Jueves, 08 de mayo de 2008
Publicado por negraycriminal @ 17:20
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8/5/2008  CRÓNICA DESDE MÉXICO // TONI CANO

 

El desenfado mexicano y esos celos del charro

 



El disco de moda.

 

 

Mónica apura el paso por la acera sombreada, pero todo le invita a olvidar que tiene turno en la peluquería. Le tientan los aromas y los nombres de los antojitos: gorditas, chalupas, chilaquiles, tlayudas, quesadillas, sopes, molotes, garnachas, huaraches, enchiladas.

Igual que los grupos de gente trajeada que comen en la calle, le sorprenden los árboles gigantescos, los limpiabotas, los vendedores de cestos, plantas, chiles, corbatas, muñequitos, aguacates, frutos secos, o piscinas de plástico.

Todo le asombra, porque acaba de llegar a México. Mónica piensa que, de llevarlo, se quitaría el sombrero ante todos los que andan de un lado al otro con carretillas cargadas de todo tipo de objetos y combaten el bochorno silbando canciones bonitas.

La calle Horacio le muestra a cada paso barrenderos con escobas de paja, jardineros que recortan los setos con formas artísticas, afiladores de cuchillos, reparadores de todo, mimbreros que trenzan asientos de sillas despanzurradas, cuidadores y lavadores de coches, policías y guardias de seguridad armados con metralletas y fusiles.

Los puestos de fritangas con salsas picantes se alternan con los que venden zumos y frutas troceadas -- --mango, papaya, sandía, piña, maracuyá, lichi...-- y los que ofrecen una gran variedad de dulces y frutas confitadas. Los pequeños y humildes autobuses paran en las esquinas en medio de sonidos metálicos y al ritmo de la ranchera o la cumbia que pone el conductor. A Mónica le parecen divertidísimos.

En la peluquería, abierta al trajín incesante de la calle, la recibe el peluquero estrella, José, alto, de piel café, acompañado de otro José, bajito, rechoncho y con mechitas. Ambos, gais y melancólicos. Las empleadas se mueven entre los sillones rojos y el sofá blanco y atienden a elegantes clientas de tez canela, cejas a lo Frida, trajes de firma y tacones altos.

Mientras Mónica espera que le haga efecto el tratamiento hidratante, empieza la función. José, el alto, conecta su portátil y abre la canción Estos celos, que interpreta Vicente Fernández, rey de las rancheras:
(http://www.youtube.com/watch?v=A63E9iVz680&feature=related).

Ay, ay amor... Se arma un verdadero revuelo. Todas, peluqueras, ayudantas, manicuras y distinguidas clientas del barrio residencial de Polanco, todas la cantan al unísono, riendo y divertidísimas: Estos celos me hacen daño, me enloquecen. Mónica se deja llevar, se le eriza la piel.

Cuando el gran charro acaba la canción --Contigo tenía todo y lo perdí--, pasan al cotorreo y se burlan de los desengaños, mientras José aún canta a toda voz con revoloteo de tijeras y cepillos. El otro José, el bajito y rechoncho con mechitas, pulsa enseguida la versión cómica de la pieza  y suben los coros y las risas en la peluquería.

Mónica, que se aprenderá después varias canciones de un disco con medio millón de copias vendidas y millones de descargas en móviles, acaba impregnada del ambiente de la pelu y cae rendida ante el desenfado, la espontaneidad, la libertad de estos mexicanos.

 

 


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