Martes, 12 de junio de 2012
Publicado por negraycriminal @ 13:27
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Cuando a veces se habla del castellano que los autores utilizan, en esta librería defendemos y defenderemos siempre que "unificar" y "homogeneizar" el castellano es una auténtico crímen y un genocidio contra la riqueza de una lengua. Nosotros leyendo aprendemos, y leyendo novelas negrocriminales aprendemos más. Desde Buenos Aires Ariel Mazzeo, en su excelente blog La forma en que algunos mueren, nos habla de su lectura de la ultima y buena, buenísima, novela de Bernardo Fernández. aquel que gano ex aequo el premio Memorial Silverio Cañada en la Semana Negra de Gijón.

 

Los amigos cronistas policiales se acordarán mejor que yo, pero hace un par de años apareció en los medios argentinos el tema del tráfico de efedrina desde nuestro país hacia México. Se lo mencionaba como una de las patas posibles de aquella triple matanza de General Rodríguez. Después aparecieron otras explicaciones: adulteración de medicamentos, obras sociales con cuentas algo turbias. Asuntos más de entrecasa, digamos.
Me acordé de aquel suceso al comenzar Hielo negro, la novela del mexicano Bernardo Fernández, BEF, que ganó en 2011 el premio Grijalbo de novela. La historia arranca con una memorable escena en las que seis gorilas (no hombres grandes, no patovicas: seis personas disfrazadas de gorilas) llegan una noche a un laboratorio. Convierten al personal de seguridad en doce cadáveres, y se llevan dos toneladas de pseudoefedrina. Todo queda registrado en las cámaras de vigilancia: los gorilas además de armados, van en patines. Toda una performance de vanguardia.
Como las que le gustan a la excéntrica Lizzy Zubiaga. Millonaria y bella, se codea con lo más selecto del ambiente del arte contemporáneo en las galerías europeas, y es un “peso pesado” en ese mercado. Claro que esa es una cara de Lizzy. La otra es la que explica de dónde saca sus millones: Lizzy heredó de su padre el poderoso cártel de Constanza. Lo conduce con mano cruel, pero con cerebro frío. Hábil conocedora de su mercado, ha visto dónde está el futuro: adiós coca colombiana, bienvenidas las metanfetaminas. Las drogas de diseño. La más perfecta de ellas será el “hielo negro”.
La agente de policía Andrea Mijangos es una mujer robusta —gorda pero durita¸es decir, sexy— y de temer. Metalera por gustos musicales y por actitud, no tiene su autoestima muy alta. Sólo se siente deseada por el Chaparro Armengol, un corrupto policía judicial, casado, que es su amante. Andrea y su parejita de patrulla, el Járcor, intervienen brevemente en aquella masacre del comienzo, aunque enseguida son desplazados por los federales.
Los caminos de las dos mujeres comienzan a acercarse cuando Andrea decide vengar el asesinato de Armengol, que descubre obra del cártel de Constanza. El explosivo cruce se produce en el final, con una fiesta electrónica y el caribe mexicano como escenario.

Hielo negro no es una “narconovela” a la manera de mi admirada El poder del perro. Hielo negro es una historia relacionada con las drogas, se mete con el tema, pero lo que aquella tiene de dramática y difícil, esta lo tiene de veloz, de entretenida, de divertida. Esto que para algunos críticos parece ser una contra, un simple lector lo agradece pues es lo que busca. Utilizando un lenguaje callejero algo áspero —pero al final comprensible— para los no mexicanos, Hielo negro vende puro entretenimiento, en todo. Desde el arte de tapa, la estructura en breves capítulos y sus personajes extraños. Y cumple con lo que promete: entretiene.
Bernardo Fernández, BEF, es un artista que viene del palo de géneros populares como la ciencia ficción y el cómic. En alguna entrevista ha deslizado la posibilidad de una serie con Andrea y Lizzy —presentes en la anterior Tiempo de alacranes—. Los interesados lo indagaremos sobre esto en algún pasillo del BAN!, el Festival Buenos Aires Negra, que BEF visitará en los próximos días.
(También será una buena oportunidad de tirarle un ejemplar de Chamamé, a ver cómo se las arregla con el argot tumbero local, pinche güey&hellipGui?o

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