miércoles, 06 de febrero de 2008
Publicado por negraycriminal @ 12:46
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El Periódico - Cataluña
6/2/2008

Ellos andan sueltos

OLGA Merino



Los sábados, a eso de la una, puede vérsele merodear por la Barceloneta, cerca de la calle de la Sal. Los andares pesados, el cuello de terciopelo subido, la pipa humeante. El comisario Maigret (Simenon) va repitiendo su mantra --"sólo saber, no juzgar"-- mientras enfila hacia la librería Negra y Criminal siguiendo el rastro de los mejillones (vino blanco, apio y laurel) que preparan Montse Clavé y Paco Camarasa. Pepe Carvalho (del siempre añorado MVM) tiene mesa fija en Casa Leopoldo (Sant Rafael, 24), y cuenta la leyenda que, de tanto en tanto, el detective gallego se anuda el delantal, se mete en los fogones y cocina unas albóndigas con sepia que quitan el hipo. Mientras se hace el sofrito, él y Rosa Gil entonan un tango triste a media voz.
Petra Delicado y Fermín Garzón (Giménez Bartlett) almuerzan donde les pilla: menú obrero en algún polígono industrial de los alrededores o pincho de tortilla y cerveza en la barra del primer bar del Eixample. Petra tiene buen saque. Hay quien la ha visto, en camiseta y vaqueros desgastados, cortando las viandas para una cervantina olla podrida. Al fondo suena un nocturno de Chopin, mientras la inspectora, entre berzas y menudillos, saborea un whisky de malta (Macallan reserva 12 años).
Los anglosajones no saben comer. El psicópata Tom Ripley (Highsmith) frecuenta los barrios de Pedralbes y Sant Gervasi a la espera de algún sablazo propicio, y aunque matar le da hambre, no es un gourmet: puede degollar a la víctima con el mismo cuchillo con el que acaba de cortar unas rodajas de chorizo. Philip Marlowe (Chandler), más hígado que estómago, se decanta por las coctelerías finas (Boadas, Ideal, Dry Martini), donde ya saben cómo servirle el gimlet (dos partes iguales de ginebra y jugo de lima, nada más). Suele encerrarse en la trastienda con alguna partida de ajedrez. Marlowe juega con las negras porque es un tipo duro y prefiere cederle al rival la ofensiva. Los lingotazos le afinan la lengua y, de vez en cuando, borda una frase: "Decir adiós es morirse un poco"; "un hombre muerto pesa más que un corazón roto".
Todos ellos andan sueltos por la ciudad. Hasta el sábado Barcelona está negra, y esta vez no es por los trenes ni los generadores
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