Domingo, 08 de febrero de 2009
Publicado por negraycriminal @ 10:53
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Gran fin de fiesta en negro

La semana de literatura criminal cierra con una celebración multitudinaria

ROSA MORA - Barcelona El País - 08/02/2009




 

Es ya una tradición de la semana negra barcelonesa. Acaba con una gran fiesta a mediodía del sábado, ayer, en la librería Negra y Criminal de la Barceloneta. El jolgorio empezó a las doce y a las 12.30 el minúsculo espacio de la librería especializada en género negro de Barcelona estaba tan abarrotado que la fiesta se expandió a la tranquila calle de la Sal. Asistieron más de 300 personas.

 
Sue Grafton firmó en menos de una hora más de 70 ejemplares

La primera sorpresa fue la resolución del enigma mantenido casi hasta el último minuto de la exposición La primera hostia, invento de la librera Montse Clavé. Todos suponían que esa "primera hostia" se refería al primer golpe, la primera puñalada, de los libros de los escritores negros. Pues no. La cosa va de primeras comuniones. Fotografías de la "primera hostia que recibió" Andreu Marín, Francisco González Ledesma, Lorenzo Silva, Jordi Sierra, Carles Quílez, Marc Pastor... hasta 27. La exposición, muy divertida, estará abierta durante febrero. Con concurso incluido: quienes adivinen el nombre de seis de "los angelitos hostiados" recibirán, a elegir, uno de los libros de los autores.

 

Fue tanta la aglomeración ayer en la Negra y Criminal que se instaló en la calle una mesita para que los autores dedicasen libros a sus lectores. Y allí estuvieron, cumpliendo el ritual, Ledesma (todos sus libros), Jordi de Manuel con su reciente Mans lliures (Edicions 62) y Sue Grafton, que tomó el relevo con T de trampa (Tusquets y Edicions 62). La escritora estadounidense no tuvo casi tiempo de degustar los tradicionales mejillones de los sábados de la Negra y Criminal. Fue literalmente secuestrada por sus lectores, que le reclamaban una dedicatoria. Firmó más de 70 en menos de una hora. Lo mismo sucedió el viernes, en La Capella, donde habló sobre su obra. Acabada la intervención, la cola de admiradores desbordó la calle del Hospital. Pero ayer una de las estrellas fue Cristina Fernández Cubas, no demasiado negra, recién llegada de Cartagena de Indias (Colombia), donde asistió al Hay Festival, y emocionada por la concesión del Premio Ciudad de Barcelona a su libro de relatos. Fue tan felicitada y requerida, que acabó refugiándose en la minicocina de la librería, donde se cocían los célebre mejillones. Junto a ella el escritor bilbaíno Willy Uribe, que, ante el desbordamiento de los libreros, se puso a abrir botellas de vino, como uno más de la peña. Fue una fiesta realmente bonita.

 

La quinta edición de BCNegra muestra su consolidación y éxito. Michael Connelly, Grafton y el homenaje a Roberto Saviano y al tan presente Leonardo Sciascia han convocado el fervor de los lectores. Otros actos, como la novela negra en catalán o el debate sobre Madrid versus Barcelona, en el que los asistentes se quejaron de que había sido demasiado corto, demuestran la capacidad de convocatoria de la negra de Barcelona. La exposición sobre el semanario El Caso, en el vestíbulo de la Virreina, congregó a centenares de curiosos, extasiados ante las llamativas portadas sobre El Lute, la ejecución de Puig Antich o el proceso de Burgos.

 

BCNegra 2009 nos ha dejado cosas muy perdurables: la nueva colección Roja & Negra, de Mondadori, y los nuevos e imprescindibles títulos de la Serie Negra (bolsillo del bueno) de RBA: Drive, de James Sallis -todo un redescubrimiento-; La mujer de verde, de Arnaldur Indriadasson, y la inolvidable Nada, de Jean- Patrick Manchette, además de Sólo un muerto más (Tusquets), la primera novela negra, negrísima, de Ramiro Pinilla, y la nueva entrega de Andreu Martín sobre su mossa d'esquadra, Wendy, Wendy ataca (Bromera).

 

Y como siempre, la guinda, La lista negra. Nuevos culpables del policial español (Salto de Página), una antología de relatos de los nuevos negros españoles. Hay que leerla y tenerla en cuenta.

 








En la cocina negrocriminal, Rosa Mora, la autora del artículo, con Cristina Fernández Cubas y Willy Uribe ayudando al descorche de las 28 botellas de vino que se consumieron en dos horas.


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