Dentro de las novelas de Driss Charaïbi (1926, Mazagan-Drome, Francia 2007)
que tienen como personaje al inspector Ali ( por cierto, no traducidas en nuestro país) siempre hay alguna historia de humorista. En esta caso dedicada al mundo editorial.
Un escritor arabe, cincuentón, se presenta en una editorial seis meses después de haber enviado su manuscrito a la misma, para preguntar si han decidido publicarla. El editor le recibe amablemente, con sus salamalecums etc., en un lujoso despacho y le dice:
_Veamos, cual es su nombre ?
_ Mohammed. Responde el escritor.
_ Ah, sí. Bien, ya me acuerdo. Querido Mohammed, el comité de lectura ha leído su manuscrito. Sus informes dicen que tiene madera de escritor. Esto es seguro. Consideran que algunos pasajes de su obra son verdaderamente poéticos, casi líricos, me atrevería a decir. Pero luego, bruscamente, hay un cambio de tono. De manera brusca cae en una gran cantidad de preceptos morales, sociales, que ensombrece totalmente el ritmo de la trama. Tal como está es impublicable, creemos que su libro no se venderá. Estamos en el siglo XXI querido amigo. Pero con unos arreglos, un retoque aquí y allí, evidentemente con la ayuda de nuestros correctores literarios...
Y bien, ¿qué título tenía intención de ponerle?