Lunes, 21 de mayo de 2012
Publicado por negraycriminal @ 8:23
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En el diario DEIA, conversación con José Javier Abasolo, sobre su nueva novela La luz muerta, editada por Erein.

Abasolo persevera en la novela negra y 'revive' al detective Goikoetxea

El escritor publica 'La luz muerta', una narración donde nada es lo que parece

Bilbao. El forense Andoni Zubikarai se ve sorprendido por una inusual carga de trabajo: empieza a recibir un gran número de cadáveres de jóvenes fallecidos como consecuencia del consumo de una partida de heroína de alta pureza. Uno de esos cadáveres es el de Erika, pero Erika no era consumidora habitual de drogas. En ese punto arranca el nuevo trabajo de José Javier Abasolo (Bilbao, 1957), que persevera en la novela negra, un género que doma de forma sutil, aplicando a sus narraciones los condimentos que no pueden faltar en cualquier buena novela negra: "Tiene que haber tensión narrativa, una descripción de la sociedad en la que se ubica y un crimen y una investigación en torno a ese crimen".

El guiño poético del título (La luz muerta, Erein) apenas se repite durante las más de 400 páginas de una novela ágil en la que se cuentan dos historias, salpicadas de giros y sorpresas, que se entrelazan en un final inesperado. "Las continuas sospechas que recaen sobre unos y otros provocan giros, y luego el modo de resolver la trama es parecido al de ciertas novelas inglesas de principios del siglo XX, como si fuera una especie de juego", aclara el autor.

Tras Pájaros sin alas (2010, Erein) Abasolo vuelve a confiar en el atractivo literario de un personaje como Mikel Goikoetxea, un exertzaina metido a detective. Un profesional. "Es la primera vez que repito personaje principal y estoy muy a gusto con él", asegura. Además, opta por la primer persona para seguir los pasos de Goiko ("es una técnica más íntima"). La segunda trama persigue los pasos de alguien que, en principio, poco o nada tiene que ver con el mundo policíaco. "Me gusta la gente normal -Abasolo se refiere a Zubikarai- que se ve metida en un lío, personas que en principio no son profesionales o especialistas. Gente que se ve indefensa ante lo que le está pasando".

El autor regresa también a Bilbao, aunque Abasolo escarba en los vericuetos de una urbe en la que solo parece brillar el Guggenheim. "Es verdad que de una ciudad a otra cambian cosas, por ejemplo, las personas, los modos de expresarse, etc,... pero al final, ¿porqué se mata? Por lo de siempre: por ambición, por amor, por sexo, por política, por dinero... Y eso no cambia de una ciudad a otra. La historia podría haberse producido en cualquier ciudad del mundo, pero a mí me resulta cómodo colocarla en Bilbao, porque es la ciudad que conozco", razona.

Como en los anteriores, en este trabajo también huye de mensajes ("no considero la novela como un instrumento para aleccionar a la gente") y sigue a rajatabla las pautas que marca un género en auge. "El género negro sigue vigente porque se adapta a distintas épocas y situaciones. Y es muy dado al mestizaje. Por ejemplo, muchas novelas históricas y de ciencia ficción son novelas policíacas. Al final, las novelas negras hablan de la ambición humana, y eso no pasa de moda nunca", asegura el escritor, que no puede evitar zambullirse en el género cada vez que le tienta el folio en blanco. "Como lector leo de todo, pero como escritor siempre que se me ocurre una historia acaba siendo una novela negra. No me cierro a otras posibilidades, pero todo lo que he escrito es eso". Y cuenta una anécdota curiosa: "Hace unos años pensé que había escrito una novela distinta, Antes de que todo se derrumbe, que no era exactamente novela negra, pero cuando ganó el Premio García Pavón el jurado la calificó como "novela policíaca de excelente construcción". Igual es que escribo siempre novela negra, aún sin ser consciente de ello (risas)".

En los últimos años se ha hablado del auge de la novela negra vasca, pero el escritor bilbaino se resiste a pensar que hay puntos de conexión entre los distintos autores de Euskal Herria: "Y no tiene porqué haberlos. Además, sería muy aburrido. Quizá el paisaje que compartimos, ciertas obsesiones típicas de nuestro país, pueden dibujar algún nexo común, pero no muy sólido".

 


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