Martes, 14 de diciembre de 2010
Publicado por negraycriminal @ 19:38
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El Pa?s/ Cultura ?13/12/2010

DIEGO A. MANRIQUE

Washington sin monumentos

George Pelecanos es el gran moralista de la novela negra actual

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Aviso: conviene armarse de valor para entrar en la secci?n de novela negra de una gran librer?a espa?ola. De valor y de ropa de abrigo: la mitad de las estanter?as tienen car?mbanos; los originales acaban de aterrizar desde pa?ses n?rdicos y todav?a est?n semicongelados.

Asusta tambi?n la abundancia de tomos sobre asesinos en serie. Si el planeta est? repleto de serial killers aburridos, como aseguran tantos charcuteros literarios, cabr?a imaginar que algunos acudir?n a los supermercados culturales en busca de inspiraci?n para complicar a?n m?s sus retorcidos modus operandi.

Por el contrario, si uno quiere simplemente un libro reciente de los maestros realistas, los expertos en acci?n imprevisible y di?logos certeros, lo tiene mal. Frustraci?n: solo encuentro un t?tulo por cabeza de Elmore Leonard y George P. Pelecanos. Perverso boom de la novela negra: in?til buscar a los colosos ni, por supuesto, sus t?tulos esenciales. Por el contrario, las estanter?as est?n repletas de mediocridades, reiteraciones, exotismos varios y mucha serie Z.

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Se intuye el pr?ximo crash: ediciones desordenadas, portadas equ?vocas, traducciones sospechosas, saturaci?n de basura. Pero esas especulaciones sectoriales pertenecen a otro departamento. Lo que yo deseaba era alentar a la lectura de George Pelecanos, cuyos libros ostentan ya el reclamo obligado: "Por el guionista y productor de la aclamada serie dram?tica The wire".

Todo vale para vender, supongo, aunque extra?a que no mencionen que Pelecanos es igualmente el autor de un par de cap?tulos de Treme. Tuvo suerte William Faulkner de no vivir estos tiempos de sinergias publicitarias: le hubieran anunciado como "el guionista de El sue?o eterno y Tener y no tener". Con foto de Humphrey Bogart.

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Como Faulkner, tambi?n Pelecanos posee un territorio propio: el Washington urbano. No confundir con el Washington de las noticias, la capital federal de El ala oeste de la Casa Blanca: en sus libros no aparecen pol?ticos, altos funcionarios o grupos de presi?n. Esos llegan y se van; Pelecanos prefiere los nacidos y residentes en el distrito de Columbia, generalmente de clase trabajadora.

Al igual que Nueva Orleans, Washington es una chocolate city: la mayor?a de sus habitantes son negros y pobres. En realidad, el tema central de Pelecanos ser?a la posibilidad de convivencia entre negros y blancos, personificados en lo que all? llaman una "minor?a ?tnica", los descendientes de griegos duros (como el propio autor), inmigrantes con una s?lida ?tica del trabajo.

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Los protagonistas de Pelecanos se desenvuelven por caf?s, tiendas de discos o electr?nica; en otros libros, han sido polic?as o funcionan como investigadores privados. Inevitablemente, se encuentran con el Mal: delincuentes despiadados, traficantes implacables y psic?patas, tanto negros como paletos blancos venidos de Estados sure?os donde las armas circulan sin restricciones. Y deben salir del aprieto sin recurrir a las fuerzas de la ley, agrupados por imperativos de familia, amistades lejanas, favores prestados, experiencias compartidas. A pesar del decorado metropolitano, estos ciudadanos comparten la ?tica del western: el sentido de justicia y la necesidad de seguridad les llevan a un enfrentamiento frontal con los malvados.

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En el universo de Pelecanos, nadie parece depositar esperanzas en programas sociales. Solo sirven las decisiones individuales, la mano tendida en un momento de apuro, la fuerza de la familia, la lejana posibilidad de colocarse en el mercado laboral gracias a la educaci?n. En el ?ltimo libro traducido, Sin retorno, incluso se sugiere la salida de alistarse en el Ej?rcito. Ni siquiera los criminales se hacen ilusiones: asumen que, m?s pronto que tarde, les espera la penitenciar?a o la tumba.

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Frente a tan sombr?o panorama, la cultura popular aporta aliento, iluminaci?n, identidad. Blancos y negros coinciden en canchas de baloncesto, en campos de b?isbol. Los protagonistas discuten si hay que colocar a Jimi Hendrix en las estanter?as de "rock" o "soul", se preocupan por conseguir vinilos de grupos a?ejos, hablan sobre la sexualidad de Prince, se inquietan por alguna letra premonitoria de Blue Oyster Cult.

Pocos autores del g?nero noir conceden tanto espacio natural a la m?sica. Aunque eso resulte peligrosamente maniqueo: las preferencias sonoras de los personajes anticipan su catadura moral y su destino final. Los "buenos" son paladeadores del soul dorado, el rock cl?sico o el primer indie; los "malos" se inclinan por el hip-hop o por esa variedad local del funk denominada go-go. Discrepo, George: el mundo es m?s complicado que todo eso. Algunos de los individuos m?s decepcionantes que he conocido, profesionales del prometo-y-no-cumplo, exhib?an exquisitos gustos musicales.

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