Martes, 08 de septiembre de 2009
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En 1957 aparecía 
Operación masacre de Rodolfo  Walsh   

En 1965 Ian Fleming
publicaba Operación  trueno  




En septiembre 2009 llega a Negra y Criminal  

 Operación cadera

 

        HASTA PRONTO ( espero...)



Lunes, 07 de septiembre de 2009
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El País 06/09/2009
TRIBUNA: POR MARIO VARGAS LLOSA



Lisbeth Salander debe vivir




He leído 'Millennium' con la felicidad y excitación febril con que de niño leía a Dumas o Dickens. Fantástica. Esta trilogía nos conforta secretamente. Tal vez todo no esté perdido en este mundo imperfecto

 MARIO VARGAS LLOSA

 

Comencé a leer novelas a los 10 años y ahora tengo 73. En todo ese tiempo debo haber leído centenares, acaso millares de novelas, releído un buen número de ellas y algunas, además, las he estudiado y enseñado. Sin jactancia puedo decir que toda esta experiencia me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima y, también, que ella ha envenenado a menudo mi placer de lector al hacerme descubrir a poco de comenzar una novela sus costuras, incoherencias, fallas en los puntos de vista, la invención del narrador y del tiempo, todo aquello que el lector inocente (el "lector-hembra" lo llamaba Cortázar para escándalo de las feministas) no percibe, lo que le permite disfrutar más y mejor que el lector-crítico de la ilusión narrativa.

    ¿A qué viene este preámbulo? A que acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página "¿Y ahora qué, qué va a pasar?" y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad. ¿Qué mejor prueba que la novela es el género impuro por excelencia, el que nunca alcanzará la perfección que puede llegar a tener la poesía? Por eso es posible que una novela sea formalmente imperfecta, y, al mismo tiempo, excepcional. Comprendo que a millones de lectores en el mundo entero les haya ocurrido, les esté ocurriendo y les vaya a ocurrir lo mismo que a mí y sólo deploro que su autor, ese infortunado escribidor sueco, Stieg Larsson, se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado.

Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica. La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas, engolosinado, dichoso, asustado y excitado con los percances, las intrigas, las audacias, las maldades y grandezas que a cada paso dan cuenta de una vida intensa, chisporroteante de aventuras y sorpresas, en la que, pese a la presencia sobrecogedora y ubicua del mal, el bien terminará siempre por triunfar.

La novelista de historias policiales Donna Leon calumnió a Millennium afirmando que en ella sólo hay maldad e injusticia. ¡Vaya disparate! Por el contrario, la trilogía se encuadra de manera rectilínea en la más antigua tradición literaria occidental, la del justiciero, la del Amadís, el Tirante y el Quijote, es decir, la de aquellos personajes civiles que, en vista del fracaso de las instituciones para frenar los abusos y crueldades de la sociedad, se echan sobre los hombros la responsabilidad de deshacer los entuertos y castigar a los malvados. Eso son, exactamente, los dos héroes protagonistas, Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist: dos justicieros. La novedad, y el gran éxito de Stieg Larsson, es haber invertido los términos acostumbrados y haber hecho del personaje femenino el ser más activo, valeroso, audaz e inteligente de la historia y de Mikael, el periodista fornicario, un magnífico segundón, algo pasivo pero simpático, de buena entraña y un sentido de la decencia infalible y poco menos que biológico.

¡Qué sería de la pobre Suecia sin Lisbeth Salander, esa hacker querida y entrañable! El país al que nos habíamos acostumbrado a situar, entre todos los que pueblan el planeta, como el que ha llegado a estar más cerca del ideal democrático de progreso, justicia e igualdad de oportunidades, aparece en Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, como una sucursal del infierno, donde los jueces prevarican, los psiquiatras torturan, los policías y espías delinquen, los políticos mienten, los empresarios estafan, y tanto las instituciones y el establishment en general parecen presa de una pandemia de corrupción de proporciones priístas o fujimoristas. Menos mal que está allí esa muchacha pequeñita y esquelética, horadada de colguijos, tatuada con dragones, de pelos puercoespín, cuya arma letal no es una espada ni un revólver sino un ordenador con el que puede convertirse en Dios -bueno, en Diosa-, ser omnisciente, ubicua, violentar todas las intimidades para llegar a la verdad, y enfrentarse, con esa desdeñosa indiferencia de su carita indócil con la que oculta al mundo la infinita ternura, limpieza moral y voluntad justiciera que la habita, a los asesinos, pervertidos, traficantes y canallas que pululan a su alrededor.

