Mi?rcoles, 17 de junio de 2009
Publicado por negraycriminal @ 13:12
Comentarios (1)  | Enviar



Un artículo de Antonio Lozano en El Periódico, 17 junio 2009


El trabajo del autor como periodista de investigación domina su faceta de fabulador



 

Baja el telón y es hora de quitarse el sombrero. El tercer volumen de Millennium, La reina en el palacio de las corrientes de aire, arranca en el punto exacto donde lo dejó el segundo –Salander y Zalachenko son hospitalizados tras la salvaje batalla filial que ponía la guinda gore a La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina– y se cierra con unas páginas tan redondas que dan un sentido de vertebración y encaje al conjunto difícilmente superable. No hace concesiones este acto final de Larsson. Con diferencia el título más enrevesado, exigente y prolijo de la saga, en él no hay hilo negro como el caso Vanger del primero, tampoco la acción bárbara a base de llamas y hachazos del segundo (sí una episódica pistola de clavos). Es la constatación de que el Larsson periodista de investigación siempre fue por delante del fabulador. Aquí domina un complejo entramado de espionaje y contraespionaje, una guerra por lo general táctica entre defensores y violadores de la ley, que implica un baile de nombres y organizaciones que reta al lector escapista.

Brevemente: dentro de la policía secreta sueca o Säpo se formó en los años 70 un grupo, la Sección, dedicado a toda suerte de prácticas delictivas, incluyendo el reclutamiento del disidente ruso Zalachenko. Temeroso de que su hija, Lisbeth Salander, tire de la manta, la Sección moverá todos su hilos para que en el juicio que la aguarda sea declarado su internamiento en un manicomio, al tiempo que intentará neutralizar a todos sus aliados y efectuar una sanguinaria limpieza interna. La pesadilla de Erika Berger en su nuevo destino laboral, el romance de Blomkvist con una vigoréxica agente y la Hacker Republic son líneas secundarias frente a este pulso entre la rama podrida de la inteligencia y sus heroicos fumigadores.

A pesar de la desmesura de cada novela del ciclo, la suma de todas ellas revela la ambición de Larsson, encaminada a lanzar una agenda de acuciantes temas sociales y políticos a debatir, su ingente trabajo de investigación y pericia para estructurar y ensamblar el caudaloso material. Millennium perdurará por su denuncia de los abusos del poder y de la violencia de género; por su vindicación del periodismo como cuarto poder; y por Blomkvist y Salander, disfuncionales espíritus libres que no soportan la idea de quererse tanto. A los mandos del tinglado, la arrolladora personalidad del malogrado autor, que a buen seguro cambiaría sus toneladas de éxito por un gramo más de justicia.

 

 


Comentarios
Publicado por Invitado
S?bado, 11 de julio de 2009 | 2:53
fenomenal