Lunes, 15 de mayo de 2006
Publicado por negraycriminal @ 7:00
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Permitanme , ya que estamos en las aulas de una de las universidades con mas solera literaria del mundo occidental iniciar la charla sobre el personaje m?s citado de la literatura universal, con dos citas de dos grandes escritores poco sospechosos de ser considerados "gente simple que lee simple literatura de g?nero", es decir, ?novelitas de polic?as y ladrones?

Lo so?? un irland?s que no lo quiso nunca
Y que trat?, nos dicen, de matarlo. Fue en vano.
El hombre solitario prosigue, lupa en mano,
Su rara suerte discontinua de cosa trunca


Es el particular homenaje que Jorge Luis Borges le tributa.
Y uno de los poetas preferidos de nuestro a?orado Manuel V?zquez Montalb?n, T. S. Eliot proclamaba a todo el que le quisiera o?r y fuera capaz de entender, cr?ticos literarios incluidos, que la principal caracter?stica de Sherlock Holmes reside en que ?cuando hablamos de ?l invariablemente tenemos la impresi?n de que existe?.

?Siempre nos quedar? Sherlock Holmes?



Bajo la bruma de un peque?o aeropuerto civil, el cine nos regal? una de las muestras m?s hermosas de la persistencia de la memoria y la reivindicaci?n de los lugares comunes. Tomen ustedes una gabardina y un sombrero de ala ancha, una pamela, un sombrero panam? de fondo y un p?caro quepis franc?s, m?zclenlos con una pizca de agua de Vichy y unas notas de ?La Marsellesa?, en su coctelera sentimental, agitada con unas gotas de m?sica de Max Steiner y habr?n obtenido "Casablanca".
-?Siempre nos quedar? Par?s" dice Rick Blaine a Ilse Laszlo. "No lo ten?amos, lo hab?amos perdido, hasta que llegaste a Casablanca. Anoche volvimos a recuperarlo... ?, y es que por muchos caf?s americanos que podamos visitar en nuestra vida, por muchas despedidas vac?as bajo la lluvia en una estaci?n de ferrocarril, siempre hemos de volver a los or?genes, a los lugares felices de anta?o, porque ellos nunca nos fallar?n.

No hablaremos hoy de "Casablanca", pero s? de lugares comunes, de referentes, de fieles referentes y de momentos felices a los que estamos invitados, m?s que eso, obligados a regresar, como a ese restaurante de confianza en el que por mucho tiempo de ausencia que padezcamos, no ha de faltar un humeante plato de sopa en la mesa o a esa fiel librer?a, donde los anaqueles nos aguardan como un segundo hogar.
Vincent Starrett, uno de los m?s eminentes estudiosos de Sherlock Holmes escribi? una vez, all? por 1942, a prop?sito del gran detective victoriano y su inseparable bi?grafo, el doctor John H. Watson: ?A?n viven en el coraz?n de todos los que los aman; en una c?mara rom?ntica del coraz?n, en una tierra nost?lgica de la mente, donde siempre es 1895?.

Si para Rick e Ilse, su c?mara rom?ntica e inamovible, su tierra nost?lgica est? asociada con el viejo Par?s en guerra, los lectores de novelas de misterio, siempre tendremos el Londres victoriano de Sherlock Holmes y el doctor Watson en nuestra mente. De all? partimos todos una vez, antes de hacernos adultos, antes de cambiar la gorra de cuadros por el borsalino y el tabaco fuerte de pipa por el rubio americano; la admiraci?n por las recatadas damas de alambicados vestidos en la sombra, por las f?minas de generosos escotes, que nos recibieron con un abrazo de carm?n y una recortada en la espalda... Sin embargo, como el hijo pr?digo, siempre podemos abandonar moment?neamente nuestra butaca en el night club, mientras suena por en?sima vez la tonada del tr?o de jazz, junto al martini y dar un descanso a esa cigarrera, que nos promete con sus sensuales gui?os, algo m?s que la luna y volver a una noche de niebla de... 1895.