La novela abunda en personajes femeninos notables, porque en este mundo, en el que todavía se cometen tantos abusos contra la mujer, hay ya muchas hembras que, como Lisbeth, han conquistado la igualdad y aun la superioridad, invirtiendo en ello un coraje desmedido y un instinto reformador que no suele ser tan extendido entre los machos, más bien propensos a la complacencia y el delito. Entre ellas, es difícil no tener sueños eróticos con Monica Figuerola, la policía atleta y giganta para la que hacer el amor es también un deporte, tal vez más divertido que los aerobics pero no tanto como el jogging. Y qué decir de la directora de la revista Millennium, Erika Berger, siempre elegante, diestra, justa y sensata en todo lo que hace, los reportajes que encarga, los periodistas que promueve, los poderosos a los que se enfrenta, y los polvos que se empuja con su esposo y su amante, equitativamente. O de Susanne Linder, policía y pugilista, que dejó la profesión para combatir el crimen de manera más contundente y heterodoxa desde una empresa privada, la que dirige otro de los memorables actores de la historia, Dragan Armanskij, el dueño de Milton Security.

La novela se mueve por muy distintos ambientes, millonarios, rufianes, jueces, policías, industriales, banqueros, abogados, pero el que está retratado mejor y, sin duda, con conocimiento más directo por el propio autor -que fue reportero profesional- es el del periodismo. La revista Millennium es mensual y de tiraje limitado. Su redacción, estrecha y para el número de personas que trabajan en ella sobran los dedos de una mano. Pero al lector le hace bien, le levanta el ánimo entrar a ese espacio cálido y limpio, de gentes que escriben por convicción y por principio, que no temen enfrentar enemigos poderosísimos y jugarse la vida si es preciso, que preparan cada número con talento y con amor y el sentimiento de estar suministrando a sus lectores no sólo una información fidedigna, también y sobre todo la esperanza de que, por más que muchas cosas anden mal, hay alguna que anda bien, pues existe un órgano de expresión que no se deja comprar ni intimidar, y trata, en todo lo que publica e investiga, de deslindar la verdad entre las sombras y veladuras que la ocultan.

Si uno toma distancia de la historia que cuentan estas tres novelas y la examina fríamente, se pregunta: ¿cómo he podido creer de manera tan sumisa y beata en tantos hechos inverosímiles, esas coincidencias cinematográficas, esas proezas físicas tan improbables? La verosimilitud está lograda porque el instinto de Stieg Larsson resultaba infalible en adobar cada episodio de detalles realistas, direcciones, lugares, paisajes, que domicilian al lector en una realidad perfectamente reconocible y cotidiana, de manera que toda esa escenografía lastrara de realidad y de verismo el suceso notable, la hazaña prodigiosa. Y porque, desde el comienzo de la novela, hay unas reglas de juego en lo que concierne a la acción que siempre se respetan: en el mundo de Millennium lo extraordinario es lo ordinario, lo inusual lo usual y lo imposible lo posible.

Como todas las grandes historias de justicieros que pueblan la literatura, esta trilogía nos conforta secretamente haciéndonos pensar que tal vez no todo esté perdido en este mundo imperfecto y mentiroso que nos tocó, porque, acaso, allá, entre la "muchedumbre municipal y espesa", haya todavía algunos quijotes modernos, que, inconspicuos o disfrazados de fantoches, otean su entorno con ojos inquisitivos y el alma en un puño, en pos de víctimas a las que vengar, daños que reparar y malvados que castigar. ¡Bienvenida a la inmortalidad de la ficción, Lisbeth Salander!


Domingo, 06 de septiembre de 2009
S?bado, 05 de septiembre de 2009
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El placer del abismo

La novela policíaca vive un auge sin precedentes: los nuevos autores europeos -Fred Vargas, Mankell, Larsson...- ofrecen una cita casi anual con sus investigadores. Y a ella acudimos puntualmente sus lectores

J. ERNESTO AYALA-DIP 03/09/2009 en El país

Se han creado unos detectives o policías
a la medida de los miedos contemporáneos

Los protagonistas son conscientes de que
realizan una operación moral

 

Todos los caminos de la novela policíaca conducen al mal. Palabra tabú durante siglos, deviene ahora un concepto con el que se coquetea. Una compleja connivencia, y hasta a veces se diría insondable fascinación. La posmodernidad ahora mismo permite al mal circular entre los devotos de las profundidades humanas sin el temor antiguo a invocar una realidad innombrable. Tal vez nunca en la historia de la humanidad ha estado el mal tan instalado en la vida cotidiana como en los siglos XX y XXI. Como concepto y como experiencia infernal. "Aquí nosotros somos Dios", le dijo un torturador argentino a una detenida para señalarle su absoluta indefensión ante su abyecta arbitrariedad. Eso pasaba en un antiguo garaje en Buenos Aires, a pocos metros de un mercado y de una juguetería. El mal absoluto ante nuestras propias narices.

