S?bado, 05 de julio de 2008
Publicado por negraycriminal @ 11:38
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SI NO ES UN CRIMEN MATAR UN POLLO ESTE ARTÍCULO NO DEBERÍA ESTAR EN ESTE BLOG NEGROCRIMINAL, PERO LEERLO EN ESTA SOLEADA Y SOLITARIA MAÑANA DE JULIO ME HA TRANSPORTADO ALLÁ. MÉXICO Y SUS MERCADOS SON UNA DEBILIDAD DE LA BLOGUERA. 
Y QUIERO SALUDAR A FLORA, MAIN, NURI, MANOLO Y ALEX Y SUS RESPECTIVAS MUJERES E HIJOS E HIJAS QUE QUIZÁS LEERAN ESTE ARTÍCULO. Y TÓMENSE UN TEQUILITA AÑEJO, PENSANDO EN MI.




EL PERIÓDICO  5/7/2008  CRÓNICA DESDE MÉXICO // TONI CANO

 

Color, aroma y sabor de los mercados callejeros

 

No solo la grandiosidad de la ciudad lacustre, sino también la de sus mercados deslumbró a los conquistadores que la divisaron desde el que sería Paso de Cortés, entre los dos volcanes. Cualquier mercado mexicano resulta todavía una gozada para el visitante, un cúmulo de colores y olores, voces y músicas, formas y gestos. Una fiesta de los sentidos que evoca aquellos tianguis prehispánicos, como el de Tlatelolco, al norte de la gran México-Tenochtitlan, que reunía a más de 20.000 comerciantes y 200.000 pobladores.

La ciudad se esparció por el valle de Anahuac y los tianguis se multiplicaron. Sólo durante las épocas del Porfiriato y la Revolución, hace un siglo, esos mercados callejeros perdieron importancia ante el florecimiento de los mercados públicos. Pero pronto estos se quedaron también lejos de los nuevos tentáculos de la ciudad y los tianguis renacieron para moverse hasta las colinas ocupadas por los colonos paracaidistas. Ahora, aparte de la infinidad de puestos que se clavan en calles, plazas, avenidas, ejes viales y autopistas, unos 400 tianguis recorren todos los barrios de la capital.

Los lunes son San Lunes para muchos chilangos: hay que descansar de los excesos del fin de semana. Pero, con la luz, se levanta a la vuelta de la esquina un ajetreo de hierros, maderos y toldos de plástico, de fogones de sopas y guisos, de puestos de frutas, verduras, pollo, huevos, carne de aves, cerdo y res, pescados y mariscos, hilos y ropas, dulces y flores. Hasta la tarde, los sonrientes comerciantes del mercadito del lunes, las cocineras que no paran de picar cebolla y cilantro, verán un desfile de amas de casa y compradores de siempre, de oficinistas y noctámbulos que reparan el cuerpo con un buen caldo de mariscos, rojo de chile, o unos tacos de máxima nota.

Los martes, otro tianguis, más grande y provisto, se instala a la vuelta de la otra esquina. La calle de Holbein se estrecha aún más con los camiones y camionetas de los vendedores, pero algún automovilista, en vez de hacer coraje, se une a la fila de tripones encorbatados que, taco y refresco en mano, rumían la desdicha casera y una semana compleja con pico de gallo --cebolla, chile serrano y tomate picados-- o salsa de chile verde. La barbacoa es excelente y los chicharrones, tentadores, como corteza o como platillo en taco. Los tomates se amontonan por colores y los puestos de charcutería son blancos, entre músicas piratas y todo bajo el color de los toldos.

Ese color identifica la añeja asociación a la que, con cuota de dos euros diarios, está adscrito cada comerciante. Los vendedores lidian con la policía y esgrimen permisos de su abuelos. Siempre hay una viejita en un taburete, sin toldo, con cuatro nopales o cuatro limones de su terruño y unas tortillas de maíz violeta de sus manos centenarias. El mercado de los miércoles queda más lejos, al otro lado de Insurgentes, pero los jueves, un enorme tianguis llena el hueco que queda entre la Plaza de Toros México y el estadio del Cruz Azul, con grandes comedores bajo carpa y todo tipo de productos, enseres, ropas, películas. A tiro de piedra, los tianguis no dejan excusa para pedirle la sal a la vecina.

 

 

 


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