Olviden por un momento, todo lo aprendido de este retorcido y ajetreado mundo que nos ha tocado vivir y d?jense conducir a un tiempo m?s sencillo y pausado. Un tiempo, en el que pod?amos pararnos a meditar largo y tendido sobre los grandes interrogantes de la vida y suban de nuevo el camino de su ni?ez. Asciendan uno a uno por los 17 escalones, que nos conducen al gabinete de un detective consultor abandonado a la improvisada y melanc?lica melod?a de un viol?n. A su lado, un caballero de aspecto marcial garabatea, arrebujado en su bat?n unas letras en un cuaderno de hojas color marfil. El vibrante fuego del hogar crepita adormeci?ndonos y en ese instante, alguien irrumpe precipitadamente en la sala y musita unas palabras antes de desmayarse sobre un canap?. ??R?pido Watson co?ac! Este caballero ha partido esta ma?ana de Rochester y lleva dos d?as sin dormir. Se trata de un maestro anticuario, experto en cer?mica japonesa y ha visitado recientemente las costas de ?frica. Es de costumbres descuidadas y carece del cari?o de los suyos. No, Watson, nada de preguntas por el momento. Asista al se?or?.

Un nuevo caso y una vez m?s, el viejo juego comienza de nuevo ?Se?ora Hudson p?danos un coche! ?No olvide su fiel revolver del ej?rcito, mi querido Watson!?
Es posible que se hayan sentido transportados a esa noche de 1895 con estas simples frases. No es necesario nada m?s para conjurar aquella atm?sfera de anta?o. Sherlock Holmes siempre nos espera y es capaz de sorprendernos, con la misma intensidad, que la primera vez que asistimos a una escena similar a la que acabamos de describir. Las habitaciones del 221b de Baker Street son el lugar com?n del que muchos de nosotros partimos en este itinerario sin fin, que es la novela negra y de misterio, la novela negrocriminal . Los relatos de Sir Arthur Conan Doyle mantienen su vigencia, m?s all? de ese 1895, al que siempre podemos regresar, sin necesidad de invitaci?n. La novela polic?aca, tras la obra de Doyle se fue tornando cada vez m?s compleja, explorando aspectos in?ditos en la ?poca del escritor escoc?s: la psique del delincuente, que muchas veces es mucho m?s rica en matices, que la gris figura del agente de la autoridad; las motivaciones para cometer un delito, difumin?ndose la f?rrea estampa de la espada de la ley.

Hay m?s de un motivo para cometer un asesinato o un robo y su ejecutor no tiene, ni que haber nacido en la h?meda marginaci?n de un barrio humilde, ni ser socio del club de millonarios de Long Island. Delincuente y polic?a son dos caras de la misma moneda y la fealdad de Mr. Hyde, ya no es se?al de maldad. Hemos aprendido a temer la sonrisa beat?fica de los Jekyll de este mundo y la simplicidad pr?stina del bien y el mal, que hallamos en Conan Doyle hace mucho tiempo que desapareci?..., si es que alguna vez lleg? a existir. Hemos aprendido a cuidarnos de los supuestos amigos, y hasta podemos sentir un cierto aprecio por la negra y absoluta figura del profesor James Moriarty. En el Napole?n del Crimen, ideado por Conan Doyle, no hay trampa ni cart?n, no hay dobles fondos, ni dobles m?scaras. Lo que se ve es lo que hay. La mercanc?a es genuina. Hoy, sabemos que no es tan sencillo y el mal se embosca en la sonrisa afable de nuestros te?ricos aliados.

Sin embargo, Holmes acaba imponiendo su est?tica y estilo y muchos hallazgos que la novela de misterio ha querido ense?arnos tras ?l, ya est?n presentes desde las primeras p?ginas de "Estudio en Escarlata", la primera novela en la que el investigador privado es presentado en sociedad, all? por 1887 en el Beeton Christmas Anual: una personalidad atrayente, un cuadro de ilustres secundarios, una iconograf?a visual, que evoca el tiempo en que se ambientan las historias, aunque alguien no haya le?do jam?s una l?nea de las mismas.