Las leyes de la novela policíaca comparten espacio con los más profundos enigmas del alma. Esas leyes decodifican su estructura. Su manera de desenvolverse, la hipocresía y malicia clasistas o la corrupción institucional. Poirot o Sam Spade. Nada le interesa más a este género que el hombre debatiéndose entre su afán de pureza y la infamia incontrolable. Ya lo decía Camus: "No tenemos fuerza para ser malvados, pero tampoco para no serlo".

El gran ensayista italiano Pietro Citati tiene un libro titulado El mal absoluto. Me llamó la atención en el prólogo unas palabras sobre Robinson Crusoe: "Ama (Crusoe) sobre todo el mar, las olas enormes de la tormenta, las olas que se suceden una a la otra, las corrientes, los remansos, la calma, el oleaje en la orilla. Quizá constituya la imagen central de Robinson Crusoe, porque el mar revela el rostro oscuro de Dios, que se confunde con el del Adversario". Esta cita me vino a la memoria mientras leía una novela de la autora francesa de novelas policíacas Fred Vargas. Se trata de Huye rápido, vete lejos (2001). Al comienzo su voz narradora nos dice: "No, Joss no confiaría en las cosas por nada en el mundo, como tampoco confiaba en los hombres ni en el mar. Las primeras os roban el corazón, los segundos, el alma, y el tercero, la vida". Podríamos hacer varias consideraciones. Que el título de esta novela que cito no hace referencia a ningún trámite nuclear de su argumento, sino a un momento de desilusión amorosa como hace mucho que no leo en cualquier novela, sea policíaca o no. Que curiosamente uno de sus personajes femeninos se llama Lizbeth (¿les dice algo este nombre?). Que uno no puede dejar de pensar en algunas llamativas casualidades que nos depara la literatura (aunque uno tiene derecho a descreer a veces de tantas casualidades): como, por ejemplo, el sonido de un viejo e inmortal verso detrás de estas palabras que pronuncia un personaje en la novela de la autora gala: "¿Sabes, Camilla, que el día en que Dios creó a Adamsberg, había pasado una noche muy mala?". Estas palabras recuerdan aquel inmortal verso que César Vallejo escribió casi sobre un París lluvioso de los años treinta: "Yo nací un día en que Dios estaba enfermo. Grave". Y, finalmente, que hay diálogos en Huye rápido, vete lejos que parecen sacados de las palabras que se cruzan el misterioso narrador de La trilogía Dupin, según bautizó a los tres célebres cuentos de Allan Edgar Poe el escritor norteamericano Matthew Pearl, y el mismo excéntrico investigador C. Auguste Dupin.

Pero dejemos esta cuestión que a la postre no hace sino confirmar el calado literario de muchos autores de novela policíaca. Quedémonos ahora con el hecho de que Fred Vargas creó un comisario (Jean-Baptiste Adamsberg) a la medida de la oscuridad del mundo, un hermeneuta del mal buceando en las calles de París, olisqueando la inminente atrocidad. La simbología enseña que el mar es una figura que metaforiza el nacimiento y la muerte. Pero el mar que ven las criaturas de Defoe, según nos enseña Citati, y Fred Vargas indica sólo el camino sin retorno. El abismo inescrutable o el que mata.

En su prólogo a Los secretos de Oxford, a la escritora P. D. James no le cabe ninguna duda de que las novelas de Dorothy L. Sayers fueron escritas "para el ocio". Nada que objetar. Lo hicieron Eliot, Sartre, Luis Cernuda, Juan Carlos Onetti, entre otros. Y a sus 90 años, lo hace el profesor Martí de Riquer. Pero dicha distracción o evasión (Auden, a quien molestaba la palabra evasión cuando se refería a la novela policíaca, consideraba a Raymond Chandler un artista absoluto) tiene un componente que trasciende la mera peripecia detectivesca. No hay en la literatura policíaca detective privado, policía o periodista implicado en una causa criminal (además de conmoverse más o menos por sus consecuencias) que no sea consciente de que su operación de develación es ante todo una operación moral. Y no es un valor añadido de la novela policíaca. Es su razón de ser literaria.

