jueves, 09 de junio de 2011
Publicado por negraycriminal @ 17:42
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El Mundo.es Cultura/ Novela Negra

'Teresa Raquin', de Émile Zola

 

Últimos 'fiambres' con Teresa y Laurent

 

Mirar atrás, a través de esa especie de espejo retrovisor que es el paso del tiempo, para reparar en que muchas veces evolución es sinónimo de retroceso. Ocurre actualmente en materia literaria. Nos toca ir a paso de cangrejo. Sobre todo cuando paseamos por el lado menos salvaje de esos géneros sacros que, para desgana de los sufridos lectores, las editoriales han decidido poner de moda.

  

El 'negrocriminal' entre ellos, pasto de autores de estilo facilón, argumentos de primaria, nula sensibilidad moral y/o estética. Extraña pachanga entre escritores 'renombrados' [por pesados y cansinos] y lectores que sólo leen lo que mandan las listas de ventas. Caldo de noveluchas blandiblup y 'best-sellers' de ínfima condición. Pues eso. Mirar atrás es toparse, en contadas ocasiones, con obras maestras rescatadas del olvido por editores con criterio. Zola. 'Teresa Raquin'. Siruela. No hacen falta más comentarios.

 

O sí. Allá vamos. "En 'Thérèse Raquin' pretendí estudiar temperamentos y no caracteres –nos advierte el autor en el prólogo; y aquí está el quid de su cuestión–. En eso consiste el libro en su totalidad. Escogí personajes sometidos por completo a la soberanía de los nervios y la sangre, privados de libre arbitrio, a quienes las fatalidades de la carne conducen a rastras a cada uno de los trances de su existencia. Thérèse y Laurent son animales irracionales humanos". Ahí queda eso. Pretender poner las bases del naturalismo incipiente y lograr una novela negra que podría perfectamente haber sido escrita la pasada semana es un logro absoluto de Zola, quien parece estar tocado en esta novela por un dedo divino inspirador.

 

El resultado es un triángulo de amor de lo más bizarro que, inspirado en el relato que de un crimen pasional facturaron los periódicos de la época, se convierte en el epicentro de un volcán que escupe una lava hecha de amor, seducción, asesinato, suicidio y muerte. Escupen sangre estos amantes de Le Pont-Neuf sobre el chaqué de los moralistas de su tiempo. Todo está ahí. En la historia de madame Raquin, Camilo, Teresa y Lorenzo. Retrato al natural del París de mediados del XVIII con irredenta mujer fatal como protagonista absoluta.

 

Zola fue acusado de obsceno nada más publicar la novela. Dijeron que mostraba sin escrúpulos la vertiente más chunga de un vil crimen pasional. Ahí quedó. Con el sambenito de provocador y mercachifle tarantiniano alguien cuya obra, leída hoy, adquiere categoría de clásico por derecho propio. No olvidemos que Zola se le sigue leyendo a día de hoy en las escuelas francesas al ser sus libros polaroids de una época escritas con el genio, el estilo y la verdad que toda gran obra literaria requiere. Eso tan infrecuente en la novela actual. Ha llegado el momento de releerlo aquí, por estos pagos, y esta reedición es la mejor oportunidad para empezar a hacerlo. Me juego el anular de la mano izquierda, anillo incluido, a que hasta los lectores de Stieg Larsson o de Arno Strobel lo disfrutarán como niños con un gormiti nuevo. Basta con recordar lo que dijo el autor al definir su novela. Animales irracionales humanos. Ni más ni menos.

 

 


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