Mucho antes de los superh?roes de las novelas pulp y el comic, encontramos el primer traje de h?roe de la literatura de misterio: una gorra de cuadros y una capa de viaje. A veces incluso, el minimalismo puede llegar a ser m?s extremo. Basta tan solo con referirse a "un hombre alto y delgado". No; cierto que m?s tarde Dashiell Hammett tendr? a su propio "Hombre delgado", Nick Charles, pero no nos estamos refiriendo a ?l.
Si bien es cierto que antes de Sherlock Holmes, Edgar Allan Poe crea el embri?n del futuro inquilino de Baker Street, en su serie de tres relatos protagonizados por Auguste Dupin ambientados en Francia, ?Los Asesinatos de la Rue Morgue?, ?La Carta Robada? y ?El Misterio de Mar?a Roget?, es con Sherlock Holmes cuando ese embri?n es dotado de algo, sin lo que hoy no concebir?amos la novela policial contempor?nea: "verosimilitud". Dupin es tan exc?ntrico como Holmes, cuenta con un aplicado y fiel bi?grafo y el gobierno y la polic?a recurren a ?l, cuando se hallan en apuros, pero Dupin es un clich? que opera en un Par?s de gu?a de viajes. Un Par?s, que comienza y termina en los mapas. A ?l, su Par?s no se le presentara m?s que en los vapores de su fecunda imaginaci?n, y como muchos otros autores decimon?nicos de la talla de Julio Verne o Karl May, s?lo viaja m?s all? de su puerta en sue?os. Sin embargo, Sherlock Holmes vive y trabaja en Londres, conoce sus calles, su ambiente, se mezcla con la gente, se esfuma entre ella, desaparece. Puede recorrer en un coche cerrado la ciudad y saber donde se encuentra, s?lo por el sonido del ambiente. Es posible que no lo crean, epro les invitamos a que consulten, mejor, lean "El Signo del Cuatro".

En la revista "Strand", se publicaron los relatos cortos de Conan Doyle durante casi cuarenta a?os, que fueron los que le dieron fama y dinero, como no hab?an hecho las dos novelas previas del personaje, "Estudio en Escarlata? y ?El Signo del Cuatro?. Holmes se crece en la distancia corta del relato breve. El lector,el afortunado lector, pod?a tomar la narraci?n y, al igual que a?os despu?s con el Dublin de James Joyce o el Nueva Orleans de "La Conjura de los Necios", recorrer hasta el ?ltimo tramo de la ruta de Sherlock Holmes y Watson.
Era identificable y casi tangible. Tanto, que Conan Doyle recibi? durante su vida cientos de cartas de lectores que le ped?an consejo para sus peque?os problemas dom?sticos o no tan peque?os, pues al final, el escritor emulando a su criatura de aire, acab? enzarz?ndose en dos complejos procesos judiciales para defender a dos extranjeros, George Edalji y Oscar Slater, acusados injustamente por la elitista sociedad brit?nica de entreguerras. Conan Doyle aport? pruebas concluyentes de su inocencia y logr? que fueran liberados. El primero, se lo agradeci? eternamente, el segundo no tanto, aunque eso es materia para otra historia.
No s?lo ello, sino que hasta ancianas damas de cabellos de plata se ofrec?an como ama de llaves para Sherlock Holmes y como no conoc?an la direcci?n del personaje una vez retirado del bullicioso Londres, en 1905, escrib?an a Conan Doyle, a quien en una arriesgada pirueta de ficci?n, tomaban por su simple agente literario, encargado de publicar los escritos del doctor Watson.
Mientras tanto, el escritor, que demostr? en su vida ser tan activo y perspicaz como su v?stago, ten?a que soportar en sus recias carnes, que le asimilasen a una suerte de regordete y bonach?n doctor Watson. Uno de los primeros casos de fagocitaci?n entre criatura y creador.