Veamos el caso del escritor sueco Stieg Larsson, autor de la trilogía Millennium. Como hicieron antes otros compatriotas suyos -desde el matrimonio sueco formado por P. Walhöo y M. Sjöwall hasta Henning Mankell-, Larsson nos conduce por el corazón de las tinieblas del modelo perfecto de sociedad del bienestar. Larsson, ahondando en la herida del síndrome de Oloff Palme, ideó un protagonista corriente, sin el aura heroica de los detectives clásicos, en la piel de un pertinaz periodista de investigación. Y lo hizo con un lenguaje neutro (solución paradójica tratándose de tres historias sociológicamente tan comprometidas), sin la voluntad premeditadamente retórica que se aprecia en las novelas de Mankell.

Su investigador Mikael Blomkvist y su colega de dantescas peripecias, Lisbeth Salander, están diseñados con la impronta opuesta al romanticismo e incluso cierto erotismo con que la novela policíaca americana arropó a sus detectives. Las infalibles corazonadas de los Sam Spade y Philip Marlowe, incluso las sutiles inducciones del freudiano investigador Lew Archer de Ross MacDonald, las reemplaza Larsson ahora por los intrépidos razonamientos, y casi inverosímiles conocimientos informáticos de sus protagonistas.

Y ya no hablemos de la voz narradora. Voz omnisciente que nada tiene que ver con el habitual relato en primera persona de los clásicos citados. Una voz que baja a los infiernos junto al lector, incluso otorgándole a éste el privilegio de una información que ya quisieran tener los actores de sus novelas (en el segundo volumen de la trilogía, se nos revela la identidad de los culpables 200 páginas antes del final). En la trama del primer volumen, ya que abordamos aunque sea superficialmente el capítulo estilístico de la trilogía, es capital la idea de la ampliación de una foto. Todo el edificio de la novela se sostiene sobre este artilugio. El mismo que utilizó Cortázar en su cuento Las babas del diablo. Y el que repitió Antonioni en su película Blow Up, basada en el relato. En cuanto al perfil psicópata que dibujó de Los hombres que no aman a las mujeres, también lo abordó, con mayor crudeza y temperatura lírica el islandés Arnaldur Indridason en La mujer de verde.

Los autores de novelas policíacas europeos (también desde hace unos años, los latinoamericanos), han creado unos detectives o policías a la medida de los miedos contemporáneos, reales o imaginarios. Griegos, españoles, franceses, noruegos, suecos o islandeses (por cierto: ¿y los finlandeses?) se dan cita casi cada año con sus respectivos investigadores. Suelen ser muy puntuales. Y con la misma frecuencia, los lectores los esperamos. Como si entre nosotros y ellos hubiera un pacto de indestructible fidelidad. Otro imperativo de la posmodernidad. Recogernos o evadirnos en el confort de nuestra interioridad (viajemos en metro o estemos en el sofá ) al resguardo de los ángeles exterminadores. Mientras, estos viajeros del abismo nos traen noticias del tipo "las lágrimas y las heridas" unen a los hombres, que decía George Bataille. Al lado de las lacerantes verdades que nos muestra la novela policíaca, con su balsámica catarsis y con ese grado de fruición estética que nos procura, traer a colación la maquinaria mercadotécnica que la acompaña, como se suele hacer muchas veces para desacreditarla, me parece una obviedad de mal gusto.

Y para terminar, el género policiaco tiene sus aguafiestas y se dividen en tres clases. Los que no leen a Larsson porque lo comparan con Montaigne; los que no lo leen porque está de moda; y los que no lo hacen por las dos razones juntas. Ellos se lo pierden.

J. Ernesto Ayala-Dip es crítico literario.

 



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El Periódico

2/9/2009 

 ENTREVISTA CON EL ESCRITOR|NACIÓ EN LA CALLE DE TAPIOLES

Francisco González Ledesma«Era un especialista en saber dónde caerían las bombas»

Premiado muchas veces y reconocido mundialmente, ha hecho realidad el axioma que dice «pinta tu pueblo y pintarás el mundo».

