Jueves, 23 de febrero de 2012
Publicado por negraycriminal @ 12:26
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Publicado en Culturas, el suplemento cultural de La Vanguardia. Artículo de Lilian Neuman. 
 
 

Larga vida negra

 

   “El terrorismo intenta destrozar el estado. La mafia lo que intenta es comprarlo”. Fue en la mesa redonda sobre la mafia rusa: La periodista Mayka Navarro habló de los inevitables escoltas que acompañaban siempre a David Martínez Madero, fiscal de la Oficina Antifraude. Hombre tenaz -muerto prematuramente- y difícil de olvidar, tal como lo describió el comisario Josep Trapero.

  El nombre de otro abogado tenaz -Baltasar Garzón-, planeó en más de uno de los actos de “La Capella”, el lugar de encuentro de esta más que exitosa séptima edición de BCnegra.  Y por qué no mencionar a este otro señor, director del “Círculo Holmes”, que a los trece años comenzó a coleccionar ediciones del héroe de Connan Doyle. Joan Proubasta ha donado su hoy enorme colección–la ha catalogado él mismo- a la biblioteca Arús.

  Y estos siete autores, que representan siete formas –distintas y tenaces, interesantísimas- de narrar

                                                

 

Jordi de Manuel: La habitación oscura.

  Las novelas de Jordi de Manuel  (Barcelona, 1962) son cada vez mejores. Pueden nombrase Mans lliures, L olor de la pluja –una Barcelona del futuro con rondas aéreas y una sequía horrorosa-, y ahora esta historia de inmigración ilegal, centros de internamiento, robo y delincuencia a gran y pequeña escala.

-Habla de tráfico de órganos en Barcelona, y le creo.
-Bueno, esto es puramente especulativo. Existe el tráfico en China, que es brutal, en Kosovo también. Aquí, al menos todavía, no.

-Usted es biólogo.            

-Soy biólogo, sí, naturalista. Cuando salgo a la montaña disfruto, y esa curiosidad también tiene incidencia en mis libros. Digamos que este componente científico de mi persona me ayuda como escritor.

-Perdone ¿por qué le da una vida tan difícil a su policía Marc Sergiot, y por qué el pobre es tan reservado?

-Digamos que soy un poco distópico, como la Barcelona de L’ olor de la pluja,  Es decir, lo contrario de esa utopía que nos gustaría a todos. Pero en la próxima historia Sergiot se abrirá más.   

-Habla de jóvenes con historias difíciles: un inmigrante marroquí, un delincuente de poca monta…

-A mí me interesaba la historia de un chaval que llega a aquí con un sueño, luego es víctima de una mafia organizada. Y a la vez mi intención no es tanto mostrar crímenes sino poner sobre la mesa dilemas morales. Y, sobre todo, hay algo fundamental: crear una atmósfera. Hacer entrar al lector en una habitación oscura.

 

Maurizio de Giovanni: Nápoles gobernada por Mussolini.

  Maurizio de Giovanni (Nápoles, 1958) creó un comisario con un  terrible don: ve lo que la víctima vio antes de morir. En palabras de su autor: “Ricciardi es una metáfora de la compasión. Siente el dolor y lo mantiene en su interior. No puede ignorarlo”

-¿Por qué se interesó por los años treinta?

-Hay muy poca narrativa moderna en Italia referida a esa época. Además, yo no soporto las “investigaciones científicas, el ADN, etc. A mí me gusta penetrar en la pasión, en los sentimientos.. Por eso elegí los años treinta, porque en esos años hay una ingenuidad que hoy ya no tenemos. La perdimos después de la segunda guerra.

-En esta novela el comisario Ricciardi se acerca a algo imposible para él: el amor. Aunque sea a través de una ventana.

-Bueno, es una relación afectiva diferente. Hay uno que espera y otro que no puede moverse. Y esto me interesaba.

-¿Cómo se acerca a su ciudad, Nápoles, en esos años?

-Mi ciudad tiene mucho de aquel tiempo, sobre todo en su casco antiguo. Nápoles refleja otra Italia que no es Roma ni Florencia. Es una ciudad estrecha, prisionera entre el mar y la montaña, y que por lo tanto crece por capas. Hay una gran superposición de ricos y pobres. Los edificios de los ricos tienen ventanas por las que ven los barrios populares. Y a la inversa. Y esto crea grandes contrastes, y crímenes.

-¿Cuáles son sus fuentes?

-Sobre todo librerías. Prensa, muy poca, porque en esos tiempos Mussolini no quería que hubiese crónica de sucesos. El suyo fue el primer régimen que dio importancia a los medios de comunicación. Y Mussolini los controló.

