Mi?rcoles, 30 de marzo de 2011
Publicado por negraycriminal @ 11:27
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COMO LLEGAR A SER UN 11-1

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Pues s? amigos m?os, he llegado cuando menos lo esperaba a ser un 11-1. Llevo un brazalete que as? lo atestigua y es in?til que me esconda porque hasta tiene radar.

Les escribo a ustedes desde un lugar bueno pero donde no me gustar?a verles nunca: el Hospital Centre F?rum, despu?s de haber pasado por el Cl?nic y el Hospital de l?Esperan?a.

Todo empez? hace tres meses cuando, despu?s de acostarme en perfectas condiciones, me despert? sin saber qui?n era y con medio cuerpo paralizado, como si no me perteneciese. Hab?a tenido un ictus mientras dorm?a.

Fui trasladado al hospital y, poco a poco, mi cabeza empez? a orientarse, a reconocer a mis seres queridos y a retomar el hilo de la realidad. Les aseguro que no fue f?cil, pues me esperaba un largo camino que a?n estoy recorriendo.

La enfermedad te sumerge en un universo inesperado, de entrada ajeno, pero que poco a poco no te queda m?s remedio que ir asumiendo. En el Cl?nic recib? asistencia sanitaria de primer orden, como corresponde a su categor?a, pero all? pas? tambi?n algunos de los peores momentos. Miserias e incomodidades fisiol?gicas aparte, no me falt? la desolaci?n de ver fallecer a mi compa?ero de habitaci?n o de presenciar su extremaunci?n estando convencido de que yo ser?a el siguiente en seguir sus pasos. Me sent?a como un trozo de carne al que hab?a que asistir para todo y sin embargo, en aquellas horas lentas, conservaba en mi interior un pedazo de esperanza, de ilusi?n por volver a caminar, de recuperar aquellas cosas que hab?an dejado de ser cotidianas para convertirse en maravillosamente extraordinarias.

Tambi?n tuve que volver a aprender a hablar. Hasta eso, un charlat?n como yo, hab?a perdido. Para iniciar la rehabilitaci?n me enviaron al Hospital de l?Esperan?a, donde cuentan con un equipo excelente, y donde me convert?, por ocupar la cama primera de la habitaci?n 11, en un 11-1. Las fisioterapeutas, insistentes y tenaces, suelen ser chicas con las que no se les ocurra nunca pelearse porque tienen una fuerza ol?mpica. La logopeda que me trataba, a m? y a otros muchos en mi situaci?n, era una voluntariosa y extra?a mujer que, para reactivar los m?sculos de la boca, nos daba una orden e inmediatamente su contraria (abre-cierra, estira-contrae), con el consiguiente caos en la sala. Pero lo peor de estar en un hospital son las noches. Las enfermeras iban y ven?an voz en grito ?en mi anterior habitaci?n las ve?a pasar por el min?sculo fragmento de pasillo que vislumbraba desde la cama-, encend?an las luces a horas insospechadas, te sacaban sangre, te tomaban la tensi?n y te despertaban una y otra vez para darte una pastilla que te ayudara a conciliar el sue?o. Paradojas de la vida hospitalaria. Ojal? duerman ustedes a pierna suelta.

Les aseguro que una pareja que resista un ictus resistir? cualquier cosa. El enfermo est? insoportable y la esposa convencida de que se equivoca en todo lo que hace, de manera que hasta la m?s imb?cil discusi?n es posible. Uno se autoconvence ?o lo hace la enfermedad- de que sus seres queridos est?n all? solo para atormentarle, para decirle lo que tiene que hacer, para obligarle a comer y a tragar una cucharada m?s que siempre es la pen?ltima.

Ahora estoy, como ya les dije, en el Hospital F?rum, un centro nuevo y con excelentes instalaciones, pero que queda tan lejos de todo que casi necesitas pasaporte para llegar a ?l.

Mi mensaje es que se tomen la vida con buen humor. En esta vida se pierden muchas cosas, pero la ?ltima deber?a ser la sonrisa. Conf?o en que este hombre convertido en n?mero les haya servido para algo. Continuamente recibimos lecciones, y la ?ltima me la acaba de dar mi hija. Me lament? ante ella de no ser m?s que un paral?tico, a?or? tiempos pasados, el trabajo como periodista, la actividad del profesional m?s o menos agitada ?a pesar de mi edad la he seguido manteniendo-, el orgullo de hacer un trabajo que te gusta, la peque?a vanidad del reconocimiento. Ella me mir? y me replic?: a m? me parece m?s admirable enfrentarse a la enfermedad con el coraje con que lo est? haciendo.

?No dedicarle el tiempo suficiente a mis hijas ha sido el gran pecado de mi vida. Una vez iba con la peque?a por la Diagonal y al agarrarle la mano para cruzar la calle me dijo ??sabes que es la primera vez que me das la mano?? Era tan verdad que me entraron unas ganas secretas de llorar. Si lo que se escribe es una declaraci?n p?blica, declaro p?blicamente que la palabra de un hijo te puede ense?ar m?s que las palabras de cien maestros. Perdonen al 11-1. Sigo siendo solamente un 11-1 y creo que no me van a dar ning?n cargo en el ministerio, pero al menos espero no ver m?s miserias. Salud.

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Francisco Gonz?lez Ledesma

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Comentarios
Publicado por Martin
Mi?rcoles, 30 de marzo de 2011 | 20:21

Le mando un fuerte abrazo desde Argentina. Cordialmente, Yo.