RAÚL ARGEMÍ
BARCELONA

Francisco González Ledesma, Paco para los amigos, es una reserva de memoria viviente, un verdadero testigo de su tiempo. Nació en Poble Sec, barrio que lo vio pasar hambre, le enseñó a amar, y le grabó hasta el hueso que hay principios que no se negocian. Todo eso se refleja en su historia como periodista, y en la larga lista de novelas con las que siempre, de una u otra manera, estaba volviendo al barrio del que nunca termina de irse.

--Usted es novelista y sabe que una historia tiene que comenzar con gancho para retener a los lectores: cuéntenos un recuerdo infantil imborrable.
--La guerra civil, que tuve que vivir desde los ocho hasta los once años. Puedo decir, y no es chiste, que soy un especialista en saber dónde van a caer las bombas, por el pitido. Vivíamos al lado de las tres chimeneas, y los bombarderos se empeñaban en destruirlas y dejar sin luz a Barcelona. Mi madre, que era modista de pobres, mi padre, que trabajaba de peón de almacén, duro y cobrando muy poco, y yo nos hicimos grandes conocedores de esas bombas que caían cada dos por tres.

--Poble Sec tenía fama de ser un barrio rojo
. ¿Se exagera mucho?
--Nada, era una fortaleza roja, con obreros dispuestos, aún durante el franquismo, a declarar la república a cada rato. Para mí fue la escuela que marcó mi vida y me enseñó lo que era la dignidad de los trabajadores. A los diez años, me acuerdo, ayudaba llevando sacos terreros al refugio antiaéreo. Allí podía ver a esos hombres, humildes, besar a su mujer, despedirse de sus hijos y ponerse el fusil al hombro para marchar al frente. Estábamos convencidos de que podíamos cambiar el mundo, y que valía la pena hacerlo.

--¿Podía ir a la escuela?
--Iba a la escuela del ayuntamiento, una escuela de calidad republicana. Allí aprendíamos no solo a respetar a los mayores, a los ancianos, también que un animal o una flor, la naturaleza, debe ser tratada con respeto. Eso sí, nada, nada nos quitaba el hambre.

--Mucha hambre.
--Mucha, hasta enfermarse. A mí me salvó una tía de Zaragoza, cuando me puse tuberculoso. La tía Victoria era modista de ricos, de militares y generales franquistas; con ella pude comer todos los días y me mandó al colegio de los hermanos Corazonistas, que eran buena gente.

--Tendría que rezar todos los días.
--Ahí estaba el problema. (Sonríe) Yo era un pequeño rojo que no sabía ninguna oración, así que tuve que disimular y aprender rápido. Más tarde, cuando estaba en otro colegio religioso de Barcelona, recuerdo que nos informaron, felices, del fusilamiento de Companys, diciendo que había sido por “mal español y mal catalán”. No era fácil la vida de un niño en ese tiempo, era un mundo que no me gustaba nada. La lectura me ayudaba a soportarlo.

--¿En los libros encontraba el mundo que le gustaba?
--Los libros me salvaron, me protegieron de tanta miseria. Un tío que era periodista tenía muchos libros bajo la cama y me dejaba leerlos. Había de todo. Novelas, cuentos, historias picarescas, de todo, y yo me los comía.

--¿Por esa necesidad de crear otro mundo llegó a la escritura?
--Sí, creo que esa fue la razón para que escribiera. Pero antes me hice abogado. Un abogado que ganaba dinero, pero que era muy infeliz. No me dejaba indiferente que condenaran a un infeliz con hambre, y soltaran al gran estafador que podía pagarse un abogado. Por eso, un día, me puse a estudiar Periodismo.

--Renegó del abogado y se hizo periodista.
--Dejé atrás el abogado rico para ser un periodista pobre. Fue la mejor decisión de mi vida. Primero estuve en El Correo Catalán, y luego en La Vanguardia. Con mucha suerte, porque los dos directores nos permitían hurtarle el cuerpo a la censura, y los lectores de aquellos tiempos eran maestros en el arte de leer entre líneas. Además, de vez en cuando, algo que uno escribe cambia un poco la realidad, y uno se siente como el cielo (ríe) ¡Y además nos pagan por hacerlo!

--Usted tiene un personaje, el comisario Méndez, muy del Barrio Chino, muy del Paral.lel, escéptico, que cree más en la ley de la calle que en las de los tribunales. ¿Cómo se hizo amigo de Méndez?
--No hubo premeditación, me lo encontré un día en Expediente Barcelona, editada en los años 80. Fue la primera en la que era personaje, y se me quedó como protagonista en ya no sé si son 12 o 14 novelas.