 

Jeffery Deaver. El padre de Lincoln Rhyme.

 Es el creador del sagaz detective tetraplégico, encarnado en el cine por Denzel Washington en El coleccionista de huesos.  Prolífico y disciplinado, sus libros son una infalible y letal maquinaria narrativa. Habla con suavidad, y es muy amable:

-Cuando leí El coleccionista de huesos me dije: nunca conoceré a este autor. Me da mucho miedo.

-Gracias, realmente lo considero un cumplido. Aunque lo mío es suspense, mucho más que violencia.

-Pero en esta novela hay un hombre atrapado…

-Sí, pero hay más violencia en Hamlet que en Luna fría. En Hamlet no sobrevive nadie al final. Lo que usted lee en mis libros son las huellas de la violencia, pero la violencia en sí está fuera de cuadro.

-En esta novela aparece alguien interesantísimo: Una agente que lee el lenguaje corporal.

-Sí.  Ella ahora mismo estaría observando cuáles son sus gestos ahora que está relajada,  hacia dónde mira, etc. Hasta que horas después, de repente, le preguntaría: ¿Dónde estuvo anoche a las 21 h?

-¿Usted sabe hacerlo?

-Si, y mis amigos se ponen nerviosos cuando están conmigo.

-¿Y nosotros?

-Bien, llevo muchas horas con mi editor, Eduardo Hojman, y veo que él no me ha mentido. Yo viajo mucho por Europa, y en Alemania,  por ejemplo, la gente te habla con una sonrisita permanente. No es que sean falsos, es que así ocultan sus emociones tras una máscara.

-¿Le han recriminado que Lincoln Rhyme esté postrado en una silla?

-Sí, mucho. Pero quiero decirle que Luna fría es el sexto libro de la serie, pero yo ya voy por el número 10. Gracias a los adelantos  médicos, Rhyme está mucho mejor.

-Se nota que usted se documenta mucho, y con pasión.

-Me gusta aprender disciplinas que después utilizo en los libros. Usted es periodista, yo soy escritor; ambos compartimos la curiosidad.

 

Jake Arnott: La gran trilogía británica.  

 Desde Delitos a largo plazo nos impresionó con su manera de narrar el hampa de los sesenta, con unos personajes (sobre todo uno) que son un poema de exquisitez  y brutalidad. La siguiente Canciones de sangre y esta novela que cierra la trilogía son poderosas maneras de contar el declive década tras década, el glamour y la criminalidad. Nació en Londres en 1961.

-Usted suena muy auténtico.

-Hay que ir con mucho ojo con esa noción de lo que es auténtico. En los noventa, y hasta finales de esta década, se hicieron bastantes películas sobre el mundo de los gángsters en el Reino Unido, y había mucha gente que se codeaba con criminales, que iba de copas con ellos, y acababan creyéndose todo lo que esos criminales les contaban. Y la verdad es que les contaban una sarta  de mentiras. No  puedes confiar en alguien cuya profesión es, precisamente, mentir constantemente.

-En cambio usted…       

-Yo he tenido mucha suerte por escribir desde una perspectiva temporal, histórica. Si quiero contar una historia de policías, por mucho que conozca a un policía, si está todavía en activo no me va a decir la verdad. En cambio, un  poli retirado si que cuenta las cosas como son. Lo mismo con los criminales.

-En cada libro suyo hay una elaborada forma narrativa.

-A mí me interesa más la forma narrativa en sí que el argumento. Esto tiene de interesante la novela negra, que puedo darle muchas vueltas para hacer algo interesante.

-Hay un personaje maravilloso: el joven cineasta de buena cuna, que quiere ser un tío duro.

-Hay directores británicos que, como este personaje, cayeron en esa fascinación por el crimen viendo películas de Tarantino. No voy a nombrarlos porque ya en el pasado me llevaron a juicio (ríe). Si usted los identifica, puede hacerlo.

                   

Karin Slaughter: Atlanta, ciudad del crimen.

 No sabemos mucho de Atlanta, y  la suave y educada Karin Slaughter es muy generosa y precisa con sus explicaciones: No conservadora, pionera en tener alcaldesa, y en aceptar los derechos de los gays. Y con un alto índice de criminalidad.

-¿Por qué le ha hecho esto (mejor no digamos quéGui?o a la doctora Sara Linton?

-Necesitaba un cambio. También un cambio de escenario. Y presentar a dos nuevos personajes.

