viernes, 05 de agosto de 2011
Publicado por negraycriminal @ 17:22
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publicado contenido en el grupo "Continuidad de la Semana Negra."

 David Torres Ruiz 04 de agosto de 2011 19:24 

 GOEBBELS EN ASTURIAS

(publicado anteriormente en El Mundo el pasado 29 de julio)

Hay temor, lo sigue habiendo, a que la última muda de calzones políticos en Asturias liquide la Semana Negra de Gijón. Se habla de gastos desmesurados y de derroche, cuando pocos fastos culturales (por no decir ninguno) salen tan baratos y a la vez tan rentables como esta fiesta grande de las letras, este alboroto de la inteligencia donde la intriga viene envuelta en bocatas y los crímenes se escancian a ritmo de sidra. Ya quisieran muchos ayuntamientos españoles contar con una publicidad, un prestigio y un llenazo como el que consigue, año tras año (y van más de 20), la Semana Negra.

Goebbels decía que en cuanto oía la palabra “cultura” sacaba la pistola. Algo de ese reflejo automático les ha quedado a ciertos concejales con alma y ceño de Luger, esos munícipes retrógrados que aún confunden la cultura con la lista de los reyes godos. No les molesta tanto el ruido ni las tertulias mayoritariamente zurdas como la poca seriedad de esos fulanos con carné de intelectual que van por la feria dando bandazos, algunos muy mamados y otros muy bebidos. Les molestan esas escritoras de escotes abismales que ni siquiera se molestan en disimular con unas buenas gafas. Les molestan esos libreros que, en vez de esconderse tras una barricada de papel, tratan los libros como si fueran cartas de amor en busca de dueño. Les molestan esos editores que, expuestos a la luz, hasta parecen seres humanos. Les molestan esos periodistas que pierden la perspectiva y acaban con la camisa manchada de vino y los teleobjetivos a guisa de matasuegras. Y les molesta sobre todas las cosas que no haya manera de distinguir entre lectores y escritores, que toda esa fauna ande junta sin mantener una distancia mínima de seguridad, un decoro. Dónde iremos a parar, si hasta dejan entrar niños.

El gran pecado, el imperdonable pecado de la Semana Negra de Gijón es haber desterrado el coñazo solemne y selecto en que suele consistir todo acto cultural para travestirse en una misa negra a pleno sol, un aquelarre democrático donde el buen humor, los churros, el alcohol y los libros conviven como deben convivir personas, animales y cosas: pringándose los unos a los otros. Es lógico que el poder, sea del signo que sea, se alarme cuando siente que una semana consagrada a la novela negra resulta más adictiva y electrizante que un año entero de telebasura. No se puede consentir que un arma de introspección tan poderosa como la literatura posea la belleza y la malicia de una de esas rubias de Chandler que caminan sobre cuchillas. Y que además vaya del brazo de toda esa gentuza, no hay derecho.

 

  

 


Comentarios
Publicado por Invitado
viernes, 05 de agosto de 2011 | 18:34

Que la gente se divierta siempre les molesta.