Viernes, 22 de mayo de 2009
Publicado por negraycriminal @ 19:55
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La Playa de los ahogados

Domingo Villar

 

 

Morriña. (Del gall. port. morrinha).

1. f. coloq. Tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal.

 

 

Esta es la palabra de diccionario, como las que inician todos los capítulos de la novela La playa de los ahogados de Domingo Villar, que impregna este libro que el autor dedica a su padre.


Un excelente novela que no es triste ni melancólica pero que esta impregnada de cariño y de ausencia. Quizás la de un novelista afincado en Madrid que lleva su tierra en la piel, y en sus ojos el mar.


De mar y de hombres del mar, de puertos y de naufragios, aunque también de cepas y vino blanco, trata este libro. Vino blanco es que le gusta beber a Leo Caldas en la taberna del Eligio, su taberna de siempre( mientras dure...)

Leo Caldas policía simenoniano “ nunca le habían interesado los culpables; para Leo Caldas lo fundamental era conocer los motivos, los porqués.”

Al leer La playa de los ahogados nadie podrá  resistirse a buscar en su discoteca el Peer Gynt de Grieg y oir la Canción de Solveig que silbaba el marinero “ rubio como la cerveza”  antes de convertirse en un caso difícil para Leo Caldas.

Una melodía que a Leo le parece que podría ser gallega.


Gastronomicamente hablando ( mi otra vocación) el protagonista de la novela no tiene nada que envidiar a los protagonistas mediterràneos: Carvalho (también gallego de nacimiento, por cierto), Montalbano, Brunetti o Montale. Ya es hora que haya personajes “nordicos” a los que  les guste comer bien. Pata con garbanzos, o fideos con almejas (que los lectores lamentamos que Leo no haya llegado a probar). Platos que seguramente habrían encantado a Pepe Carvalho si detective y comisario hubieran coincidido en Vigo. Y para los afortunados que la puedan poner en práctica, la auténtica receta para los percebes acabados de arrancar de las rocas. U
nos percebes imposibles de cocinar o comer en otro lugar que no sea en Galicia. Aun así, teniendo los mejores contactos: pescadores, vendedores de la lonja, mafiosos de lancha rápida o policías como Leo Caldas que para envidia del lector se hace con dos kilos. " _ Es muy fáci: pones a hervir agua de mar con unas hojas de laurel ..."

 

Lectora-librera negrocriminal que soy, en lo que va de año, muchas novelas leídas me parecieron previsibles, otras prescindibles. Si El Observatorio de Michael Connelly me pareció trepidante, si El poder del perro me pareció adictiva, y si Todos los cuentos de Cristina Fernández Cubas me pareció un lujo, no me sale resumir La playa de los ahogados con un adjetivo. Necesito el sentido del olfato y el del oído.

Esta novela me huele a yodo y algas, tiene el sonido de la resaca de cada ola en la orilla, y es necesario sumergirse en el tiempo de la no ciudad para disfrutarla plenamente.

La librera







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