--Desde la primera hasta la más reciente Méndez ha sufrido muchos cambios, pero sigue fiel a su gente.
--Es como todos los policías de cierta edad. Comenzó con métodos franquistas y luego se fue volviendo democrático. Pero sus ideas de lo bueno y de lo malo le vienen del barrio, de niño. Su código es libertad, justicia y piedad. Siempre es comprensivo con el descarriado, pero no perdona ni a los que matan a un niño ni a los que violan a una mujer. Es un marginal dentro de la policía porque cree sobre todo en la ley de la calle. A Méndez no lo gusta lo que hoy ve. Antes, las putas tenían familia, hijos, en el barrio. Ahora, con las mafias, solo se ven pobres chicas, esclavas sexuales, que vaya a saber cuánto maltrato sufren.

--Méndez y usted tal vez fueron juntos a viejo teatro El Molino.
--Me hubiera gustado, pero fuimos cada uno por su lado. Recuerdo que íbamos a los 18 y pedíamos el “champán de la casa”, que no era más que gaseosa, y nos reíamos con los chistes y las canciones que tenían doble sentido. También iban viejitos muy mayores, a mirar las piernas de las chicas, pero decían que iban “por la música”.

--Hoy, ¿cómo ve a su barrio?
--Distinto, y no digo que sea malo o sea bueno, pero es distinto; ya no sé si es mi barrio.



Viernes, 04 de septiembre de 2009
Publicado por negraycriminal @ 11:02
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Este es el título de la novela con la que Philip Kerr ha ganado el III Premio Internacional de Novela Negra RBA. Asi lo hizó publico anoche, un jurado compuesto por Anik Lapointe, Antonio Lozano, Soledad Puértolas, Lorenzo Silva, Suso de Toro y Paco Camarasa. Por unanimidad.

 

Es la sexta novela protagonizada por Bernie Gunther y creemos que es mejor, mucho mejor que las anteriores. Los que disfrutamos con las andanzas, peripecias,  y los geniales diálogos de Bernie Gunther, sabíamos que después de dejar la policía criminal había trabajado como detective de hotel. En ése período, en 1934, se sitúa la primera parte de la novela, denunciando la connivencia entre las autoridades nazis y el crimen organizado estadounidense, para evitar el boicot a los Juegos olímpicos de Berlín.

 La Habana de Meyer Lanski y Fulgencio Batista es el escenario de la segunda parte de la novela. Una ciudad, una época y un ambiente fielmente capturado en las páginas de la novela. Philip Kerr ama el cine, es un excelente lector, y lo que es mejor para nosotros, nos lo sabe transmitir.

 

En Octubre Si los muertos no resucitan, en castellano y en catalán, en las librerías. Una excelente noticia para comenzar la “rentrée” literaria. “¿De qué me sirve haber luchado en Éfeso como un hombre contra las fieras, si los muertos no resucitan? Comamos y bebamos pues mañana moriremos” Corintios 15.32. Ésta es la cita con la que Philip Kerr inicia su absolutamente recomendable última novela.

 

Apenas hay autores del África subsahariana traducidos: la excelente Ramata del senegalés Abassé Ndione, El asesino de Banconi del maliense Moussa Konaté. A ellos se une ahora.el togolés Theo Ananissoh, del que Alpha Decay acaba de traducir Un reptil por habitante. Traduce Robert Juan-Cantavella.

 

Darles noticia de la aparición en edición de bolsillo de Un crímen en Buckingham Palace, de Anne Perry, Tres hermanos de Elisabeth George ( de la que en unos días Roca nos dará una nueva novela de Linley ) y Casi muerto, de Peter James ( nuevo libro en Octubre )

 

Bernie Gunther es un detective que existe en el papel y en nuestra memoria. Si queremos saber cosas de los detectives reales, podemos leer Historias de detectives, de David Escamilla, que edita Styria. No hay mito, pero hay realidad.

 

Sangre derramada. Ése será el título en castellano de la segunda novela de Asa Larsson, “la otra Larsson”. Estará en Enero próximo en las librerías y también es de la abogada Rebecka Martinsson.

