Martes, 12 de febrero de 2008
Publicado por negraycriminal @ 17:48
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P.D.JAMES



Seguro que quien acu?? por primera vez el t?rmino ?dama del crimen? estaba pensando en la escritora brit?nica P.D. James. Al menos es su nombre y su rostro lo que se representa primero en la mente de muchos al o?r semejante definici?n. Nadie como ella encarna los valores de elegancia y sutileza tanto en su obra como en la vida real.

Sin necesidad de una obra dilatad?sima o de kilom?tricas sagas, con no demasiados t?tulos en realidad, esta autora ha creado un universo propio que recoge la mejor tradici?n de la novela brit?nica. Cl?sica en sus planteamientos, los valores estil?sticos que se encuentran en sus libros son innegables. Yo destacar?a unos cuantos, los que a m? m?s me llaman la atenci?n como lectora. En primer lugar, la minuciosidad de su prosa, que convierte cada detalle, cada descripci?n, en un cuadro vivo donde la acci?n se enmarca y cobra verosimilitud. Tambi?n me gusta el ritmo pausado y exacto del relato, que otorga a cada cosa su tiempo, sin saltos en el vac?o ni efectismos. Es notable su elegancia en el tratamiento de los temas criminales, que no la hacen caer jam?s en ninguna suerte de morbosidad gratuita por muy terrible que sea lo narrado, que en muchas ocasiones, lo es. Y por supuesto el humor, ese humor sutil?simo que se expresa a veces en una sola frase, en una peque?a inflexi?n.


Si hablamos de sus personajes hay que se?alar que hasta los claramente secundarios cuentan con un cre?ble retrato, y en conjunto, forman un fresco certero de lo que es la sociedad inglesa. Pero centr?monos en los protagonistas principales para citar a Adam Dalgleish, ese polic?a viudo, poeta, exquisito y bien educado, que en su sofisticaci?n es el polo opuesto a cualquiera de los destartalados detectives hard boiled de la novela americana. Y a Cordelia Gray, la intr?pida detective privada llena de responsabilidades que consigue llevar a t?rmino sus peligrosas misiones sin alterar su car?cter decidido e independiente.


En fin, La literatura de James rebosa sabidur?a e inter?s, pero sobre todo y por encima de todo?elegancia. Quiz? esa misma elegancia es la que le impide ir a fondo en sus memorias sobre temas tremendamente dolorosos, como la enfermedad mental de su esposo, y nos deja con la sensaci?n de que hubi?ramos querido saber m?s sobre sus vivencias personales. Pero no, la se?ora James, como buena inglesa, es pudorosa y un punto distante. Aunque les ruego que no interpreten lo que digo en un tono cr?tico negativo. Puedo atestiguar que la dama no es distante porque la conoc?. Estuvo en Barcelona en el a?o 2001 y yo era su ?presentadora oficial? . Fueron solo dos d?as, pero muy intensos: hablamos de sus memorias en un acto el Instituto brit?nico, fuimos a la Universidad, comimos, cenamos y volvimos a comer, nos entrevistaron en TV 3? Lo cierto era que la dama estaba siempre encantadora y siempre entera; a pesar de su edad no parec?a cansarse nunca. Era pr?cticamente perfecta en su moderaci?n. Lo cual, llegado un punto, lleg? a resultarme excesivo. Los que me han tratado saben bien que una de mis caracter?sticas esenciales es lo mucho que me gusta hacer el ganso. Bromeo, juego con el sentido del humor y adoro cargarme la solemnidad de las situaciones diciendo mil y una chorradas. Pues bien, ah? estaba el punto flaco de P.D. James. La primera vez que me atrev? a romper el hielo con alguna bobada que no recuerdo, comprob? que la dama bajaba levemente la cabeza, entornaba los ojos y se pon?a a emitir un cloqueo apagado y constante con tonos de vocales inglesas que no era otra cosa m?s que su pudorosa risa. Y bueno, a partir de ese momento nuestra mini gira se anim?. Yo le dec?a que quer?a que el Rey me diera un t?tulo nobiliario como hab?a hecho la reina Isabel con ella, le aseguraba que la llamar?a Phyllis Dorothy (P.D) cuando entr?ramos en directo en televisi?n y fui justamente all? en el plat? cuando, tras un cloqueo especialmente largo e intenso, me dijo: ??Basta, Alicia. Si se me estropea el maquillaje que me han puesto por culpa de la risa, te dar? un pu?etazo en la nariz!?. Me encant?. Por una vez se hab?a permitido una inconveniencia que no era sino un signo de amistad.


Phyllis Dorothy James se halla hoy convaleciente de una operaci?n. Estoy convencida de que, de no ser as?, se encontrar?a entre nosotros recogiendo su premio Carvalho y disfrutando de esta ocasi?n. Ojal? que llegue hasta ella el calor de nuestro homenaje a su elegancia como escritora y como mujer.

Alicia Gim?nez Bartlett

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