Jueves, 13 de marzo de 2008
Publicado por negraycriminal @ 17:25
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 SE HA EXPUESTO UN CRIMEN|CURSILLO ACELERADO DE CRIMINOLOGÍA


Una muestra del Museu de Ciències Naturals propone a los visitantes investigar un asesinato

• La exposición repasa las técnicas empleadas por la policía científica

 


 

Autopsia El apartado de medicina forense, con la réplica en plástico del cadáver de la víctima.
Foto: MAITE CRUZ



EL PERIÓDICO 13-3-2008

 RAFAEL TAPOUNET

BARCELONA


El director del Museu de Ciències Naturals ha sido asesinado. En su despacho. Con un arma de fuego. Una empleada de la limpieza ha encontrado el cadáver a primera hora de la mañana del martes junto a una gran mancha de sangre. Expertos de la policía científica han peinado el escenario del crimen y han obtenido algunas pistas --un casquillo de bala, pisadas, huellas dactilares, pelos, fibras textiles, dos pastelitos mordisqueados...-- que están siendo analizadas en el laboratorio. Los sospechosos son seis: la secretaria, el conserje, el director de un museo extranjero, la mujer de la limpieza, un vendedor de antigüedades y un taxidermista. No hay mayordomo. Y para poner las cosas aún más difí-

ciles, en las fotografías todos tienen cara de culpable.

La exposición Asesinato en el museo, que puede visitarse desde ayer en el Museu de Ciències Naturals del parque de la Ciutadella, se asemeja a un Cluedo a tamaño natural. La reconstrucción del despacho de la víctima, con los cajones del escritorio abiertos y una silla caída para acentuar el efecto dramático, refuerza esa impresión. El visitante, convertido en una improbable mezcla de Gil Grissom (CSI) y la señorita Marple, juega a descubrir quién es el asesino, y se vale para ello de las pruebas halladas en el lugar, de los análisis de los laboratorios --medicina forense, balística, huellas, restos biológicos y ADN, fibras y microfibras, entomología forense, odontología-- y de las declaraciones de los testigos.

Al mismo tiempo, y aquí es donde la muestra cobra su verdadera dimensión didáctica, se hace un provechoso recorrido por las distintas técnicas de investigación criminológica que emplea la policía científica en su quehacer diario. El apartado más vistoso es, sin duda, el de medicina forense, donde la réplica en plástico de un cadáver con las vísceras expuestas permite al visitante, armado con un escalpelo, simular una disección. Josep Piqué, jefe de producciones culturales del museo, apunta que será mejor mantener a los niños alejados de ese departamento. Quizá intuye que, una vez lo descubran, no habrá quien les saque de allí.

 

Insectos que hablan

Menos espectacular pero acaso más turbador es el laboratorio de entomología, donde se estudian las larvas de insectos encontradas en los cuerpos de las víctimas a fin de determinar el momento en que se produjo el deceso. Algunos insectos carroñeros son capaces de detectar el olor a muerte a una distancia de 100 metros y se plantan allá en un santiamén. Para su desgracia, también hay bichos depredadores capaces de detectar a lo lejos el olor a insecto carroñero. El festín se completa con los insectos omnívoros y con los llamados oportunistas, que simplemente pasaban por allí pero que, a efectos de la investigación, no sirven para nada.

Tampoco sirven para nada, y el visitante deberá tenerlo en cuenta a la hora de hacer sus conjeturas sobre el autor del crimen, algunas de las pruebas circunstanciales que hallará en su investigación, y que vienen a ser como esas cenizas oscuras de los cigarros de Trichinipoly que en los relatos de Sherlock Holmes siempre estaban ahí pero nunca conducían a ninguna parte.

 

Conclusiones

Una vez finalizado el recorrido por los distintos laboratorios y repasadas las declaraciones de los seis sospechosos, el detective aficionado debe señalar al culpable. Un sencillo sistema de bolas permite ver cuántas sentencias de culpabilidad ha obtenido cada uno de los candidatos. Hecha la elección, un inspector jefe virtual con bigote y alianza en el dedo anular de la mano izquierda (aquí uno acaba fijándose en todo) desvela quién es el asesino y una pantalla recrea en imágenes el cómo y el porqué.

La exposición viene de Bélgica, como Hércules Poirot y Georges Simenon, y es una producción del Real Instituto de Ciencias Naturales de Bruselas, donde permaneció ocho meses y fue vista por 100.000 personas. Muchos de ellos dieron con el criminal, según explica la comisaria de la muestra, Cécile Gerin. Los catalanes ya tienen otro reto al que hacer frente.

 

 


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