Jueves, 03 de diciembre de 2009
Publicado por negraycriminal @ 13:37
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Enigmas para una dictadura

 

Que la realidad y el deseo se persiguen sin tregua es tan cierto como que la primera suele vencer al segundo en demasiadas ocasiones. Hace algunos meses el gran escritor, mi héroe y amigo Leonardo Padura Fuentes me descubrió una deliciosa y olvidada novela negra de Ignacio Cárdenas Acuña, Enigma para un domingo, que es todo un libro de claves para desentrañar el origen del giallo cubano y, de paso, cómo era la Cuba de los días anteriores a la Revolución. Ese peculiar artefacto literario no pasará, quizás, a la historia de la literatura pero es un magnífico testimonio histórico y un heraldo de lo que el género negro supone en la cultura contemporánea. Del mismo modo, las cinco películas policíacas españolas de los años 50 que presentamos en Courmayeur Noir son una caja negra del régimen que asoló España durante cuarenta años. En estas cintas se guarda una parte esencial de la memoria de un tiempo acosado por la oscuridad política. El cine negro –con resultados desiguales y con recursos narrativos tan útiles para la arqueología del fascismo como del lenguaje cinematográfico— contribuyó a preservar una memoria civil que hoy nos explica muchas cosas de nuestra actualidad. El cine negro de la España negra –y no es sólo un juego de palabras— aclara muy bien las vías de escape, los itinerarios de fuga (generalmente imaginarios) que ayudaron a los españoles a sobrevivir. Estos cinco títulos representan, además, a directores, actores, guionistas, periodistas y espectadores de un tiempo donde el contexto negro/policíaco era consustancial al sistema político y la gente normal se ocupaba de sobrevivir. Acaso la comedia (el humor como último recurso) sea el mayor beneficiario de este momento terrible de nuestra historia reciente: en el impagable trabajo de estos actores –aquí están casi todos los “segundones” históricos del cine español— se reflejan la resignación, la perplejidad, la mediocridad y las ilusiones de un país largamente castigado al blanco-y-negro en la vida cotidiana. El visionado, hoy, en plena libertad y con el aire puro de las montañas de Courmayeur, de estos testimonios sólo podía mejorarse con la alegría de tener presente a Leonardo Padura Fuentes con su merecido y flamante Premio Raymond Chandler. Esta vez la victoria es del deseo sobre la realidad. Enhorabuena.

  

Víctor Andresco

 

 


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