Lunes, 15 de octubre de 2012
Publicado por negraycriminal @ 15:30
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Sin Guido, pero con Caterina 

Por Maruja Torres 

Recapacitaba sobre las posibilidades de escape de la realidad que me ofrecía la jornada cuando el mensajero la depositó en mi recibidor. La escapatoria, quiero decir. ¡Un nuevo libro de Donna Leon! Me arrojé con avidez sobre el paquete, lo rasgué y la portada no me defraudó: un clavicémbalo- soy muy torpe para los instrumentos musicales-, algo de raso arrugado, una cruz labrada que podía ser la inquietante empuñadura de una daga, parte de una partitura musical, una lista de nombres manchada de sangre…Suprema emoción.

Dos días más tarde, mi colega y especialista en literatura negra, Rosa Mora, y esta que viste y calza nos presentamos (con cita previa) en la librería amiga Negra y Criminal, en donde Donna Leon firmaba libros de, ay, no he escrito aún el título: Las joyas del paraíso. El aire salino de la Barceloneta, así como un tentador aroma a calamares a la romana, penetraba en la librería, cuyo espíritu acogedor sus frecuentadores conocemos y agradecemos. Donna llegó un poco tarde (pero nos había advertido), y en cuanto pisó la calle de la Sal (que es la antesala natural, urbana, de Negra y Criminal: resulta difícil no encontrarse con un conocido fuera, como mínimo) me transmitió esa energía natural, su optimismo mezclado con espíritu batallador, que busco en ella cada vez que la leo. En estos tiempos, todos necesitamos inyecciones de vitaminas para aguantar por dentro. 

Por entonces yo llevaba buena parte del libro engullido y más tarde, cuando compartimos informales manteles en un restaurante contiguo –Segons Mercat: su nombre según el mercado-, Rosa, que lo había leído entero, le hizo unas cuantas preguntas relacionadas con esta su primera colaboración profesional con la mezzosoprano italiana Cecilia Bartoli, asunto al que esta revista dedicó un sentido reportaje hace tres semanas (Leon y Bartoli: letra y música). El libro ofrece junto con su lectura, la posibilidad de entrar en la página www.bartoli-leon.es, y facilita una contraseña con la que se puede descargar el contenido exclusivo del nuevo álbum de Cecilia, Mission, lo cual resulta de lo más oportuno dado que la trama, de intriga histórico-musical, nos remonta a parte del siglo XVI y a la figura del compositor barroco Agostino Steffani.

¡Pero es un libro sin el comisario Brunetti! Aparte de que, quizá para compensarlo, uno puede descargarse del sitio, gratuitamente, El sabor de Venecia (A la mesa con Brunetti), los lectores se ven sobradamente compensados de su ausencia por dos hechos incontrovertibles. Uno, que Las joyas del paraíso, con su Venecia actual omnipresente, que podemos casi oler, y con la música barroca como centro, es una novela  Donna Leon al cien por cien. Dos, que su nuevo personaje, la investigadora musical Caterina Pellegrinni, es un hallazgo que puede dar mucho juego en experiencias futuras, siempre que alterne sus relatos con los que tiene a Brunetti en el horizonte (y se perfila uno nuevo para el próximo año). 

La Pellegrini es una mujer en la mitad de su treintena, soltera y sin trabajo fijo, una mujer que habla varias lenguas y posee vastos conocimientos, y que  sin embargo se pasa la vida rellenando cuestionarios, pidiendo becas y solicitando empleos en diversos países del mundo. Es decir, es una mujer joven de nuestro tiempo, de esa generación sobradamente preparada que tiene que buscarse salidas profesionales en el exterior. Ella es italiana, veneciana, pero en España nos podemos identificar perfectamente con su prototipo. Y produce cierto placer verla moverse entre papeles antiguos, buscando la solución a un enigma que tiene como centro a un hombre de hace casi cuatro siglos, un compositor que fue obispo, intrigante, diplomático al servicio del Vaticano y, posiblemente, antes que todo eso, uno de los castrati que perdieron sus atributos para mantener una voz digna de cantar alabanzas de Dios.

No se la pierdan.

Foto: Ana Portnoy


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