 

Saludos negrocriminales y buena lectura

 




Publicado por negraycriminal @ 10:09
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POSANDO CUAL "VEDETTE" NEGROCRIMINAL



EN LA CALLE.
 PHILIP KERR CON JON, EL MEJOR TRADUCTOR DEL MUNDO MUNDIAL
( LO HEMOS VISTO TRADUCIENDO E INTERPRETANDO EN DIRECTO A
HENNING MANKELL, MICHAEL CONNELLY Y JOHN CONNOLLY...),
Y CON PACO-LIBRERO ALIAS "CON VOZ PERO SIN VOTO".









Publicado por negraycriminal @ 9:52
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"Philip Kerr gana el III Premio Internacional de Novela Negra RBA

 

La novela ganadora, Si los muertos no resucitan,
culmina la saga de “Berlín Noir”
 protagonizada por el famoso detective Bernie Gunther

 

Barcelona, 3 de septiembre de 2009. El escritor escocés Philip Kerr (Edimburgo 1956) es el ganador de la tercera edición del Premio Internacional de Novela Negra RBA. Con Si los muertos no resucitan, la sexta novela protagonizada por el famoso detective alemán Bernie Gunther, Kerr se alza con el galardón mejor dotado económicamente en el género negro, cuyo reintegro asciende a los 125.000 euros.

 

Si los muertos no resucitan, traducción del original If the dead rise not, culmina la saga de “Berlín Noir”, que recrea con gran detalle la Alemania Nazi y su persistencia posterior. Es Berlín, año 1936 y la ciudad se prepara para la celebración de los Juegos Olímpicos. Bernie Gunther trabaja en el Hotel Adlon, allí sigue la pista a varios robos y a la muerte de un cliente y conoce a Noreen Charalambides, una periodista que llega a la capital alemana para investigar la declaración del presidente del Comité Olímpico americano, quien no reconoce ninguna discriminación a la población judía en pleno auge de antisemitismo. Ello junto con el robo de una valiosa antigüedad a un cliente americano es el punto de partida de una historia de corrupción y crímenes que une las altas esferas del nazismo con el crimen organizado estadounidense. Veinte años después, los protagonistas se volverán a encontrar en la Cuba de Batista, que será de nuevo escenario de corrupción y homicidios. Philipp Kerr introduce dos escenarios y épocas en su nueva novela, estableciendo paralelismos entre dos momentos históricos de gran importancia: el fin de Weimar y llegada de Hitler en Alemania y el fin de Batista y la inminente revolución de Castro en Cuba.  

 

La Alemania nazi es el escenario común de las obras protagonizadas por el detective Bernie Gunther y un tema de gran interés para Philip Kerr, que estudió un posgrado de Filosofía alemana: “mi fuente de inspiración para escribir las novelas es saber cómo llegaron al poder los nazis, intentado aproximarme a la época  pensé que la mejor perspectiva me la podía dar un policía alemán”  afirma el ganador de la tercera edición del Premio Internacional de Novela Negra RBA, cuya obra ganadora se publicará a finales del próximo mes.

 

 

Philip Kerr (Edimburgo, 1956) es uno de los autores de novela negra más importantes de la literatura contemporánea gracias a la trilogía Berlín Noir (Violetas de Marzo, Pálido criminal y Réquiem alemán), ampliada posteriormente con Unos por otros y Una llama misteriosa y que ahora completa con Si los muertos no resucitan. Kerr estudió Derecho en la Universidad de Birminghan, pero pronto abandonó la abogacía para dedicarse primero a la publicidad y más tarde al periodismo y a la literatura. Además de novela negra, Kerr también es autor de literatura infantil.

 

El portavoz del jurado del Premio, Lorenzo Silva, ha destacado el alto nivel de los 167 textos que se han presentado a concurso, parte de ellos firmados por autores muy importantes, y ha definido la novela de Kerr como: “una historia llena de elementos de interés, con un trabajo de investigación y documentación histórica excepcional  y un estilo que remite a los grandes del género como Raymond Chandler, de quien Kerr es un lector aventajado”. Además de Lorenzo Silva, el jurado del Premio está formado por Soledad Puértolas, Suso de Toro, Antonio Lozano, la editora de RBA Anik Lapointe y Paco Camarasa, secretario con voz pero sin voto. Los manuscritos se entregaron en castellano o en inglés y procedieron mayoritariamente de Europa, América (del Sur, Centro y Norte) y en menor cantidad de  Asía y Oceanía. La mayoría de textos presentados provenían de particulares y en el 40% de los casos hubo intermediación de agencias literarias. Como en años anteriores, el certamen ha recibido muy buena acogida por parte de los escritores: “El Premio Internacional de Novela Negra RBA se está consolidando a una gran velocidad y refuerza la apuesta del Grupo RBA por la novela negra, un compromiso que inició con la Serie Negra, dedicado a títulos de este género, y que cada vez tiene más lectores y reconocimiento” según afirma Oriol Castanys, Consejero Delegado de RBA Libros. En años anteriores, se alzaron con el Premio Internacional de Novela Negra RBA  Francisco González Ledesma con Una novela de barrio y el escritor italiano Andrea Camilleri, que obtuvo el premio en 2008 con La muerte de Amalia Sacerdote. "

