Mi?rcoles, 30 de mayo de 2012
Publicado por negraycriminal @ 17:03
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Entrevistado en el suplemento literario del diario Clarín, de Buenos Aires

Al borde del colapso griego

Corrupción, desidia estatal y, ahora, la crisis económica en Grecia son los temas que aborda Petros Márkaris en la serie de novelas del comisario Jaritos.

POR Ana Prieto

Nadie describe un embotellamiento como el escritor griego Petros Márkaris. Cada vez que el comisario Jaritos se encuentra en medio de uno (lo que ocurre una decena de veces en todos los libros que protagoniza), su viaje hacia la escena del crimen, a interrogar a un sospechoso o a recoger pistas, debe detenerse para dejar paso al exasperante tiempo real de quedarse varado con el auto en una capital estridente y desordenada. Y a medida que han pasado los años y los libros, los atascos se volvieron más insoportables, los conductores más agresivos, y Atenas más desoladora. Márkaris se especializa en una ficción hiperrealista que habla del lado más oscuro de la Grecia actual, donde las calles que llevan nombres como Hipócrates y Eurípides sólo podrían conmover a los turistas.

En febrero pasado, Márkaris ganó el VII Premio Pepe Carvalho en BCNegra, el festival barcelonés de narrativa criminal, “porque es uno de los representantes más claros de lo que se ha denominado novela negra mediterránea, una forma más próxima a los grandes temas de la novela negrocriminal: corrupción, manipulación del poder, diferencias entre la justicia y la ley o mezquindad de los poderosos”. Al premiarlo, acababa de salir en castellano Con el agua al cuello, primera parte de una trilogía sobre la asfixia económica que arruina día a día a Grecia. No es la primera vez que el escritor toca temas sensibles para la sociedad: Jaritos tuvo que vérselas con el tráfico de niños en Noticias de la noche, con el terrorismo doméstico y la alienación publicitaria en El accionista mayoritario, y con escurridizas mafias urbanas en Defensa cerrada. “Elegí la novela policial porque creo que es el género más efectivo para lidiar con problemas sociales y políticos”, cuenta Márkaris a Ñ. La corrupción, la desidia estatal, los infames tiempos judiciales y el sensacionalismo periodístico son los “metacriminales” que generan o ayudan a los criminales de sus novelas. Ahora le llegó el turno al mercado: “Cuando la crisis estalló a principios de 2010, supe que había llegado para quedarse. No desaparecería, como nuestros políticos quisieron hacernos creer. Decidí escribir tres libros que exploraran sus diferentes aristas, pero que al mismo tiempo siguieran progresivamente los efectos del desastre económico en los griegos”.

-En su última novela, Jaritos se enfrenta a un asesino que decapita a personas relacionadas con la banca y la especulación. Y mientras investiga, descubre la corrupción de las finanzas internacionales. ¿Cómo fue la experiencia de hacer ficción con algo que ocurría al mismo tiempo?
-Bueno, no fue la primera vez que escribí así: mi novela Suicidio perfecto apareció en Grecia en 2003 y trató los aspectos políticos y financieros de las Olimpíadas de 2004 en Atenas. Con respecto a este libro, yo crecí en un mundo en el que el dinero era sólo un medio. Ahora vivo en uno en el que el dinero se convirtió en parte de un sistema de dopaje. Convencer a la gente de que su único sueño debe ser llegar al éxito financiero y a la prosperidad en el menor tiempo posible, sólo puede conseguirse mediante el dopaje. El problema de este sistema es que nunca dejarás de doparte porque siempre vas a estar detrás de un éxito mayor, igual que los deportistas. Y así terminas arruinando tu cuerpo. La ecuación no es difícil: pasa lo mismo en las sociedades que con ese tipo de atletas.

-¿Las sociedades son cómplices necesarias del sistema económico en el que viven?
-La Grecia moderna fue un país pobre a lo largo de su historia. A principios de los ‘80, el dinero empezó a entrar desde Europa. Era mucho dinero, comparado con el que Grecia estaba acostumbrada a tener. Y en lugar de invertirlo, los griegos empezamos a dilapidarlo. Esto fue sobre todo la culpa del sistema político, que simplemente arrojó dinero a la gente para tenerla contenta. En realidad fue un simple proceso para comprar votos y conseguir reelecciones. Así fue como se creó la riqueza virtual de Grecia y empezó el desastre que vivimos hoy.

-En “Con el agua al cuello”, un funcionario holandés dice que los griegos pertenecen a la eurozona pero no al eurotiempo: “Usan la misma moneda que nosotros, pero para ellos el tiempo corre de otra manera”. ¿Puede profundizar en esta idea?
-Los griegos llegamos a la eurozona mientras vivíamos en un tiempo distinto. No necesariamente el tiempo de los países del sur de Europa, pero sí el de los Balcanes. La gente de los Balcanes no vive en el mismo tiempo que el resto de los países europeos.

Al darse cuenta de la mirada asesina de Jaritos, aquel funcionario holandés pide disculpas por el mal chiste. Y Márkaris, en la voz del comisario, reflexiona: “Lo bueno de los europeos es que se llevan las disculpas en el bolsillo, se trate de una grosería o de una carnicería”. Las presiones que la troika (la tríada formada por la Comunidad Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo) ejerce sobre Grecia en la forma de espectaculares recortes, amenazas y discursos condescendientes, asoman la cabeza a lo largo de todo el libro. Por ejemplo:

“–¿No puede llevarme un coche patrulla? –pregunto al que está al mando.
–Si nos lo destrozan, no podremos reemplazarlo por culpa de los recortes –es su respuesta.”

Y Jaritos debe irse a pie sorteando, en el camino, una protesta masiva de jubilados.

-Cuando supo que escribiría policiales, ¿lo incomodó saber que tendría que explicar qué había hecho el protagonista durante la dictadura? ¿Cómo fue el proceso de “humanizar” a Jaritos?
-En países como Grecia, que vivieron la ocupación alemana, después una guerra civil y una dictadura militar, es muy difícil no sentir el menor grado de simpatía por la policía si eres de izquierda, como lo he sido yo. Así que cuando supe que Jaritos iba a ser un policía, estuve en problemas. ¿Cómo crear un policía que cayera bien? Lo pensé durante mucho tiempo, hasta que tuve la idea de sacarle el uniforme. Lo que descubrí debajo fue a un pequeño burgués como mi padre. Jaritos es un hombre de familia, conservador y más bien tirado hacia la derecha. Pero la política lo ha decepcionado. Y su esposa es casi idéntica a mi madre. Si te gusta Adrianí te hubiera gustado mi mamá.

-¿Puede adelantar la trama de la segunda parte de la trilogía?
-Trata sobre la evasión de impuestos y apareció en Grecia en octubre. Acabo de empezar la tercera.


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