Jueves, 07 de mayo de 2009
Publicado por negraycriminal @ 13:25
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Xavier Coma en su Diccionario de la novela negra norteamericana define al Police Procedural como “ subgénero relativo al protagonismo de personajes encuadrados  en las fuerzas policiales, con especial referencia a los procedimientos de las mismas”

 

Durante mucho  tiempo tanto en la novela de intriga, desde Sherlock Holmes a Lord Peter Wimsey pasando por Poirot o Miss Marple no había mucho policía protagonista. En los inicios del género Scotland Yard no es  ni mítica ni eficaz.  A sus inspectores había que explicárselo todo, y en demasiadas ocasiones, dos veces por lo menos.

 

   En los inicios de la novela negra, en las páginas de Black Mask, Dime Detective u otras publicaciones populares, si se hablaba de la policía era para denunciar los distintos grados de venalidad , brutalidad y corrupción, no importaba si era de Nueva York, Chicago o Los Ángeles.

 

Tendrá que pasar mucha agua bajo los puentes de Brooklyn o el Golden Gate para que la policía sea protagonista. En 1956 Ed McBain ( uno de los seudónimos de Salvatore Lombino) crea una ciudad, Isola y sitúa alli el Distrito 87 y su comisaría. Cop Hater (Odio)  era el inicio de una saga de novelas donde un colectivo de policías nos describe los procedimientos de la actuación policial  en su lucha contra el crimen. Hill Street Blues y su Teniente Furillo, deben mucho a la Comisaria 87 y su detective Carella. El éxito de los libros tanto como el de la serie de televisión  abriría el camino a otros autores como John Ball, Joseph Wambaugh, Hylary Waugh o Howard Fast escribiendo como E.V.Cunningham.

 

En España, con Franco no podía haber Police Procedural. El  único procedimiento que utilizaba la policía española era la amenaza y la tortura. Su poder era omnímodo y total. En una España feliz, y en “paz”, los únicos delincuentes eran aquellos que militaban en la conspiración judeomasónica  y el marxismo separatista e  internacional. Los otros delincuentes, los de sangre y asesinatos con hazadas o hachas, orinales o matarratas, eran los que salían en El Caso, gente retrasada y de bajos instintos: arrioperos, jarabos, etc…

 

No era posible hacer novelas cuyos protagonistas fueran remedo de los míticos  ( las pesadillas también pueden ser mitos ) Creix, el bruto y torpe Jacinto López Acosta o el incombustible y cínico Manuel Ballesteros. Connotados miembros  de la  Brigada Político Social. Torturadores todos.

 

Cierto, estaba Manuel González, el jefe de la Policía Municipal de Tomelloso, más conocido por Plinio. Pero, aunque Don Lotario le ayudara, no había mucho que rascar. Aunque tuvo todo nuestro cariño de lectores intuyendo lo que pudo haber sido y no fue.

 

Llegó la democracia, pero pasaría mucho tiempo hasta acostumbrarnos a que no nos temblarán las piernas cuando nos pedían la documentación,  a aquello que contaban de las democracias y las visitas del lechero. Y todavía pasaría más hasta que los policías o guardias civiles pudieran protagonizar, positivamente, una saga de novelas o de series de televisión.

 

De hecho en Prótesis, la excelente  novela que Andréu Martín publica en 1980, la coprotagoniza un  ex policía, El Gallego, pero brutal y despótico. Será a partir de 1995 cuando la inspectora Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón inicien la primera saga protagonizada por un policía, una policía en este caso. Y su aceptación por los lectores suponía lo que ya estaba ocurriendo en la calle: el olvido de aquella policía dictatorial y la aceptación de una policía respetuosa con la Constitución.

 

Y tres años después, en 1998, Lorenzo Silva creaba otra pareja de la Guardia Civil, pero esta vez sin tricornio, sin naranjero, sabiendo lo que es el ADN, y con ordenador. 

 

Pero en ambos casos eran novelas con policias como protagonistas, pero no de policías. Eran individualidades protagonizando investigaciones, en la mejor tradición de sus antecedentes europeos: Martín Beck, Adam Dalgliesh, etc,..

Seguíamos sin tener noticias del Police Procedural en nuestro país. Juan Madrid y su Brigada Central se aproximó bastante, pero primero fue la serie y después los libros.

 

Por que en la televisión sí hemos encontrado los modos y procedimientos de los cuerpos policiales. Pero nos faltaba la palabra escrita.

 

Por eso libros como éste eran y son necesarios. Nos faltaba novelas de policías, del conjunto de ellos. Sabemos poco, de la realidad cotidiana de los policías. Son siempre noticia cuando lo hacen mal por error o por corrupción. Pero sabemos poco de su trabajo cotidiano, del día a día, de cómo se organizan y cómo actúan .

 

Los relatos que conforman este libro nos acercan a una realidad que normalmente desconocemos. Decía Donna Leon que sólo conocemos los policías a través de la imagen o de la palabra impresa. De los clichés que nos han ido creando. Y mejor así, por que cuando se tiene relación con la policía o bien se es una victima de un delito, o bien se es el culpable.

 

Codex 10 se lee como una novela. Y es una novela, con un protagonista coral y colectivo. Qué hay de realidad o ficción, qué parte se debe a la información que Eduard Pascual tiene, y qué parte a su imaginación, eso lo decidirá usted querido lector.

 

Ya era hora que alguien iniciara las novelas de procedimiento en nuestro país. Y que lo hiciera bien.

 

Tiene en sus manos la prueba palpable de que hay un nuevo autor en la narrativa negrocriminal en castellano. Y cuando finalice su lectura estará de acuerdo que es un nuevo autor que ha venido para quedarse.

 

Paco Camarasa

Librero

 

 

 

 

 

 


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