 


Publicado por negraycriminal @ 9:48
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Bienvenidos todos y todas. Ya conocen nuestros deseos de que no falte nadie al otro lado de la pantalla en que ustedes nos leen.

 

Lamentablemente quien no estará es Thierry Jonquet, el potente novelista francés, muerto de un infarto a principios de Agosto. Estuvo en Barcelona en el 2005 en las Jornadas de Homenaje a Manuel Vázquez Montalbán. Era uno de los autores fundamentales del “polar” francés. Y naturalmente, conociendo a nuestra “industria” editorial, prácticamente no estaba traducido. Lo descubrimos, como a tantos otros, en la mítica Etiqueta Negra de Editorial Júcar. Tarántula, una auténtica sorpresa. Por lo dura y por lo corta. Impresiona más saber que está escrita en 1984.

 

Seguirían La bestia y la bella, URSS go home ( esta firmada con el seudónimo de Ramón Mercader) y posteriormente Ediciones B traduciría Ad Vitam Aeternam. En la librería aun nos quedan unos pocos ejemplares de estos títulos. Y después…. El olvido.

 

Si al menos Thierry Jonquet hubiera tenido una abuela sueca.. o un primo hermano noruego.

 

Y esta noche, se falla el III Premio Internacional de Novela Negra RBA. Ya saben. 125.000 euros de premio a una novela negrocriminal. Ya saben que los anteriores ganadores fueron  Francisco González Ledesma con Una novela de barrio ( ¡ Cómo nos gusta Méndez!) y Andrea Camilleri con La muerte de Amalia Sacerdote / La mort d´Amalia Sacerdote. El listón está alto, pero estamos convencidos que los de RBA nos darán una buena novela.

 

Pero recuerden que hasta el 30 de Septiembre aún pueden enviar sus originales al Premio L´H Confidencial de novela negra 2010, que convocan el Ayuntamiento de L´Hospitalet y Roca Editorial. Las bases en www.rocaeditorial.com y este año también pueden presentar originales en catalán.

 

Y tambíén el 30 de Septiembre es la fecha límite para participar en el juego de reescribir un final para una novela mítica: Diez negritos. En el 70 aniversario de su publicación ( hay novelas que aguantan perfectamente el paso de los años ) los de RBA nos proponen un “desafío” y nos regalan un viaje.
Las bases en
http://www.dieznegritos.rbalibros.com/index.php?page=concurso

 

Más premios. En Julio,  Mariano Sánchez Soler ganó el García Pavón en su XII edición, con Nuestra propia sangre, que imaginamos que Rey Lear editará en breve. Es una pena que haya pasado casi clandestinamente, este premio que en anteriores ediciones ganaron Javier Abasolo, Raúl “Scherezade” Argemí,  Paco Piquer, José Luis Múñoz, entre otros.

 

Estuvimos con Lorenzo Silva y nos aseguró a nuestras repetidas preguntas que el año que viene habrá nueva novela del Brigada Bevilacqua y la Sargento Chamorro. Y nos dijo que no dejáramos de leer La mala espera, de Marcelo Luján, la novela ganadora del premio Ciudad de Getafe de este año.

 

10 de Septiembre. Fecha límite para apuntarse al curso que organiza la Escuela Julián Besteiro, sobre Historia de la novela negrocriminal. De Poe a Stieg Larsson. Dias 21 al 24 de Septiembre, de 19 a 21h. y es gratuito pero se necesita inscripción previa.¿ Donde? Entrando en


http://www.ugt.es/ejb/cultura/seminari/09-07-21-encuentrosennegro/09-07-21.htm

 

Y no se preocupen, si ya han terminado el tercer tomo del Larsson, nos esperan muchas y buenas novelas en un cuatrimestre final, o un inicio de curso, teñido de buena narrativa negrocriminal.

 

Saludos negrocriminales y buena lectura