Jueves, 09 de febrero de 2012
Publicado por negraycriminal @ 10:55
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ABC.Cataluña

La negra herencia de Andrea Camilleri

 

Maurizio de Giovanni y Marco Malvaldi se postulan como grandes sucesores del siciliano

DAVID MORÁN / BARCELONA

Día 09/02/2012

 

El día que presentó BCNegra se presentó en sociedad, su ideólogo,Paco Camarasa, subrayó que uno de sus grandes deseos sería contar algún año con la presencia de Andrea Camilleri. «Eso significaría que, además de estar, está bien», subrayó el librero negrocriminal. Y es precisamente ese querer a toda costa que el padre de Salvo Montalbano esté presente, aunque sea de manera indirecta, lo que ha llevado a BCNegra a formularse una de las grandes preguntas de la narrativa italiana contemporánea. «Y después de Camilleri, ¿qué?», podía leerse en el programa. O, dicho de otro modo, ¿hay vida más allá de las audaces e irónicas creaciones del escritor siciliano?

 

«Camilleri no necesita herederos porque está en plena forma. Si estuviese aquí seguro que me diría un par de cosas y, como buen siciliano, me echaría un mal de ojo», bromea Maurizio de Giovanni (Nápoles, 1958), autor de «La primavera del comisario Ricciardi» (Lumen) y creador de uno de los personajes más intrigantes y llamativos de la novela negra contemporánea. «Quería crear un personaje que estuviese obligado a sentir compasión, que estuviese obligado a enfrentarse al dolor», explica de Giovanni sobre un comisario cuyo don —o, mejor dicho, maldición— es el de ver a los muertos y cargar con sus lamentos. «El dolor de los demás anida en él y, a diferencia de Carvalho o Montalbano, no disfruta de la vida», explica.

 

Nápoles, años 30

Bien pensado, un Ricciardi sin don sobrenatural lo tendría igual de complicado para disfrutar en unas novelas ambientadas en el Nápoles de los años 30 que ahondan en las miserias de una época marcada por el hambre, el amor y unas emociones que se acaban torciendo a fuerza de batacazos. «La novela negra es, hoy por hoy, la única novela realmente social, la única que puede reflejar las cosas como son», explica un autor que, pese a situar sus novelas enla Italiade Mussolini, deja que la política de lado, bien aparcada en un rincón. «En la historia de las personas la política entra poco en juego —explica—. Si tengo un problema de comida o de amor, la política no tiene nada que ver».

 

Lo que sí que tiene que ver, y mucho, es el esfuerzo que hace de Giovanni, por transplantar el respeto por las víctimas en la novela criminal. «Se utiliza la muerte como si fuese un simple enigma cuando en realidad es una herida social irreparable. Estoy convencido de que tenemos un gran defecto de compasión; no tenemos una conciencia de género humano como pueblo», razona.

 

Y así, a vueltas con la compasión de Ricciardi y su bendita maldición, de Giovanni ha creado una primera teatralogía asociada a las estaciones —«El invierno del comisario Ricciardi» es su anterior título— y anda ahora enfrascado en un segunda tetralogía marcada por festividades como Navidad o San Genaro. «Me interesa el punto de vista del clima y como este modula las emociones de la gente», explica.

 

En el extremo opuesto, el de la soledad Toscana y carcajeante sombra de P. G. Wodehouse, se sitúa Marco Malvaldi (Pisa, 1974), químico de formación que empezó a escribir por aburrimiento —«el departamento de química es lo más parecido a una cárcel bulgara», asegura— y cuya primera novela, «La brisca de cinco», ya ha despachado más de 250.000 ejemplares. «Para mí ya fue un éxito que Sellerio, la misma editorial que publica a Camilleri, publicase el libro», relativiza Malvaldi sobre una pintoresca y jocosa novela en la investigación corre a cargo de una cuadrilla de jubilados de Pineta, un pueblo imaginario de la costad de Livorno.

 

Es así como Maldavi eleva el cotilleo a la categoría de método de investigación y convierte el humor en auténtico parachoques. «Cuando las cosas no te van bien, el humor es el antídoto más eficaz, apunta un autor que tampoco duda a la hora de alabar al maestro Camilleri. «Los escritores italianos de novela negra le deben mucho, ya que puso de moda un género que estaba abandonado —explica—. Ahora hay un “boom” y un redescubrimiento».

 


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