Martes, 30 de marzo de 2010
Publicado por negraycriminal @ 13:17
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por LILIAN NEUMAN



“La estrategia del agua”

Lorenzo Silva/ Destino/380 páginas

   

   “La ley y la trampa”.

 

   A Bevilacqua siguen llamándole Vila, entre sus compañeros de la Guardia Civil. En estas mismas páginas, lo llamé “el sargento de difícil apellido”. La verdad es que pasan los años y él también se vuelve un tipo difícil. Cuando empezamos a conocerlo era un hombre tirando a tranquilo y, además, culto. Diez años después, lo encontramos furioso y desengañado, y su compañera, la joven Chamorro, teme que su compañero y amigo –aunque hay tantas cosas que no saben uno del otro-.se esté volviendo un tipo derrotado por la impotencia y la injusticia.

   Y entonces vuelve a la acción: Un hombre ha sido encontrado muerto en el ascensor de su edificio. Drogas, o un ajuste de cuentas; quién sabe qué escondía esta persona que tenía en su biblioteca unos cuantos volúmenes dedicados a la historia de las Waffen SS. Y también, y debidamente subrayado, El arte de la guerra de Sun Tzu. ¿Qué clase de batalla libraba en su vida, qué ideología lo impulsaba?

 Nada de lo que he contado es pista suficiente para entender quién fue y por qué peleó y diseñó su estrategia el difunto Óscar Santacruz.  De eso se encargarán estos dos investigadores, y con armas muy interesantes. Desde la escucha telefónica al interrogatorio sagaz y, cada tanto, las tajantes opiniones de Bevilacqua que, con todo motivo –y con humor e ironía, y con sensibilidad- convierte este caso en un deber moral y personal.  

   Sin adelantar una línea del sorprendente derrotero de esta investigación, sepa el lector que Lorenzo Silva se compromete a fondo en un asunto delicado, triste, indignante. Y que lo hace partiendo de un caso real. Porque todo esto sucede y es difícil, muy difícil, identificarlo en la marea legal, en el aluvión de expedientes y en el despacho de un juzgado. Prevariación, violencia de género, competencia de jueces, posibilidad –o no- de obrar como corresponde cuando –he aquí la tragedia- se trata de utilizar la ley para convertirla en una horrenda trampa. De todo eso –y de la voluntad de, pese a todo, obrar con buenas armas- trata esta tan buena novela.    







“Calle de la Estación, 120”

Léo Malet/Libros del Asteroide
/240 pg

 “Niebla en el puente de Tolbiac”
/
173 páginas

 

 

"Burma entre brumas"

 

 En 1941, en la Francia ocupada por los nazis, el detective Néstor Burma es un tipo que ya es leyenda: el típico cabeza dura que fuma en su histórica pipa, aunque esté en una cama del hospital militar. Días después, Burma está a punto dejar la ciudad de Lyon cuando, entre las brumas del andén, desde su ventanilla, ve aparecer (después de tanto tiempo, una eternidad) a su fiel colaborador en su agencia de detectives parisina “Fiat Lux”. Cuando Burma lo ve entre el gentío, grita su nombre con una mezcla de urgencia y felicidad. Así era la guerra, y así se gritaba el reencuentro con alguien de los tiempos en que la vida era normal. Burma acaba de ser liberado de un campo de prisioneros alemán, sobrelleva ese largo viaje bajo la Francia de Vichy y, todavía, le aguarda el París ocupado, con sus zonas oscuras, sus restricciones, y esos letreros que prohíben el paso a los judíos. Y también los bares llenos y  esas fiestas privadas que ofrecen la ilusión de que allí afuera no sucede todo esto que Malet cuenta en detalle, al mismo tiempo con esa urgencia medio desesperada.

  El tren lo lleva a ese París, pero a Burma no se le ha escapado, en aquella estación, la figura de una bella mujer –igual a una famosa actriz francesa- acechando desde un rincón del andén. Y, mucho menos, la imagen de su antiguo colaborador abatido por la espalda, cuando le transmitía un mensaje que él y a había recibido días atrás. 

 

 Léo Malet nació en 1909 en Montpellier, vivió ochenta y siete años y hoy es el padre de la novela negra francesa (y predecesor, por ejemplo, de las novelas en tiempos de guerra de  Alan Furst). No se imaginaría eso cuando era un adolescente huérfano en las calles de París, frecuentando el anarquismo y, años después, entre oficios varios, el grupo surrealista. Y un día, se propuso contar los misterios de París paso a paso, situando cada historia en un arrondisement. Aunque no cumplió exactamente con el plano de la ciudad, la interpreto desde diversos ángulos, también el de su pesada portera: “¡Pobre Francia! ¡Cómo la están dejando!”

   A Burma y a Malet les pasaron cosas parecidas. A los dos en su juventud los echaron de los bares por no tener con que pagar la copa. Burma cuando era anarquista pedía un café y seis croissants, y sólo pagaba uno. Los dos se ganaron París, glorioso también en Niebla del puente de Tolbiac, a fuerza de caminar, pasar el mismo frío, de desconfiar, investigar e imaginar para afirmar, muchos años después: “el hombre que no fue anarquista a los dieciséis años es un imbécil”. Y también para describir la ciudad con frases inspiradas.

 En esta novela ya estamos en los años cincuenta, en plena guerra de Argelia y ese aire frío e inclemente. “Un sol amarillo lamía las acacias descarnadas de la calle Tobiac”. Por allí anda Burma, que ha recibido una llamada del pasado –de su pasado anarquista- y la llamada de un amor sorprendente con una muchacha gitana. Burma tiene un humor que no puede calificarse de ácido, o desencantado. “Me he pasado la vida rodeado de fenómenos. Guardo una hermosa colección de ellos entre mis recuerdos”. Es un tipo que siempre que puede pone en evidencia su incondicional admiración por las mujeres y, por ejemplo, su archivo lleno de fotos de Marilyn Monroe. Pero no dirá de una sola de ellas –como Marlowe, a fuerza de ser engañado- que es “una prójima”.

  Vale la pena llegarse hasta la Biblioteca Jaume Fuster. Allí, durante todo el mes de marzo, aguarda Néstor Burma llevado a comic por su mismo autor y Jacques Tardi. Unos libros portentosos publicados por Norma, en donde vemos a Burma expresivo, gracioso y fiero, siempre joven aunque se haga mayor: Burma entre brumas, en una fiesta privada en donde está la joven y promisoria actriz “Simone Sinoret”, o adentrándose por una negra calle.    

    



Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 01 de abril de 2010 | 18:34
Me resulta curiosa la coincidencia de que mi ?ltimo pedido a Negra y Criminal hayan sido las dos novelas de la rese?a, sin conocer previamente el contenido del suplemento Culturas.