Mi?rcoles, 28 de enero de 2009
Publicado por negraycriminal @ 17:32
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LA VANGUARDIA , CULTURAS 28 de enero

LILIAN NEUMAN






 

No le importó confesar que escribió   

el primer libro de esta serie para

sobrellevar un divorcio lleno de

disgustos. Pero, casi treinta años

después, Sue Grafton (Louisville,

Kentucky, 1940) se explaya con alegría

sobre las recientes Navidades

en su casa de Santa Bárbara, con su

esposo horneando pan, y las caminatas

con sus nietas de 6 y 4 años.

En cambio, y en comparación, qué

sola se la ve a su criatura Kinsey

Millhone, aunque esta detective

privada de la ciudad imaginaria de

Santa Teresa (California) cuente

con una de las más sólidas, fieles e

internacionales legiones de seguidores

en 26 países.

La detective Kinsey, huérfana

desde los cinco años, criada por

una tía, con breves y fallidas incursiones

en el matrimonio y una etapa

no muy amable en el cuerpo de

policía, vino al mundo en 1982 con

A de adulterio. Y desde entonces

no ha hechomás que acrecentar su

atractivo y su profesionalidad.

Grafton no cree que Kinsey cuente

con algún poderoso rasgo secreto:

“Nada de secretos. Es una muchacha

con los pies en la tierra, sufre

las mismas contradicciones que el

resto de la gente. Es honesta y tiene

una divertida mirada sobre el

mundo. Jamás busqué en ella un

modelo femenino. Hombresymujeres

pueden sentirse identificados

con su persistencia, su coraje y su

determinación”.

En la biografía de Grafton se encuentran

también estas cualidades.

Disciplina admirable y trabajo

duro en cada uno de sus libros

(además de entrenamiento físico

diario, muchas veces para estar a

la altura de su protagonista). Y no

es una frase hecha decir que Graf-

ton explora una nueva forma en cada

libro.

Cuarenta y dos años tenía cuando

inició su alfabeto del crimen, pero

en verdad escribía desde los 18.

De su paso como guionista en Hollywood

le quedó algo claro: jamás

ha vendido el destino de Kinsey a

una productora. Ella y sólo ella es

la responsable de todo lo que le ha

sucedido –en B de bestias, G de

guardaespaldas o P de peligro: son

veinte las entregas hasta hoy– y de

lo que le sucederá.

Pero el tiempo ha incidido mucho

en el destino de este alfabeto

sobre criminalidad, miseria, egoísmo,

mentiras y secretos. Ocurre

que Sue Grafton fue creciendo como

escritora y como mujer, pero

respetó la edad que tenía su detective

en 1980 y su derecho a evolucionar

de a poco y como es debido,

libro tras libro. En tanto que aquellas

primeras novelas le sonaban

muy contemporáneas al lector,

hoy, cuando transcurre el año 1987

y Kinsey se acerca a los 38 años,

son de otro tiempo: “En esencia, escribo

novelas históricas que requieren

mucho trabajo de investigación,

libros sobre moda en los

ochenta, arquitectura, consultas a

especialistas y búsquedas en internet...

1988 me parece que fue ayer,

pero desde entonces el mundo ha

cambiado muchísimo. Las máquinas

de fax eran lentas, había algunos

teléfonos móviles, pero muy

toscos y con una mínima cobertura.

Todo esto conduce a Kinsey a

llevar a cabo sus investigaciones al

viejo estilo, con mucha planificación,

análisis e ingenuidad”.

Grafton es una autora premiada

yuna rigurosa lectora de nuevos escritores:

“El peor error que puede

cometer un autor novel es negarse

al trabajo de documentación, a basar

sus historias –generalmente

burdas– en la mala televisión”. Y

concluye: “Nada es fácil en este

mundo, y lanovela negra quizás esté

en los primeros lugares de la lista

de los trabajos más arduos”. Admiradora

desde siempre de Ross

McDonald y Elmore Leonard (“su

estupendo oído para el diálogo y

su interpretación de los bajos fondos&rdquoGui?o

además Grafton habla de este

modo de sus contemporáneos:

“Sigo con ojo atento a los autores

que también tienen series alrededor

de un mismo protagonista. Soy

fan de Michael Connelly, P.D. James

y Ruth Rendell. Creo que los

autores de novelas de detectives

son los neurocirujanos de la literatura.

El trabajo es delicado, y requiere

mano diestra. Un argumento

refinado puede llevar años”.

Por ejemplo, en S de silencio Kinsey

tiene que investigar un caso

muy antiguo: la desaparición de

una muchacha en los años cincuenta.

Grafton nos lleva a lo imposible:

a aquel pueblo con sus prejuicios y

su aparente sencillez, y susofocante

oscuridad. Reconstrucción de

época e investigación criminal, ambas

impecables.

Y otro ejemplo, más cerca aún.

Grafton pasó tiempo barajando distintas

líneas narrativas, “pero nada

me parecía bien, me retorcía las

manos y me tiraba de los pelos. Al

fin, un día medije: ‘¡Ya basta de lloriquear

y elige una opción!’”. Y eligió

algo muy difícil: “Un tema muy

duro, pero me comprometí a seguir

adelante, a pesar de mis recelos”.

En efecto, T de trampa narra

una crueldad suprema, la de una

enfermera –un monstruo– que se

aprovecha de un viejo desvalido,

vecino de Kinsey, para maltratarlo

a su antojo y despojarlo de sus derechos

y, por supuesto, de su cuenta

bancaria. Grafton desarrolla esta

escabrosa historia –el abandono

y el maltrato de los mayores– con

verdadera elegancia. Le señalo a

Graftonque tiene una especial manera

de abordar la violencia y que,

de hecho, al principio (e ingenuamente)

todo se presenta muy tranquilo

ynormal (y resulta que se está

cocinando algo muy difícil de soportar).

“Entiendo su punto de vista.

Trato de trabajar lentamente,

llevando el conflicto hasta el punto

en el que la violencia es inevitable.

La violencia es un elemento dramático,

pero nada quiere decir si no

conozco sus razones ni la naturaleza

de los caracteres”.

Para que quede claro que hasta

la Z habrá mucha más tragedia (y

ese ligero humor que se filtra en el

momento más insoportable), la

creadora de esta muchacha que se

lleva tan bien con su casero octogenario

concluye: “Me interesa la

personalidad sociopática, la gente

que carece de empatía y de consideración

por los demás”.


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