Lunes, 04 de junio de 2012
Publicado por negraycriminal @ 13:47
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En la edicion de Euzkadi de El Pais.

 

Tiempo de novela negra

José Javier Abasolo, Francisco Letamendia, Félix G. Modroño encuadran sus obras en el género

El escritor Jon Arretxe defiende que “siempre ha estado de moda”

Eva Larrauri Bilbao 2 JUN 2012 - 02:28 CET

 La novela negra gana peso entre los escritores vascos y la Feriadel Libro de Bilbao lo refleja. Desde hace seis años dedica una de sus jornadas a las obras escritas dentro de los límites del género. José Javier Abasolo, un veterano en los territorios de la novela policiaca, el recién llegado con La mujer en la cueva (Txertoa) Francisco Letamendia, y Félix G. Modroño, con su recreación del Bilbao de principios del siglo XX en La ciudad de los ojos grises (Algaida), fueron ayer los invitados a mostrar las obras publicadas en los últimos meses.

La aproximación al género negro de los autores vascos resulta dispar. Abasolo ha recuperado en La luz muerta (Erein) a Goiko — el ex ertzaina reconvertido en detective que creó para Pájaros sin alas—, con el que teje una trama en la que se cruzan un forense y una chica muerta por consumir heroína.

La mujer en la cueva —la novela de “un primerizo de 68 años”, en palabras de su autor— está ambientada en 1983. Parte del secuestro de la esposa de un senador de la izquierda independentista por parte de un grupo desconocido. Modroño cuenta la investigación de un crimen en medio del vertiginoso cambio que sufre la ciudad.

“La novela negra siempre ha estado de moda. Si aumentan los escritores vascos que escriben dentro del género, mejor”, dice Jon Arretxe. Su obra 19 cámaras (Erein), publicada de forma simultánea en euskera y castellano, ha salido de imprenta justo para llegar a tiempo a la feria bilbaína.

‘19 cámaras’ está protagonizada

por un africano que reside en Bilbao

Las 19 cámaras de las que habla el título son las del despliegue de vigilancia en el barrio de San Francisco, en Bilbao, donde vive su protagonista, un joven de Burkina Faso que sobrevive en un piso con otros seis inmigrantes africanos haciéndose pasar por vidente.

Las anteriores novelas de Arretxe transcurrían en escenarios que el autor conocía gracias a sus viajes. París, Estambul, Múnich o Tánger han sido así escenarios de sus historias. La elección de un entorno más cercano fue una sugerencia de los lectores. Y en el País Vasco el escritor no encontró mejor lugar para situar una novela negra que el barrio de San Francisco, en Bilbao. “El ambiente de novela negra que me gusta no es rural”, explica. “Me encantan los barrios urbanos en los que se cruzan elementos de marginación y pobreza”.

Durante seis meses se instaló en un piso de la mitad de la calle San Francisco, desde donde veía la vida cotidiana del barrio. “Es como una pequeña África. No sé si me gustaría para vivir, pero un barrio así es una mina para un escritor de novela negra”, reconoce. “Me ha dado la oportunidad de hablar de delincuencia, abusos policiales, marginación, prostitutas abandonadas, gente mayor con problemas de alcoholismo, o viviendas deterioradas”. Pero San Francisco también tiene otra cara. “He descubierto que es un barrio muy vivo, que concentra a gente que yo admiro muchísimo. Las ONG están desprestigiadas hoy en día, pero yo he conocido personas que trabajan voluntariamente o con sueldos básicos por ayudar a los emigrantes y a quien no tiene nada”.

La vida en la marginación de San Francisco choca en la novela con el ambiente de la ópera, a través del contacto del protagonista con una mujer que canta en un coro. El inmigrante se convierte en un atípico detective que investiga un mundo que no es el suyo, lo que permite al autor introducir el humor en la critica social característica de la novela negra. El protagonista no muere y su autor proyecta darle una larga vida en sus próximas novelas, al estilo de los grandes del género.


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