malcazone (sinvergüenza) que era hijo único. Entonces actuábamos: a la noche yo hacía de cuenta de que dormía, y ellos sabían que yo estaba fingiendo que dormía. “Este no debe ser hijo nuestro, deber ser hijo de un carretero. Basta oír como habla.” Porque yo desde pequeño habla muy mal, decía muchas palabrotas. Y me mandaron a un colegio.
-Y hoy es padre de tres hijas y tiene cuatro nietos.
-Así es. Gracias por el libro de Pirandello. Escríbame una dedicatoria.
-¿Qué yo le escriba a usted una dedicatoria de su libro?
-Sí, sí. Escríbame una dedicatoria (sonríe, pero lo dice totalmente en serio).
Y luego se alejará, antes se ha despedido con una reverencia. Al fin de cuentas, la vida es esto: es curiosa, es seria y es una comedia de absurdos intercambios de papeles. Esto es parte de la gran lección recibida durante esta lluviosa tarde.