
De un folleto que tienen clavado en el tablón de anuncios de la librería NEGRA Y CRIMINAL.
JUANA LA VALEROSA
(Hechos memorables y atrocidades que cometió esta joven por vengar su amor mal correspondido.)
CAPÍTULO 1
Juanita, Panchito y Sinforosa.
En una ciudad de España
que en hechos notables brilla,
entre las que hay situadas
en el centro de Castilla,
nació de padres honrados
una niña muy galana,
que en la pila del bautismo
le dieron por nombre Juana.
(...)
Esta chica —continúa el poema— creció varonil y aficionada a la caza, y se ganó el mote de Juana la Valerosa. Ella se enamoró de Panchito, pero el padre de Panchito...
(...)
... Un labrador
hidalgo, muy orgulloso,
que no quiso que de Juana
fuera su hijo el esposo.
Otra boda le tenía
preparada más famosa...
(...)
Se puso al saberlo Juana
como una leona furiosa
y juró luego vengarse
de Panchito y Sinforosa.
Las bodas se celebraron
con gran pompa y alegría,
sólo el corazón de Juana
en llamas de rabia ardía.
(...)
Y luego que los dos novios
en su lecho se acostaron
en lugar de amor, la muerte
a manos de Juana hallaron.
Cosióles a puñaladas
y con la sangre que mana
hirviendo de sus heridas
escribes u triunfo ufana:
«A los filos de un puñal
» murió Pancho y Sinforosa,
» para vengar mis agravios,
» yo, Juana la Valerosa.»
Con la punta de un puñal
bañado en sangre, grabado
en la pared de la alcoba,
este escrito fue encontrado.
CAPÍTULO 2
Los Perseguidores.
Escapa Juana con la carabina de su padre y una pistola, y vive en el bosque comiendo bayas salvajes. La persiguen. Ella ve a dos hombres.
(...)
Se pone detrás de un roble
para hacer frente atrevida
y les grita «Alto, señores,
caso que aprecien la vida.»
Los hombres iban armados
y le dicen: «Mira, niña,
que nosotros no venimos
a tener contigo riña.
Venimos sólo a decirte
que te has extraviado
y volverte, si tú quieres,
al camino que has errado.»
(...)
Avanzan sin presunción
que fuera tan decidida,
pero ella haciendo fuego
al uno quitó la vida.
Pretendió el otro vengar
de su amigo la cruel suerte,
dispara... pero no acierta;
tira Juana y le da muerte.
Y en la corteza del roble
que le sirvió de muralla,
escribió con su puñal:
«El que aquí estos muertos halle,
» que sepa que una mujer
» les dio muerte y no alevosa
» más diestra en armas que ellos
» fue Juana la Valerosa.»
CAPÍTULO 3
El Disfraz.
Juana se disfraza de hombre con las ropas de sus víctimas, se apodera de sus dineros y así se atreve a ir a Madrid donde comprueba que todo el mundo habla de los hechos de Juana la Valerosa. Y se ofrecen mil escudos de recompensa por ella. Pero ella no se arredra por nada:
(...)
Tan sólo en desfigurarse
muestra un poquito de anhelo
y de rubio que tenía
se tiñe de negro el pelo.
La desfigura en un todo
una postiza patilla,
un pequeñito bigote
y algo de barba y perilla.
Y de su transformación
hallándose satisfecha,
se viste a lo cortesano
y todo temor deshecha.
CAPÍTULO 4
El Duelo.
Se va Juana a una posada donde hay una niña muy mona que todos los hombres pretenden. Pero la niña se enamora de Juana (que esconde tras el nombre de Dionisio).
(...)
Los otros enfurecidos
fuera el cerebro de quicio,
los tres que eran a la vez
desafían a Dionisio.
La carabina y la pistola,
que es su arma favorita,
tomó Juana y se marchó
con gran frescura a la cita.
Los dos están a traición
ocultos entre una mata,
disparan pero uno yerra
y al otro el tiro le falta.
Con la mayor rapidez
al ver ella tal vileza
les deja a pistoletazos
sin sesos en la cabeza.
El otro que allí aguardaba
del vil plan el resultado,
al ver la idea frustrada
quiere escapar de contado,
pero disparando Juana
contra él suc arabina
lo derriba antes que pueda
resguardarse en una encina.
Les registra los bolsillos
en que halla algún escudito
y en la cartera de uno
le puso el siguiente escrito:
«Por querer matarme a mí,
» a traición alevosa,
» maté a estos tres cobardes,
» yo, Juana la Valerosa.»
CAPÍTULO 5
El Bocazas.
Todo Madrid habla de Juana la Valerosa, y ella se pasea disfrazada entre la gente, disfrutando de su fama.
(...)
Un día oye a un charlatán
que decía a lo valiente,
que para vencer a Juana
bastaría él solamente.
Corre ella a un café
pide papel y tintero
y de la muerte de aquél
de antemano hace el letrero.
(...)
Sigue Juana al jaquetón
y al entrar en calle oscura,
cogiéndole del pescuezo
del valiente se asegura.
Y le dice «Yo soy Juana,
venga usté aquí, señor guapo»,