CON EL LEO CALDAS DE OJOS DE AGUA POR VIGO...

“_ Disculpe, Ángel. Está usted en contacto con Patrulla en las ondas - le recordó Losada
_¿ Quiere realizar alguna pregunta al inspector Caldas?. " P.13

“(…) Con caligrafía infantil, unas letras de forja de hierro clavadas en la piedra formaban una palabra: Eligio.
Leo Caldas empujó la puerta.
Desde que varias décadas atrás Eligio se hiciera cargo del establecimiento, sus paredes rústicas venían siendo refugio de lo más excelso de la ciudad. La redacción del diario Pueblo Gallego, a pocos metros, había atestado la taberna de periodistas atraídos por el buen vino de la casa. Poco a poco, se habían acercado a la estufa de hierro del local juristas, intelectuales, políticos, poetas y pintores.
Desde su rincón, Lugrís había dibujado medusas, caballitos de mar y barcos sumergidos en el mármol de la mesa.”
“(…) Junto a los barriles de roble apilados en el suelo irregular, habían conversado Álvaro Cunqueiro, Castroviejo, Blanco Amor y otros hombres insignes.”
“Con Eligio en el cielo, la taberna había pasado dignamente a mano de Carlos sin perder el espiritu antiguo de su suegro ni el ambiente ilustrado que con él había adquirido.”
P.39

“Cuando el inspector Leo Caldas salió de Eligio pasaban de las nueve y media de la tarde. El sol ya se había puesto, pero el día todavía conservaba luz.
Eligio no sólo era una especie protegida por el aroma a piedra, madera y sabiduría. Su secreto mejor guardado no estaba a la vista , sino en la pequeña cocina apartada de los ojos del visitante, en la que preparaba el pulpo más tierno de la ciudad. Leo caldas había cenado en la barra, charlando con Carlos, mientras los catedráticos debatían en la mesa contigua.” p. 83

“(…) Caldas atravesó la calle Príncipe, cruzó la Puerta del Sol y pasó bajo un arco que en otro tiempo había sido una de las puertas de la ciudad vieja.

Descendió por el empedrado dejando a la derecha la biblioteca universitaria y la casa episcopal. Tomó la calleja que llevaba a la concatedral, en dirección opuesta al templo, y bajó por la calle Gamboa. En el número 5 estaba el Grial.

Desde fuera podría haber pasado por una taberna inglesa, con listones de madera oscura enmarcando la pequeña fachada blanca…. p. 84
( Ahora en el Grial no hay pósters ni música de jazz, el cartel de Grial esta por reponer después que una tormenta lo mandó a volar y rescató de debajo el que había tenido anteriormente, el de una pequeña y cálida librería. )

José, quién regentó la librería y ahora se ocupa de dar de beber al sediento, tío orgulloso del sobrino escritor. Él cuida nuestros vasos y , más tarde, saca de un cajón secreto unos libros que nos muestra con cariño.
