Viernes, 05 de febrero de 2010
Publicado por negraycriminal @ 11:26
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El Periódico. 5 de febrero 2010

EL PIANISTA DEL MAJESTIC

 

Artículo de Arturo San Agustín:

'Perros'

'Lleve a cagar al perro a la puerta de su casa', afirma un cartel en una portería del Eixample

  

Nunca he leído un cartel tan ciudadanamente cabreado, tan rigurosamente expeditivo como el que durante unos días se podía leer en la puerta de una finca de la calle de Bailèn. Qué claridad, qué contundencia, qué desesperación. Lleve el perro a cagar a la puerta de su casa. O sea, que el autor del cartel o bien pisó una feroz mierda de perro que le arruinó algún zapato bien lustrado o sabe que uno o varios vecinos permiten que sus perros se caguen o se meen en su puerta diariamente.

No todos los dueños de perro permiten que sus amigos nos pongan perdida, diariamente, la puerta de nuestra finca, pero ningún dueño incívico de perro consiente que este se cague o se mee en la puerta de su propia finca, de su casa. Y ese incivismo precavido fue el que sin duda puso de los nervios al ciudadano o ciudadana que vive en la calle de Bailèn y que, finalmente, explotó y escribió el expeditivo cartel que nos ocupa.

Estos días, Barcelona celebra la semana de la novela negra, BCNegra y hasta en Casa Fernández, restaurante que la noche del miércoles celebró sus 20 años, se hablaba de esa novela de Don Winslow en cuyo título aparece la palabra perro y que va de narcotraficantes mexicanos y esas cosas. El poder del perro. Uno de los que recomienda esta novela es el librero y comisario de BCNegra, el valenciano con bufanda Paco Camarasa, que sabe que en la vida real siempre ganan los malos. En la vida real siempre ganan los malos y si la novela negra tuviera tantos lectores verdaderos como dicen, estos visitarían más a menudo la librería de Camarasa, Negra y Criminal, que está donde tiene que estar una librería así: en la Barceloneta.

Otra novela con perros de verdad es El hombre que amaba los perros, de Leonardo Padura y que habla de León Trotsky, de su asesino, que era barcelonés y de su madre, una burguesa terrible que se apuntó al comunismo y a las pistolas por afán de venganza. En esta novela sale mucho Barcelona: Sant Gervasi, el Raval, La Pedrera llena de comunistas y dos perros, dos galgos rusos, dos borzois, que eran los perros de los zares y de León Trotski.






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