Hay incontables an?cdotas sobre la verosimilitud de Sherlock Holmes, m?s all? de la literatura. En la Primera Guerra Mundial, un m?dico ingl?s capturado por los alemanes fue conducido a presencia del coronel alem?n de turno, que le pidi? excusas por las molestias sufridas y orden? que le dejaran inmediatamente en libertad, presentando sus respetos al se?or Sherlock Holmes y deseando, que en pocos d?as pudiera disfrutar de nuevo de sus habitaciones en Baker Street. Olvidaba decir, que el nombre del doctor era John Watson, un aut?ntico John Watson, pero que gracias a la coincidencia de su profesi?n y nombre, pudo regresar sano y salvo a las l?neas brit?nicas.
M?s conocida es aquella otra historia, que se produjo durante una gira de Conan Doyle en el frente aliado, de nuevo en la Primera Guerra Mundial, cuando un famoso general franc?s le pregunt? qu? rango detentaba el se?or Sherlock Holmes en la contienda b?lica. El escritor, siempre todo un caballero, se zaf? de la cuesti?n indicando que el gran detective era ya demasiado mayor, como para prestar un servicio activo a la causa.
Agatha Christie no se resisti? tampoco a la larga sombra del investigador victoriano. Cuando el capit?n Hastings pregunta al novel Poirot qu? tipo de detective desea ser: ??Scotland Yand o Sherlock Holmes??, Poirot responde sin dudar: ?Sherlock Holmes?.
Las novelas polic?acas est?n trufadas de citas del tipo: ?Est?s hecho un Sherlock Holmes? o ?Eres un Sherlock Holmes redivivo?. Los herederos de Holmes fueron primero detectives arist?cratas, que investigaban por deporte, como Arsene Lupin en sus ?ltimos a?os, tras abandonar su levita de ladr?n, Lord Peter Wimsey, Albert Campion o el popular Nick Charles, inmortalizado en la gran pantalla por Michael Powell, junto a Mirna Loy, seg?n los personajes creados por Dashiell Hammett. Personajes fr?volos y superficiales, pero que en el momento culminante recurr?an al m?todo deductivo holmesiano para descubrir al culpable y segu?an sorprendiendo al lector con su hermetismo, tambi?n netamente holmesiano, previo al momento final en el que se resolv?a el principio de: "whodunit".

El rudo detective americano, no escapa tampoco a los largos y afilados dedos del investigador ingl?s y es deudor sus m?todos holmesianos e incluso de sus vicios. Si Holmes recurre a los narc?ticos para relajarse y combatir sus fantasmas personales, Sam Spade, Philip Marlowe o Lew Archer investigan el sentido de la vida en las profundidades insondables de una botella de bourbon y si la m?sica del Stradivarius de Holmes, constituye uno de los escasos momentos en los que el investigador brit?nico era feliz, el detective americano, al escuchar la voz de terciopelo de aquella cantante de cabaret, que oculta una autom?tica del 22 en la media, exorciza moment?neamente sus peores espectros.

La m?sica, tal vez no ha sido estudiada como merece en su importancia en la novela policial. Violines o susurros de una lengua melosa, pueden causar efectos similares, a pesar de las distintas ?pocas. Una vez m?s Sherlock Holmes acaba siendo ese referente, ese punto fijo en una era de cambios, la luz del faro que nos acompa?a en nuestras noches de insomnio, el hermano mayor al que todos abandonamos un d?a, pero que nos aguarda siempre despierto, esperando nuestras consultas sin decir que no. Como ese fiel hermano, Sherlock Holmes siempre estar? con nosotros, siempre podremos contar con ?l, sonri?ndonos enigm?ticamente, desde las p?ginas del recuerdo

Jaume Gabald?/Paco Camarasa

Comentarios
Publicado por NoeIzumi
Lunes, 19 de junio de 2006 | 15:59
Un gran aplauso, un articulo genial! Me ha encantado, soy una acerrima fan del personaje, y tus palabras no pueden hacerle mas justicia Sonrisa
Publicado por amy
Lunes, 19 de junio de 2006 | 21:30
excelente articulo! pero... me permitirias hacer una correccion? quizas me equivoque... pero no es a poirot a quien le hacen la pregunta, sino a hastings. (en el misterioso caso de styles, creo recordar)
Publicado por Invitado
Domingo, 04 de marzo de 2007 | 5:32
esto es una puta mierdaLlorica