Martes, 17 de abril de 2012
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Alexis Ravelo, escribe en Calibre 38, acerca de La detectiva miope, de Rosa Ribas

“La detective miope”, deRosa Ribas, por Alexis Ravelo

Publicado por revistacalibre38 el 13 abril, 2012  

Alexis Ravelo

Más acá de Frankfurt: La detective miope

La detective miope, de Rosa Ribas, trata, claro está, sobre una detective miope, llamada Irene Ricart. Pero nuestra chica no solo es miope, sino también zurda (un día habrá que hablar de los personajes zurdos y será inevitable mencionar esta novela junto con la monumental Las benévolas), hipersensible y con tendencias neuróticas. Ricart acaba de salir del psiquiátrico adonde ha ido a parar después de que su hija y su marido (mosso de escuadra) hayan sido asesinados, seguramente por alguien relacionado con algún caso que él investigaba.

A Irene la encontramos al comienzo del libro consiguiendo trabajo en una agencia de detectives de Barcelona y convencida de que la teoría de los seis grados de separación es cierta. De esta teoría ella ha extraído la poco científica conclusión de que resolviendo cinco casos al azar, en el sexto dará con el asesino o asesinos de su marido y su hija. Así que a lo largo de la novela vamos a seguir a la desequilibrada pero brillante Irene en la resolución de esos casos, todos muy diferentes y sin aparente relación, sola o acompañada de algunos de sus compañeros de la agencia (tan tarados como ella) en una novela zigzagueante, con ritmo muy bien marcado y llena de giros, escrita con un estilo muy claro pero no exento de pasajes de una muy singular belleza literaria. Otro de sus puntos fuertes es el uso de la ironía, el sentido del humor (a veces muy negro) que asoma el hocico casi en cada página.

A partir de este argumento aparentemente algo disparatado Ribas logra crear un universo muy verosímil, con descripciones en tres trazos y caracterizaciones que juegan con los tópicos con una destreza que denota madurez en el oficio, estableciendo además complicidades con el lector culto a partir de referencias literarias que no voy a descubrir aquí, para no estropear ninguna sorpresa. Esa madurez se evidencia, por otro lado, en la soltura con que Ribas maneja seis o siete subtramas que involucran a una veintena de personajes en solo 179 páginas, sin que se estorben mutuamente y paseándose siempre por un territorio fronterizo entre la sordidez y la ternura.

Los seguidores de Rosa Ribasya saben de la comisaria Weber-Tejedor, de sus historias ambientadas en Frankfurt. La detective miope, la novela sobre la barcelonesa Irene Ricart parece un paréntesis en su obra, un Galíndez, un El Chino: una de esas obras en la que el autor trabaja fuera de los márgenes que se ha dado a sí mismo con la creación de un personaje que ha resultado tener éxito, unos márgenes a los que se ama, pero fuera de los cuales apetece de vez en cuando explorar otros territorios. El lector avezado sabe que cuando los autores hacen eso vale la pena acompañarlos en el paseo, sobre todo cuando los resultados son tan fecundos.

La detective miope
Rosa Ribas
Viceversa

 


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