-Faith, la poli, es muy carismática.
-Es alguien muy fuerte, y a mí personalmente me gusta porque cuando Sara le dice que está embarazada ella decide por sí misma, sin preguntarse qué puede pensar el padre.

-¿Usted es madre?

-No que yo sepa.                            

-Es una fantástica respuesta, tradicionalmente masculina. Además de esto, quiero decirle que al principio el libro es muy duro, la violencia y los cadáveres…

-Yo quiero hablar de la violencia que soportan las mujeres. Lo que me causaba gracia cuando escribía es que al mismo tiempo estas víctimas no son del todo simpáticas para el lector. Pero tampoco el lector quiere que se las torture y se las mate.  Por otra parte, es lo que me gusta de escribir thrillers: crear algo que al principio parece muy normal, pero en donde va a ocurrir algo escabroso. Así es precisamente como funciona el crimen. No hay una víctima que se levante por la mañana sabiendo que lo será. Me gusta que el crimen irrumpa inesperado y al mismo tiempo chocante

-Hoy, releyendo la escena del baño, sentí escalofríos. Yo, en lugar de la heroína, me habría escapado por la ventana.

-Yo también.

 

 

Claudia Piñeiro: la piba de oro.

 Es muy inteligente. Y en esta contundente novela habla de periodismo y de sus flaquezas, y de mujeres fuertes y de tipos boludos. Y de un personaje espeluznantemente  degollado (estudia mucho también la parte forense).  Nacida en una localidad tan poco glamourosa como Burzaco, en la provincia de Buenos Aires, en 1960, a la exitosa  Piñeiro se la asocia  a una clase alta de urbanización que, en verdad, ella retrató en Las viudas de los jueves.

-¿Y cómo es que vive en un country, como el de las viudas?

-No, no es como ese. El mío es como una ciudad grande, y además yo fui a para allí en los noventa, antes de que se convirtiera en esto que son ahora, lugares cerrados y exclusivos.

-Sus personajes son vigorosos.

-Hay un libro de David Lodge, La conciencia de la novela, en donde dice esto: “la novela es el desarrollo de la conciencia de los personajes”. Esto es lo que yo intento.

-Y por momentos ya no me importa quién es el asesino.

-Creo que a las mujeres nos importa menos la maquinaria policial, los detalles técnicos.

-Ahora es muy popular ¿Cómo fueron sus inicios?

-Yo toda la vida me interesé por las noticias de sucesos. Pero era como un vicio solitario. Luego, cuando ya casada y con hijos iba al taller de Guillermo Sacomano –se ríe- se pensaban que yo era la típica ama de casa que escribía por hobby. Incluso, mi hoy amigo Saccomano (vuelve a reírse, todo es una magnifica ironía, como en este libro), me dijo una vez que yo nunca iba a poder escribir sobre la vida dura. 

                                             

 

Carlos Zanón: la confirmación de un talento.

 Fue la frase de BCNegra: “Está muy bien la novela de Zanón”.

Tiene cara de buen chico, jamás hará alarde de conocer los bajos fondos, y habla con persuasiva voz.

-¿Cómo es que conoce tan bien ciertos ambientes de Barcelona?

-Yo me crié en el Guinardó. Soy de una familia normal, diría de gente trabajadora. Soy como aquel personaje de la película “La ley de la calle”, el chico de gafas que va tomando nota de todo, de lo que hacen los héroes de la banda. Sí, yo era ese.

-¿Y cómo lo descubrieron, literariamente hablando?

-Escribía poesía desde hace mucho tiempo. Luego vino lo de mi novela, Tarde, mal y nunca. La envié a numerosas editoriales y agencias literarias. Y todas me la devolvieron. Hasta que una editorial pequeña que yo ni conocía aceptó publicarla.

-¿Y entonces?

-Bueno, algunas personas del mundo editorial la leyeron y les gustó: Rosa Mora, Paco Camarasa. Y cuando la editorial cerró, la novela pudo publicarla RBA.

-La poesía, la forma de definir a sus personajes: todo es muy certero. ¿De dónde saca a esta gente?

-A ver, a mí me gusta observar. En eso no he cambiado. Luego, el personaje de Cristian, ese sí puedo decir que es un homenaje al Pijoaparte de Juan Marsé.

-Habla de gente que engaña o se engaña…

-Creo que hablo de historias de la calle, de detalles de la ciudad que me han llamado la atención y me hacen pensar en una posible historia. Me gustan los bares de los que hablo en este libro. No son bares cutres ni de bajos fondo. Y aún los frecuento. Me encuentro bien entre gente humilde y sin pretensiones. La gente de dinero es otra tribu en la jungla

 

 

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