Martes, 24 de noviembre de 2009
Publicado por negraycriminal @ 12:51
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de Lilian Neuman en el suplemento Culturas de La Vanguardia


el último Wallander

“Triste, solitario y final”

  El último caso del célebre inspector de policía de la ciudad de Ystad, Kurt Wallander. Con El hombre inquieto, Henning Mankell pone punto final a la serie iniciada en 1991.

 



 

   No tenía el humor heredado de Chandler, ni el del Phillip Marlowe ya viejo, hermosamente recuperado por Osvaldo Soriano (a quien le robo el título de esta despedida). Y tenía razón Andrea Camilleri al decir que comía como un pobre desgraciado, y que a algunas de sus aventuras a veces les sobraban páginas.  Pero nada de esto,  tampoco su terco idealismo amoroso, o el alcoholismo en el que cayó después de matar a un hombre (El hombre sonriente, 1994), sirven de consuelo. He dado vuelta la última página de esta novela envuelta en una profunda y neblinosa  tristeza, propia de ese lugar de Suecia llamado Escania. 

  Lo cierto es que las pesadas brumas nunca intimidaron a este policía, aunque de ellas surgiese, en medio de una carretera, un horrendo maniquí sentado en una silla (preludio de un perverso crimen al inicio de El hombre sonriente), o un despiadado amante de los rituales (Pisando los talones  1997), o la crueldad adolescente en la notable Cortafuegos (1998). Y también surgían de las brumas la supuesta justicia y el supuesto bienestar de su país, para llenarlo de desasosiego. Las brumas, o precisamente ellas, hicieron de Wallander el hombre que siempre se interrogaría a sí mismo, incluso para descubrir en él prejuicios raciales. Eso sucedía en  La leona blanca (1993), una de las novelas en donde Mankell rinde tributo a su segunda patria llamada África.

  Se va del mundo de la ficción (como ya advirtió Mankell, no se ha muerto) uno de los policías más valientes ante la realidad de la que, no obstante, y a sus sesenta años, afirma no entender nada.  Se va enredado en una trama a lo John Le Carré, porque esta ha sido la evolución y la reconocida deuda literaria y moral del propio Henning Mankell, evidente en estos últimos años en sus libros fuera de la serie Wallander. Se va comprometido e indignado: “Sigo siendo el mismo personaje desconcertado en la periferia de los grandes sucesos políticos y militares. Soy el mismo hombre inquieto e inseguro y me encuentro tan al margen como antes”

 

El caballero Wallander

   Kurt Wallander irrumpió en escena cuanto tenía 41 años, en Asesinos sin rostro (1991). Aquel cuarentón afable abandonado por su esposa ya era ese hombre  inquieto que abordaba las líneas maestras de su creciente poderío investigador. En ese entonces, todavía vivía su maestro Rydberg, a quien citará y recordará a lo largo de toda la serie. Ese hombre que “nunca pensaba de forma rutinaria”, es el responsable de que Wallander nos sacuda del letargo cuando, en medio un caso oscuro como el agua estancada,  abra los ojos e intuya, para concluir con su proverbial frase: “aquí  hay algo  que no encaja”. Ryderg se lo decía una y otra vez: “tienes que buscar conexiones, aún allí en donde parece imposible encontrarlas”.

Y esta capacidad crece en Wallander, entrega tras entrega. Esta última es una de sus novelas más políticas, y más duras con su país, sobre todo durante la guerra fría. Wallander escucha atentamente a su enigmático consuegro -militar retirado-, y también a un afable y mentiroso ex agente de la CIA, y a muchos otros testigos que alimentan un relato sobre espionaje y defensa territorial, sobre la OTAN y el enemigo soviético, y submarinos no identificados, en donde “algo no encaja”.

    Este hombre que pensó seriamente en abandonar la policía para entrar a trabajar en una fábrica de caucho, tuvo su amor para siempre con una mujer llamada Baiba. La joven viuda de un intachable policía letón (asesinado) consiguió que Wallander, en Los perros de Riga (1992),  acudiera, como un caballero andante de los archipiélagos del norte, a la boca del lobo. Llegaron nuevas entregas de la serie, con Wallander recordándola, -siempre fue un tipo dado a las ensoñaciones- y ella regresa, por fin, en este libro. Y ya vera el lector por qué. Y también regresa su ex esposa Mona.

  Wallander sabía de su soledad, pero no sabía como remediarla, del mismo modo que sabía que era diabético pero se olvidaba de controlar su insulina.  Pero, si de verdad hay que decir qué fue lo que más hirió a Kurt Wallander, hay que regresar a Pisando los talones (1997). Allí, un compañero aparece asesinado en su casa.  Saber que un tipo impecable, digno y discreto como Svedberg tenía una vida secreta, conmocionó profundamente a Wallander. “La verdad es que no sabemos nada los unos de lo otros, trabajamos juntos, a veces durante toda la vida profesional,  pero en realidad qué sabemos de nuestros compañeros”. Y eso no es todo: ese joven policía afirmaba que Kurt Wallander era su mejor amigo. Wallander, por supuesto, no tenía noticia de eso. Y para Wallander, tal vez la amistad haya sido su mayor fracaso, mayor que el vivido con Baiba. En este final de la serie sobrevive, como viejo compañero, el agente Martinson. Una breve visita en la que, de repente, comienza a llorar amargamente. Y luego se despide como si nada. La incomunicación, la fugacidad en el trato y la incapacidad de revelar algo de sí mismo al otro fue un gran tema en la serie Wallander.

   Claro que está su hija Linda, y su nieta Klara. Pero El hombre inquieto es una sonata crepuscular, una sonata de espectros. Wallander, como siempre había soñado, vive en el campo, y pasea con su perro. Esta es la imagen con la que debemos quedarnos. ¿Nos rompe el corazón? Claro que sí, porque allí nosotros ya no pintamos nada.

  

 




Comentarios
Publicado por El Tano
Mi?rcoles, 25 de noviembre de 2009 | 4:21
Mas all? de la tristeza por la despedida de uno de los pocos detectives de novelas policiales que van quedando, me alegr? que hayas honrado a otro amante de este genero, como Osvaldo Soriano, utilizando como titulo el nombre de su primera novela.
Publicado por Invitado
Martes, 01 de diciembre de 2009 | 19:53
Cierto, se despide un compa?ero de viaje, pero ah? quedan los libros, a mano para volverlos a degustar y sumergirnos en la niebla y el fr?o de Escania, y en los alambicados pensamientos del entra?able Wallander.
Publicado por Invitado
Viernes, 04 de diciembre de 2009 | 12:37
No me ha gustado nada la ?ltima novela de Wallander.
Inmerecida crueldad con el personaje. Se nota que Mankell ha querido vengarse por celos de la fama adquirida por su personaje. Adem?s no sabe escribir sobre esp?as, no es lo suyo.
Publicado por Invitado
Lunes, 07 de diciembre de 2009 | 14:45
Tampoco a m? me ha gustado esta ?ltima novela: despu?s de hacernos sufrir durante toda la saga con la vida triste y solitaria de Wallander, nos pone las banderillas. Y encima, la historia es algo aburrida. Si lo s?...