Jueves, 08 de marzo de 2012
Publicado por negraycriminal @ 12:35
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Vamos recuperando artículos que nos gustaron mucho. Por ejemplo éste de Matías Nespolo ( ¿ aun no han leído Siete maneras de matar un gato? Libros del lince. ¿ A qué esperan?), publicado en Tendencias, el suplemento cultural de El Mundo, en Catalunya.

Veraz, no verosímil

Cuánto hay de autobiografía en una obra de ficción es algo que solo le interesa a los periodistas. Sin embargo, no hay escritor que no se apoye en su propia experiencia vital, más o menos transfigurada, a la hora de narrar. Y aunque no deje marcas, la densidad de esa experiencia se nota. Mucho más en la novela negra. Por MATÍAS NÉSPOLO

 

 

 

“Escribe de lo que sepas”, me aconsejó cuando yo era muy joven un viejo poeta, baluarte de la escuela surrealista argentina. El viejo se había reconvertido en un sólido narrador, después de amasar fortuna con la publicidad. Lo tomé como una afrenta al largo y ambicioso poema mío que acababa de leer e interpreté su recomendación a la inversa: “Nunca escribas sobre aquello que desconoces”.

 No era más que una insensatez para censurar mis logros. ¿Acaso la gran literatura no era justamente lo contrario? Explorar tierras ignotas: escrutar la noche con la mirada insomne de Kafka o alcanzar lo desconocido por medio del desarreglo de los sentidos, que decía Rimbaud. 

Pasaron muchos años hasta que comprendiera correctamente aquel consejo sin asomo de malicia del viejo poeta. Entendí hace unos días a qué se refería y lo hice no como escritor, sino como simple lector. Como un lector de novela negra que descubre sin proponérselo la sutil diferencia entre veracidad y verosimilitud, algo en lo que no había reparado. Una clave casi imperceptible que permite discernir sin problemas entre las buenas novelas de género de las simplemente bien escritas. Una suerte de prueba del algodón bien puede ser de provecho para muchos lectores a las puertas de BCNegra. 

La verosimilitud es un efecto que cualquier novelista conoce (o debería) y se llega por una suma de procedimientos: trama eficiente, buen manejo de diálogos, escenas bien ajustadas, el correcto apuntalamiento de los detalles (la sangre del relato, decía Nobokov) y cosas por el estilo. La veracidad en cambio es más difusa, imposible de precisar. Una suerte de aroma que despide el relato con la certeza de que aquello que se cuenta no solo es creíble, sino cierto. Y lo es porque el narrador sabe de lo que habla. Sabe lo que siente un matón como Troy Cameron, por ejemplo, al traicionar a su lunático compinche Mad Dog y por qué le tiembla el pulso a descerrajarle un tiro en la nuca en Perro come perro, o cuáles son las penosas reacciones físicas y psíquicas del estafador de bajos fondos Stark al mono de heroína en la novela homónima. Y eso se percibe, aunque no deje marcas visibles en la prosa. El lector lo nota. 

He citado dos obras de Edward Bunker, pero hay una tercera también publicada en castellano por Sajalín harto recomendable: No hay bestia tan feroz. Si de algo iba sobrado Bunker, un hombre con un prontuario más largo que las barbas de un profeta que pasó más de la mitad de su vida tras las rejas y se convirtió en uno de los diez fugitivos más buscados del FBI era de veracidad. Y autenticidad se podría añadir, porque en su interpretación de Mr. Blue en la célebre Reservoir Dogs de Tarantino no hizo otra cosa que actuar de sí mismo. 

Los feroces narradores de Bunker son veraces porque saben de lo que hablan. Lo mismo sucede con el italiano Massimo Carlotto o, para no irnos tan lejos, con el gran maestro Raúl Argemí. No es casualidad que ambos conocieran la violencia revolucionaria y pasaran una larga temporada a la sombra. 

No digo que para escribir una buena novela negra sea condición sine qua non haber delinquido o ser ex convicto, que no se me malinterprete. Digo que para dotar de veracidad a un relato no hay técnica que valga, porque solo se alcanza narrando con honestidad lo que se conoce y se ha vivido. Más de un correcto y verosímil autor policíaco –mejor no dar nombres– podría sacar mucha ventaja de esto, si aparcara un rato el género y escribiera sobre aquella otra historia sin tiros ni maleantes pero que realmente le pertenece.


Comentarios
Publicado por Invitado
Viernes, 09 de marzo de 2012 | 11:26

Un artículo muy interesante, de verdad. Hace años me habría sucedido lo mismo, versomilitud era lo importante. 

Veracidad, también.

Publicado por Invitado
Martes, 13 de marzo de 2012 | 19:57

Hola,
Te invito a pasar por mi blog

http://rabiosoatril.blogspot.com/

Saludos,