martes, 27 de enero de 2009
Por qué nos gusta tanto la novela negra por Daniel Vázquez Salles
artículo aparecido en El Mundo, el lunes 26 de enero 2009
Por qué nos gusta tanto la novela negra
Autores de culto, mitómanos y 'científicos' del 'noir' renuevan su fe en
la literatura criminal en vísperas de la cita BCNegra'09
DANIEL VÁZQUEZ SALLES / Barcelona
A mi pregunta «¿por qué a la gente le gusta la novela negra », un tipo se
da la vuelta e irrumpe en la conversación con un «porque sí». La cuestión
no iba dirigida a él, sino a Paco Camarasa, dueño y señor junto a Montse
del templo mayúsculo de la novela negra, la minúscula librería Negra y
Criminal, situada en una de las callejuelas con olor a raspa de sardina
del barrio de la Barceloneta. El hombre, un espécimen alto, de fuerte
complexión y que esconde su mirada miope tras unas gruesas lentes, hace un
rato que busca en la estantería con la atención dividida de los detectives
y aprovecha la mínima oportunidad para colarse en la discusión. El «porque
sí» no me sirve y le pregunto, con los ojos de Paco protegiendo, por si
acaso, mi retaguardia de balas traicioneras, que profundice en su
reflexión. Sus maneras un tanto toscas podrían confundirle con uno de esos
sabuesos descritos por James Ellroy en L.A.Confidential, pero de manera
inesperada, suelta las amarras de tipo duro y se torna en un ser
nostálgico, casi trágico. «Cuando leo una novela negra clásica son tantos
los recuerdos...», dice para contarme sin dilación que su padre se arruinó
cuando él era joven. Una de las cosas que pasaron a manos de los
acreedores fue la biblioteca. Me muestra un libro. «Hoy he encontrado un
ejemplar de Todos Muertos», dice. Satisfecho, huele las páginas de la
novela de Chester Hirnes, protagonizada por Ataúd Ed Johnson y Sepulturero
Jones. Por su expresión se diría que el viejo ejemplar desprende olor a
sangre coagulada y a noches en vela siguiendo la estela del asesino del
travestí. Ese tipo duro que busca las novelas perdidas cuando era un
adolescente barbilampiño es esclavo de su educación sentimental. Y quién
no.
Por la librería de Paco y Montse pasan muchos amantes de ese género
que armoniza el realismo, la crítica social, el misterio, el costumbrismo,
la ficción-imaginación sólo al alcance del sueño de los perdedores con
derecho a vencer. Paco está acostumbrado a los lectores de novela negra.
Él es su pastor y un pozo de sabiduría del género. Si le preguntas quién
mató a Kennedy, el te recomendará que contrates al mejor detective: «Llama
a Charlie Parker, con permiso de John Connolly, claro». Una vez asistí a
una reunión del club de lectura negrocriminal que organiza Camarasa en una
biblioteca pública, y me vi rodeado de 17 fanáticos lectores de novela
negra, detectives amateurs que dedicaban sus ratos de ocio y de insomnio a
seguir las huellas de los investigadores por si sus padres, los escritores
criminalistas, habían cometido un error en sus pesquisas. Europa fue el
hermano pequeño en tiempos del 'be bop'. Ahora mira a EEUU de frente
Ellroy o Walter Mosley comparten el mismo horizonte existencial que
Mankell o Silva Borges: Stieg Larsson. Si no se ha leído sus dos novelas
('Los hombres que no amaban a las mujeres' y 'La chica que soñaba con una
cerilla y un bidón de gasolina'), no es 'nadie'. Enganchan por ¿el sexo,
la trama, los personajes o por todo junto Además el sueco murió antes del
éxito pudiera subírsele a la chepa.
Edgar Allan Poe. Todo empezó con él.
Caliente aún la celebración de los 200 años de su nacimiento, su herencia
goza de excelente salud: detectives o inspectores como Wallander,
Brunetti, Poirot, Pepe Carvalho o Petra Delicado le deben su ADN. 'Los
crímenes de la calle Morgue' siguen siendo letales. Pepe Carvalho, el
sargento Bevilacqua, Petra Delicado, el inspector Méndez, o los comisarios
Montalbano, Brunetti, el policía Móntale o el teniente Jalitos se han
hermanado con sus vecinos del norte, el inspector Wallander, John Rebus y
el detective Dalgliesh, unidos todos por una compasión y un escepticismo
globalizado. En las horas de asueto, unos prefieren curar sus penas con el
olor del sofrito y el aroma de un Pingus 99; y los otros con un whisky y
un bocadillo de salmón y pepinillo. A sueldos logrados en trabajos sin
lustre. Sus obras fueron ninguneadas por la crítica hasta el punto de que
el existencialista Boris Vian publicó sus libros policiacos bajo el
pseudónimo de Vernon Sullivan. Sobre la actitud de los especialistas,
Borges dijo que «a la novela policiaca le faltaba la necesaria dosis de
aburrimiento para gustar al crítico». «Si no fuese duro, no estaría vivo.
Si no pudiera ser dulce, no merecería estarlo», dice Philip Marlowe. Con
frases así, quién no caería en la tentación de la lectura de serie B.

